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jueves, 24 de diciembre de 2015

Dios en… negro[1]



J. Ignacio Mancilla*


Acaban de ser publicados, en español, parte de los famosos Cuadernos negros del que fuera quizás el filósofo más importante del siglo XX, Martin Heidegger.





Son una especie de diario filosófico en el que el Maestro de Alemania (Rüdiger Safranski) fue consignando sus reflexiones a la par de sus impresiones personales sobre el momento que le tocó vivir; en este caso abarcan de 1931 a 1938.


En ellos sostiene, insistentemente, una sola cuestión, la pregunta por el ser y, derivadas de ella, las interrogaciones fundamentales del ser-ahí (Dasein) que posibilitarán o no la manifestabilidad de la diferencia entre ser y ente; amén de otras cuestiones.


Los Cuadernos pueden leerse, por tanto, como el espacio de relación compleja y problemática entre filosofía y política; pero no solamente, sino, también, el lugar donde Heidegger consigna, de manera íntima la estrecha relación que existe entre metafísica y teología.





Este último hilo es el que tomaré en este Blog, para, en estos tiempos (estamos a punto de celebrar la natividad), intentar mostrar la gran caladura del pensamiento heideggeriano en lo que respecta a la temática de Dios, que no es cualquiera.


No sin dejar de señalar como la edición de los Cuadernos negros deja mal parados tanto a los detractores de Heidegger como a sus aduladores, pues en ese singular diario queda patente el temprano distanciamiento crítico del filósofo del ser con respecto al nacional socialismo; pero, al mismo tiempo, se evidencia su primer esfuerzo por “ajustar” su proyecto filosófico con el incipiente programa del peculiar movimiento nazi que, como todas y todos sabemos, terminó en una de las más hondas crisis de lo humano.   


La filosofía desde su comienzo inicial, allá con los griegos, es un ensamblaje complejo entre metafísica y teología; en Aristóteles esta coronación alcanza una de sus mejores expresiones. Ahí está la Metafísica como su más grande paradigma.


De ahí la reciedumbre de Nietzsche, el filósofo intempestivo por antonomasia, al criticar, precisamente, toda la metafísica habida hasta entonces. Su último texto, no publicado por él, El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo, es una muestra contundente de ello.


Sin embargo…  a pesar de que la expresión nietzscheana de “Dios ha muerto” ha alcanzado un rango de ciudadanía mundial, no por ello el tema de Dios ha sido zanjado. Estamos lejos de ello, no obstante el ateísmo moderno.


Y Heidegger vuelve a dicho problema, en el sentido amplio de la palabra, para meditar y hacernos reflexionar sobre tan singular ser, con el ánimo de que nos adentremos en una confrontación no poco angustiosa, como la única posibilidad de poder devenir el ser ahí que somos cada uno de nosotros.


Dicho con otras palabras, como un Polemos inevitable que definirá o no el horizonte de lo que devendremos: seres ahí (humanos) en el sentido pleno del término o meras sombras de ser en una época de dominio de la técnica y las maquinaciones, en la que la banalización cósica campea por todos lados. 


La decisión, como suele suceder con estas cosas, es nuestra; ¿estaremos a la altura de ese destino nuestro?


Son muchas las dudas que nos asaltan.


Pero, se preguntará el seguidor de este singular Blog, ¿cómo entiende a Dios el que fuera el filósofo más importante del siglo XX?


Para no traicionar su pensamiento, citemos uno de los fragmentos donde, según nuestra lectura, mejor se trasmite lo que Heidegger piensa y problematiza en cuanto a Dios.


Aclarando de antemano que son muchas las formas en como Heidegger nos presenta a Dios; y todas ellas sumamente problemáticas, de modo que es muy difícil establecer un criterio único.


Hecha la advertencia, va el siguiente texto, en estilo interrogativo, como uno de los más amplios, claro y, al mismo tiempo, no por ello menos enigmático (¿Cómo Dios mismo?):


“¿Cómo ha de alcanzarnos la seña del dios a nosotros, los que aguardamos, si idolatramos lo que es contrario a lo divino?

“¿Pero cómo habremos de cejar de semejante práctica si no se nos manifiesta un dios?

“Ambas cosas tienen que manifestarse e irrumpir al mismo tiempo: el dios y la confusión” (en el original las preguntas y las afirmación son de continuo, pero he querido separarlas para, de ese modo, darle al lector o lectora pautas (espaciales y temporales) para la reflexión propia.


Un último texto, sabiendo que, como ya se dijo, son múltiples las formas en como Heidegger nos presenta sus meditaciones sobre lo divino.


También haré puntos y aparte para dar tiempo y espacio, insisto, a las y  los lectores para sus propias cavilaciones en torno de Dios (sobre todo en estos tiempos de prisa y consumismo):


“Redimirse de los <<dioses>> quiere decir liberarse de los ídolos, entre los que se encuentran todos los <<objetivos>> y <<causaciones>> y <<causantes>>, todas las formas y <<objetivos>> de las maquinaciones; <<la>> ciencia, <<la>> técnica, <<el>> provecho común, <<el> pueblo, <<la>> cultura.

“¿Por qué esta redención y de dónde viene exigida? Desde la verdad de la diferencia de ser, para que todo ente vuelva a encontrar de nuevo el camino hasta su sencillo fundamento, y para que en todo eso se revelen los abismos de la diferencia de ser, que son los únicos que todavía bastan como el sitio de la decisión acerca de si la diferencia de ser se limita a conceder la entidad a lo ente o si ella misma se magnifica en un estremecimiento a causa de lo más incierto: la llegada o huida del último dios”.


¿Hemos pensado, en el sentido de meditado, en estas cuestiones las mujeres y los hombres de este tiempo?


Ello más allá de si somos o no creyentes, cuestión también problematizada en sus sentido más radical por el filósofo del ser en sus meditaciones con respecto al asunto de lo divino.

Dios, pues, en… negro.


Como un enorme problema con el que nos tenemos que medir, se crea en él o no.


Y ante ello no se vale hacernos como que la virgen nos habla, como reza el dicho popular...     


*J. Ignacio Mancilla

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]










[1] A manera de recensión de los famosos Cuadernos negros, de Martin Heidegger, publicados en español por Editorial Trotta, Madrid, 2015, 420 pp.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Otra historia del cuerpo y... (Primera parte)






J. Ignacio Mancilla




 [Texto generado para la presentación del libro de Helí Morales, Otra historia de la sexualidad, por su extensión será publicado en dos partes]








“Psique es extensa,
nada sabe de eso”.

Sigmund Freud, Conclusiones, ideas, problemas.


“Si hay algo que fundamenta
el ser es, ciertamente, el cuerpo.
sobre eso, Aristóteles no se engañó”.

Jacques Lacan, Encore (Aún).


“… la política comienza
y termina en los cuerpos”.

Jean-Luc Nancy, Corpus.



Si hay un discurso que subvierte la noción tradicional (metafísica) del cuerpo y también del pensamiento, es el psicoanálisis. Los lugares de Freud y Lacan son en esta problemática señeros. Y por supuesto que un reto para el pensamiento filosófico actual.



Aunque no solamente, también interpela a la sociología, a la psicología, a la historia y por supuesto que también a la antropología. Esto en la medida en que estas disciplinas se han ocupado del cuerpo.



Con la lectura que les presentaré esta noche del libro de Helí Morales, Otra historia de la sexualidad. Ensayos psicoanalíticos, de Ediciones de la Noche (Editorial de la Red Analítica Lacaniana), voy a jugarme, de cuerpo entero, en exponer cómo la subversión introducida por el psicoanálisis implica no sólo la sexualidad (como bien lo expone Helí a lo largo de 269 páginas sumamente bellas y que nos convocan a reflexionarlas y discutirlas); sino, también, el cuerpo (inclusive el pensamiento, y no sólo el filosófico, que conste).



¿Habría que hacer, por tanto, otra historia del pensamiento (filosófico)?



Dejo, por el momento la interrogante, para regresar a ella con posterioridad y confrontar, muy puntualmente, dos lecturas aparentemente divergentes: la del psicoanálisis, que alcanza en el libro de Morales una de sus mejores y máximas expresiones; y la de la filosofía, que se expone en un texto muy particular, Corpus, del filósofo francés Jean-Luc Nancy, donde se tensa al grado máximo toda nuestra herencia occidental (y no solamente filosófica) alrededor del cuerpo.



Es desde este horizonte que leo a Freud como antifilósofo, para decirlo con Alain Badiou, en tanto él disloca las categorías del pensamiento filosófico tradicional, sobre todo con su noción de Inconsciente, que estructura todo su discurso. Es por ello que he retomado, como epígrafe de este trabajo, ese enigmático texto póstumo de Freud, de 1938 (más específicamente del 22 de agosto de 1938), en el que convoca no sólo a Kant, sustituyendo las categorías a priori (tiempo y espacio) por el aparato psíquico del psicoanálisis, sino prácticamente a toda la filosofía.



Adelanto mi planteamiento, que explicaré abordando solamente algunas cosas de lo escrito por Helí Morales: Para Freud la psique, en tanto extensa, es cuerpo; aunque nada sepa de ello.



Pensar de otra manera la sexualidad, cuestión en la que abunda Morales en su más que interesante libro, es pensar de otra manera el cuerpo y, por tanto, es dislocar el pensamiento filosófico tradicional sobre el alma (psique) y el cuerpo (soma).



Es por ello que el libro de Corpus es una relectura de Del alma de Aristóteles, mediada por la radicalidad de ese texto póstumo con el que Nancy intenta, y pienso que lo logra, repensar el cuerpo desde una perspectiva ontológica radical. Yendo más allá de Heidegger, aunque no sin transitar el sendero marcado por el Maestro de Alemania, como le llama Rüdiger Safranski, pensando al cuerpo como lo abierto.



Para inscribir, de ese modo, prácticamente toda su obra en una peculiar subversión de la metafísica incluso en su crítica más radical, me refiero otra vez a Heidegger, postulando una Ontología del cuerpo. Y, en el sentido más extenso, y sigo en esto la formidable lectura que hace Jacques Derrida de Nancy, en un libro dedicado a él, formular una filosofía del carácter terriblemente aporético del tocar en sus distintas conjugaciones: tocar-se, tocar-te, tocar-le, tocar-me, tocar-nos.



¿Son incompatibles lo postulado por el psicoanálisis, en este caso por Morales, y lo afirmado por la filosofía, en particular por Nancy?



Avancemos en nuestra lectura.



Ese pensamiento que puso su acento en el alma, despreciando el cuerpo (el platonismo y su derivación cristiana, al igual que  la actual revaloración del cuerpo moderno a la manera de un Bodie’s Gym son, así lo pienso, dos caras de la misma moneda), y que Freud subvierte para, enseñanza obligada de sus histéricas, volver a centrar el cuerpo como expresión máxima de Psique (alma) y sus padeceres. Pero también de sus almoríos, como nos muestra Morales siguiendo la senda de Lacan.  



Psicoanálisis llamó Freud a esa osadía. En ese barco estamos, izadas las velas y viento en popa, no obstante la crisis, las críticas y también calumnias que a diario intentan deslegitimar la praxis y el discurso del psicoanálisis. Pienso, por ejemplo, en Michel Onfray y su Freud. El crepúsculo de un ídolo. Libro sobre el que valdría la pena hacer un análisis crítico genealógico, radicalmente nietzscheano.



¿Se sostiene Onfray en las consecuencias del discurso nietzscheano? Tengo mis dudas.



He aquí toda la simplicidad del asunto y sobre lo que gira, es mi lectura, esta Otra historia de la sexualidad, de la que tomaré algunos puntos para ilustrar mi apuesta, que apunta hacia otra historia del cuerpo. Y también a otra historia del pensamiento. Y de las emociones, y…  



Quizá el concepto que mejor tensa esta cuestión es el de goce; más específicamente el de goce Otro.



Con el que Lacan subvierte la herencia freudiana para repensar los derroteros de la sexuación y llevarlos hasta su expresión lógica.



Se les conoce, lo sabemos todos, como fórmulas de la sexuación.



Sí, ese goce Otro marca una diferencia radical entre el modo masculino y el modo femenino, siempre mediados por el lenguaje, de ser cuerpos: cuerpos –ya de hombres y mujeres- jugados en la posición femenina; y cuerpos –ya sea de mujeres y hombres- jugados en la posición masculina.



Esto abre la posibilidad, como está mostrado en toda la textualidad del libro de Helí, de otra historia de la sexualidad; así como de otra historia del amor. Y aquí radican aportes muy significativos de Helí en la estela del discurso psicoanalítico.



Aportes que lo hacen uno de los más interesantes teóricos del psicoanálisis lacaniano, pese a quien le pese, y no solamente en México. 



Pero, añado yo, esta perspectiva también abre la posibilidad de otra historia del cuerpo, precisamente centrada en la categoría de goce Otro, como relectura de la historia humana habida hasta ahora.



Otra historia de las pasiones humanas que siempre se juegan en tanto no sabemos lo que puede un cuerpo, para decirlo con Spinoza, ese filósofo radicalmente religioso y por ello radicalmente ateo, que nos dice que cada cuerpo, cada vida, es divina (Spinoza con Deleuze).



 [Continuará...]






Guadalajara Jalisco, a 9 de marzo de 2012.
(Un día después del Día Internacional de la Mujer). [Fecha original] 



*J. Ignacio Mancilla

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]