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martes, 23 de enero de 2018

SimulaQro en Querétaro


Inés M. Michel*




¿Cuándo dejó de ser la vida nuestra? ¿En qué momento decidimos hipotecarla por los sueños de alguien más, por los espejismos que ofrece el capital, ese que nos promete colores brillantes y paraísos espectaculares, siempre inalcanzables para la mayoría de los mortales?

Viajé a Querétaro la semana pasada con un doble propósito: redimir mi regalo de cumpleaños y asistir a la ponencia Transexualidad y psicoanálisis, dictada en el marco del Encuentro Letra, Libro y Escritura, organizado por la Escuela de la Letra Psicoanalítica en la Universidad Autónoma de Querétaro. 


MO-17 Hotel Boutique (2018), Querétaro, Qro., Méx.
Foto: Inés M. Michel


Una serie de situaciones me impidieron asistir a otras exposiciones, sin embargo, poder sentarme en primera fila a documentar y escuchar las palabras de la psicoanalista Eunice Michel, que es también mi madre, y participar del diálogo abierto al final, me posibilitó cerrar mejor un proyecto en el que estuve trabajando para una de mis profesoras de la Universidad Iberoamericana, espacio en el que se me presentó la oportunidad de pensar de manera distinta la literatura y el ejercicio de escritura; aún más lejos, en tan solo unos cuantos meses me llevó a repensarme, como escritora, como humana, demasiado humana...

Es así que quiero hablarles antes de que enero acabe sobre la pasión que nos habita, esa que es fuego aunque nos rodeemos de hielo. 

En la única vida conocida que tenemos, nos enfrentamos con variables no siempre fáciles de calcular, circunstancias adversas, retos continuos, pérdidas irreparables..., a su vez nos encontramos con instantes intensos que rememoraremos mucho tiempo después, personas radiantes que nos iluminan con su presencia, personajes que trascienden, de quienes nos place acordarnos de su nombre, incluso siglos después de su paso por la Tierra; hombres y mujeres que cual rayo nos alcanzan, dejándonos momentáneamente paralizados, sonrientes y que en algunas ocasiones nos acompañan transformando ese impacto en amor. 

Somos seres capaces de amar, a pesar de la miseria, de la maldad, de los hechos terribles que suceden a diario, todavía somos capaces de amar, de dar la vida por un hijo, por una abuela, por un esposo, por una sobrina, por un amigo, por una perra que quedó atrapada después de un temblor, como lo hizo Juan Pablo Irigoyen Ramírez el pasado 19 de septiembre tras el sismo sufrido en Ciudad de México y otras entidades.

Retomo el punto de la pasión y los deseos que nos mueven. 

Contrario al mercantilismo y al consumismo que nos dicen a diario lo que debemos querer, pasión y deseos no tienen mucho que ver con la posesión de determinados objetos materiales ni con la acumulación de papelitos. Desear una casa, un auto, un teléfono de alta gama, un collar de perlas..., son necesidades pasajeras, una vez cubiertas, si es que llegamos a ello, siempre habrá otras más, casas más grandes, autos más bellos, teléfonos mejores, collares que opacan al anterior; tristemente millones de personas nunca obtendrán ninguna de esas cosas, ni siquiera serán capaces de conseguir condiciones dignas para vivir, condenados a esperar anhelantes un golpe de suerte que cambie todo; el consuelo se refugia en la televisión, la publicidad, con sus promesas vacías y sus ventanitas dibujadas en programas de chismes, barras mañaneras y noticieros que desinforman. Por esos marcos fantásticos podemos asomarnos, mas nunca ser invitados, a las casas de los famosos, a la maravillosa vida de otros que no son nosotros, a otras partes del mundo que, dicen, están mucho peor o mucho mejor. 

Así la hipoteca de nuestra vida funciona sin que lo sepamos, y, aún sabiéndolo, parece marchar inalterable. En cambio, las pasiones, los deseos permanecen alimentándonos, consumiéndonos, dando a cambio de su posible realización ideas y ganas de levantarse cada mañana. Nos habitan, nos pertenecen, nos emocionan. Hacer cine, escribir libros, diseñar casas, pintar cuadros, estudiar aquello que nos interesa, vivir en un país que soñamos, tener una familia (sin hijos o con ellos)..., son proyectos de vida para los que se necesitará dinero, empero, si son genuinos, si parten de las entrañas, no amainarán, buscarán salidas ante las contingencias que surjan, no estarán sujetos a perseguir únicamente fines económicos; y, una vez realizados o parcialmente completados, el factor dinero será una circunstancia como otras tantas, si hay poco, si hay mucho, se tratará de una herramienta para hacer o dejar de hacer, tan útil como un martillo cuando de colgar un cuadro se trata, inútil para otros muchos menesteres; no será el fin, nunca será el motivo. 

¿Cómo descubrir una pasión? ¿Cómo atender a nuestros deseos más auténticos? Podemos empezar por escucharnos, teniendo paciencia, creciendo, leyendo, pensando, deslindándonos de lo que papá, mamá o los abuelos quisieron para nosotros, resolviendo, en la medida de las posibilidades personales, las necesidades que nos permitirán ver el panorama con más claridad.

Recordé un pasaje de Momo (M. Ende, 1973, P.p. 38 - 39) mientras escribía estas líneas, trascribo un poco del capítulo cuatro titulado Una tempestad de juego y una tormenta de verdad, se trata de una conversación entre Momo, la protagonista y su amigo Beppo Barrendero:


Cada mañana iba, antes del amanecer, en su vieja y chirriante bicicleta, hacia el centro de la ciudad, a un gran edificio. Allí esperaba, con sus compañeros, en un patio, hasta que le daban una escoba y le señalaban una calle que tenía que barrer. 

A Beppo le gustaban esas horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. sabía que era un trabajo muy necesario.

Cuando barría las calles , lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso - inspiración - barrida. Paso - inspiración - barrida.

{...}

Después del trabajo, se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.

- Ves, Momo -le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.

Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:

- Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más deprisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. {...}

- Nunca se debe pensar en toda la calle de una vez,  ¿entiendes? Solo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en la siguiente. {...}

- Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.



Haciendo con amor el trabajo que nos da para comer, vestir, vivir mejor, sea cual sea, barrer, contestar teléfonos, diseñar, escribir, e ir usando los recursos obtenidos para descifrar dónde queremos estar más adelante, aún si el recorrido se dibuja demasiado largo o hasta imposible de transitar, nos permite atrevernos a caminarlo, sin perder de vista el horizonte cuando la realidad nos parezca infranqueable.

{A partir de este punto sugiero acompañar la lectura con la siguiente canción}





En este simulacro donde la realidad quizá sea solo una proyección generada por una supercomputadora cuántica más vale hacer lo que deseamos, a nuestro propio ritmo, sin prisas fomentadas por quienes nos rodean, conscientes de que si se desconecta el servidor, al instante se acaba el simulacro, pudiéramos ser unos y ceros en otra simulación pero, ¿para qué arriesgarse a que no haya siguiente?

Vivamos de una vez, encontremos aquello que nos moverá a cambiar, a soñar, a amar la vida. Si alguien con las mejores o las peores intenciones pregunta durante el proceso algo como: ¿Y de qué vas a vivir? Una buena respuesta sería: De mi pasión. 

No cualquiera se da el permiso de actuar de esta manera, el miedo de no poder realizarnos estará presente, intentarlo es lo que vale la pena. Valdrá la pena despertar cada mañana pensando que nadie nos dijo qué hacer, que hemos hecho lo que más nos gusta, con todo y las adversidades. Ser millonarios, pobres o clase media en el proceso, es circunstancial. 

Sí, el dinero resuelve detalles importantes, comer bien, vestirnos a nuestro gusto, viajar para respirar aire fresco; cada quien es responsable de atender el orden de sus prioridades, el resto que acompaña a las posibilidades infinitas de consumo y de derroche se presenta tentador, se muestra como indispensable, preguntémonos, ¿lo es para mí?




Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, enero de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]




miércoles, 18 de enero de 2017

Simulacro en el piso 30


Inés M. Michel*




¿Y si la vida fuera tan solo un simulacro de otra vida, allá afuera? ¿Y si esta realidad fuera tan solo el piso bajo, por no decir la casa del portero, de un enorme edificio con innumerables pisos hacia arriba, y, seguramente, también hacia abajo?

¿Qué sucede mientras esperamos? Lo averiguamos en un happening del que les invitamos a ser y no-ser parte, a propósito del fénix que renace y se reinventa cuando le llega la hora de arder y cambiar sus plumas.





Simulacro en el Piso 30. 
Fondo: Jorge Castillo, frente: Yomahara Reyes. 
Foto: PlasmArte Ideas.


Simulacro en el piso 30 fue un experimento, en el que a través de este espacio los incluyo, que sucedió en un enorme edificio[1]. Una chica cumplió años y convirtió su aniversario en una pieza artística donde un grupo de amigos, provenientes de muy variados círculos interactuaron por cuatro horas degustando comida vegana y vino catado especialmente para la ocasión. 



Simulacro en el Piso 30. 
Grupo a la izq.: Francisco Chávez Lizardi, Cuauhtémoc López, Agustín Landeros, 
centro: Víctor D. Magallón, Yomahara Reyes, 
der.: Edgar Neri, Eder Pacheco y Alexis Silva Pérez. 
Foto: PlasmArte Ideas.


Un pequeño discurso se pronunció antes de finalizar la velada. Fue una reunión de compañeros, colegas, colaboradores, compartiendo el gusto por el cine y por las artes. Fue un experimento y un momento donde el tiempo corrió muy aprisa, ajeno al deseo de quienes querían una foto más, otro suspiro, un último trago de vino rosa, o simplemente una sonrisa extra de quien casi no ven pero admiran. 



Simulacro en el Piso 30. Foto: PlasmArte Ideas.


El simulacro terminó, volvieron a sus realidades correspondientes, se despidieron de ese piso 30 que tan pronto se apagó la luz, se desintegró, tal como había aparecido, dejando tras de sí solo recuerdos y escasos registros fotográficos que apenas atraparon la esencia de ese instante, fugaz, inaprensible[2]. 



Simulacro en el Piso 30.  
De izq. a der. Estefanía Monreal, David A. Becerra, Inés M. Michel.
 Foto: PlasmArte Ideas.





*La Otra I
 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

@inesmmichel
I: inmichel


Fotografía: David A. Becerra (2015)










__________________________________

[1] "Desde mi infancia me preocupa con creciente intensidad la idea de que la así llamada realidad no es más que el piso bajo, por no decir la casa del portero, de un enorme edificio con innumerables pisos hacia arriba y, seguramente, también hacia abajo". M. Ende, La casa de las afueras,  tomado de La prisión de la libertad (1997), p. 97.

[2] "(...) Que la existencia de esa casa que he intentado describirle a usted parezca hoy tan indemostrable y tan increíble, como si nunca hubiera existido, encaja, creo, perfectamente en la imagen de nuestro tiempo. No otra cosa sucede con más de un capítulo de nuestra historia reciente". Ibídem.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Apuntes sobre lo que ¿ya no es?



Inés M. Michel*









Para David A. Becerra, amor mío, siempre tendremos el diplomado de cine.

Para el amor nuevo, gracias por estar.

Para la despedida inevitable, que la paz llegue, cuando pueda llegar.





¿Cuántas promesas hacemos a lo largo de nuestra vida? Algunas imposibles de cumplir.

Me pregunto esto en un tiempo revuelto donde muchas certezas se han esfumado (si hay algo que permea el mundo actual, creo, es la desesperanza, no solo en los individuos, sino en las sociedades, en la masa, en la colectividad, y cómo no iba a hacerlo, con todo aquello que nos aqueja, los grandes males, y los pequeños -que también son grandes cuando se sufren en carne propia-, el desamor, la tragedia, la muerte, la enfermedad). 

Escribo esto en defensa de todo lo que creímos cierto  (aunque no lo sea más). Porque estoy convencida de que aquello que ya no es, no pierde la esencia de lo que fue. Y siempre será, en alguna medida.  (Aquí pudiera reforzar mi punto con algunos argumentos personales, lo haré, en la medida de mis posibilidades, en lo que viene a continuación).

Beth Greene (Emily Kinney), en un particular diálogo de The Walking Dead (Temporada 4, capítulo 12 -Still-), le dice a Daryl Dixon (Norman Reedus), “tienes que ser fiel a quien eres, no a quien fuiste”. Las palabras dichas por una niña que vio cortada su adolescencia por el apocalipsis zombi, resuenan desde entonces en mí. Es en la ficción, lo he sostenido en distintos espacios y momentos, donde no se habla de otra cosa más que de la realidad, el pretexto son los zombis, o las naves o la magia, pero el tema siempre es lo humano, lo mundano (pero no menos importante que aquello considerado trascendental), y suele quedar bien en el presente, incluso años, o hasta siglos, después de haber visto la luz.

Pensaba reiteradamente en generar alguna reflexión que incluyera esta referencia de la menor de los Greene. (Como nota que considero relevante, agrego que transcribí el diálogo subtitulado; en el idioma original dice You got to stay who you are, not who you where. -Dejo aquí el diálogo completo para los clavados en el universo de Kirkman, Moore y Adlard-. 

Pista para mis lectoras/es: aunque voy al día con la serie de AMC, por decisión propia me he rezagado en la lectura del cómic, acabo de adquirir el Tomo III -Seguridad tras las rejas-. Estando más avanzada en ese terreno, tengo pensado escribir al respecto, intentanto defender y también cuestionar algunas cosas del producto televisivo, sin dejar de lado lo que ya fue esbozado por los creadores y que ha sido adaptado con un éxito rotundo en cuanto a audiencia y números para la productora, aunque con tropiezos -sobre todo recientes- según la lectura de algunos críticos y fanáticos.


[Canción sugerida para acompañar la lectura a partir de este punto]




Quiero apuntar unas cuantas preguntas que (me) surgen a partir de esta frase, la que comparto con ustedes en español, pues encuentro un matiz algo distinto en la pronunciada en inglés (cada idioma es distinto y presenta distintas posibilidades; otro tema a trabajar para próximas entradas, esta vez tomando como referencia algunas cuestiones planteadas en la película Arrival (Denis Villeneuve, EU, 2016).

¿Cómo ser fiel a quién eres? 

¿Cómo equilibrar tus promesas del pasado con tus anhelos del presente?

¿Cómo dejarle espacio a un nuevo amor, cuando este llega sin pedir permiso (¿puede llegar de otra forma el amor?), y aún nos sentimos unidos a la promesa de uno antiguo?

¿Cómo asimilar que las amistades de antaño ya no son como imaginamos que serían siempre?

Hay promesas imposibles (y bellas en su imposibilidad) que hay que romper, aunque duela.

Pero no, no pierden el valor que tuvieron…, eso lo he ido descubriendo.

Esa promesa de amistad que te une a alguien por más de una década (para un día revelarte, con algo de sorpresa, que la vida les ha llevado por caminos distintos...), sigue existiendo. Fue y es -a pesar de todo-.

Esa promesa de amor que hicimos creyendo que duraría toda la vida, está ahí, y trascendió, a pesar de que no podamos cumplirla. (...Que el amor sea eterno mientras dure).

¿Cómo despedirse (de un lugar, de un amor, de una amistad, de una vida) sin sentir culpa?

No tengo muchas respuestas me temo..., aún peor, creo que no tengo ninguna que pueda recetarle/recitarle a alguien como solución posible, menos infalible. Por eso esta entrada, y por eso las preguntas que dan vuelta por la cabeza inquieta, estando en casa o estando lejos (escuchando una ponencia sobre la muerte que me conmocionó hasta las lágrimas -algo hay siempre de muerte en cualquier pérdida o despedida-); por eso la defensa que intento terminar -y publicar- desde la mañana, cuando por fin, sentada en un diván, tomando té blanco a sorbitos, me sentí lista para compartir mis letras con quien sea que vaya a leerme).

Ya no es más ese amor, ya no es más esa amistad adolescente donde planearon tatuarse, viajar y recorrer los caminos del mundo juntas. Pero fue. Así que no quiere decir que nunca lo haya sido, o que no haya sido en serio. 

Nada podrá quitarle la hermosura a esos días donde prometimos (... y sinceramente creímos -The beach, Danny Boyle, EU, 2000-) que amaríamos a ese hombre (a esa mujer) por siempre, que seríamos amigas/os inseparables. 

Ahí están todas nuestras promesas, siendo parte de lo que fuimos, y sobre todo, de lo que somos, ahí la belleza que elijo ver, (Some people choose to see the ugliness in this world. The disarray. I choose to see the beauty; Dolores Abernathy en Westworld -Jonathan Nolan y Lisa Joy, EU, 2016), pero como le recuerda Beth a Daryl: You got to stay who you are, not who you where.

¿Es trágico? Lo es. (Y bello, oh sí). La magnitud de esa premisa puede pasmarnos o llenarnos de incertidumbre, porque cómo saber quién soy ahora, con todo eso que fui. 

¿Soy fiel a mis deseos? ¿A mis más profundos anhelos?

Mi mamá me dijo hace poco, en todas las decisiones se juega la bolsa o la vida, y unx se queda con la vida…, pero pierde la bolsa (citaba de memoria a Lacan en El seminario, cualquiera que pueda precisar el número en que aparece el comentario, de antemano le extiendo mi agradecimiento). De ahí la imposibilidad de decidir, que por momentos (me) paraliza, o alenta, o duele, removiendo piel, hueso y tuétano. Siempre se pierde algo y a veces, muchas veces, no sabemos qué, hasta que se ha perdido para siempre...


Tomada de: parletre.org


[Canción sugerida para continuar desde este punto]






A manera de posdata... Hablaba hace unas horas, en un programa de radio que está llegando a su fin -a propósito de despedidas-, de finales abruptos en el cine y cómo no siempre funcionan.., el mío para esta entrada seguía esa lógica, solo que no en un lenguaje audiovisual, por ello agrego unas cuantas líneas más que pretenden servir como puente entre este y próximos ejercicios de escritura:

Trataré, es una de las metas que me he planteado tras varias noches de insomnio, de ser fiel a quien soy, no a quien fui; no sé si lo consiga del todo, en lo que lo averiguo me queda otro recurso que me consuela, acostarme cada noche con una sonrisa (o con lágrimas, según sea el caso), repitiendo para mis adentros en forma de mantra: Sucedió así porque así lo quise. (Nietzsche para cerrar, porque es una herencia de papá, y es una deuda de lectura que pretendo resarcir conmigo misma pues he leído muy poco de él, por lo que aprovecho y la convierto en sugerencia para mis lectoras y lectores. No tengo un texto en particular que sugerir. -Sí, la filosofía es la cruz de mi parroquia, ya lo saben o lo intuyen-).

Pistas ñoñas (no sé si para entendernos mejor *se muerde las uñas*): 1) La dedicatoria, a la manera de Rowling, se divide en tres partes. Por las tres personas que participaron en uno de los capítulos más intensos de mi historia. 2) Las palabras sueltas que en el texto aparecen en negritas, esconden algo. La pregunta deja de serlo y se convierte en respuesta, a la manera de Momo (M. Ende), muchas líneas abajo. 3) Los apuntes de esta ocasión tienen una relación directa con los Apuntes sobre la hoja en blanco. 4) ¿No sabes de qué demonios hablo y no pretendes seguir tales "pistas" porque quizá no te lleven a ningún lado? Mira la siguiente imagen por unos segundos para que, a la manera de Men in Black, el neuralizador borre la información innecesaria (je).



Friedrich Wilhem Nietzsche (1844 - 1900).
Tomada de: st-listas.20minutos.es




*La Otra I
 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

@inesmmichel
I: inmichel


Fotografía: David A. Becerra (2015)






viernes, 8 de mayo de 2015

Sobrevivir o no vivir (y el intermedio en que quedé atorada)


Inés M. Michel*



[Aclaro que yo no soy la que escribo, escribe ella y muy pocos la conocen. Pero le suelto la pluma para efectos prácticos, porque el mundo me queda imposible. Leer las noticias resulta imposible y tener que escuchar a los sabios, es cuando menos, desalentador.]



En mayo de 2014, presenté una ponencia en un entorno universitario1, la titulé, en un cambio de última hora Lo humano vs la inteligencia artificial: Cuando la máquina se volvió humana y los humanos perdimos la humanidad.

Jornadas Multidisciplinarias, jueves 22 de mayo de 2014

No comprendo si fue un arrebato de inspiración lo que me llevó a este intento de nombrar así, un trabajo que estuvo a punto de no presentarse por diferentes circunstancias académicas. Pero resultó el título perfecto para aquello que quise mostrar.

La reflexión que me inundaba y sigue sin dejarme, muchas veces, respirar, gira en torno a la deshumanización progresiva de la especie humana; y lo único que me permite atreverme a escribir un blog (esta es mi segunda participación en una secuencia alternada con mi papá, J. Ignacio Mancilla), a pesar de mi renuencia a tener uno, es la terca idea de encontrar allá afuera, un trozo de humanidad.

Sobre-vivir…


Sobrevivir es un instinto contra el que lucho descarnizadamente, dice Nietzsche que “vivir es deshacerse continuamente de algo en uno que quiere morir”… y ese querer morir, que se contrapone al instinto de supervivencia permea el mundo de hoy. Con el suicidio en el horizonte, y sin deseos de escuchar sobre lo bello que es vivir, me pregunto sobre periodos de crisis.

En la segunda guerra mundial, la crisis devino en un mundo nuevo para las mujeres y hombres de ese presente, y de hoy. Ese mundo nuevo costó en cifras calculadas, 47 millones 200 mil vidas humanas.2

Ahora, en 2015 vivimos un desastre global, el cual me permito desglosar en números fríos para aquellos escépticos, el desastre es apocalíptico:

º El derretimiento de los polos es un proceso ya irreversible [VER NOTA AQUÍ]

º En Jalisco, reportó El Informador, que del 1 de enero al 13 de septiembre de 2014, se suicidaron 179 jóvenes entre los 18 y 34 años [VER NOTA AQUÍ]; convirtiendo esto en un foco rojo, de tantos que se han encendido en nuestra ciudad. (¿Qué malestar es el que nos aqueja, más allá de los problemas personales?)

º El 99% de la población vive pisoteada por el 1% restante que concentra la riqueza. [VER NOTA AQUÍ]

º En México, la introducción del maíz transgénico acabará con las especies endémicas. [VER NOTA AQUÍ]

º Los bloques geopolíticos, enfrentados en discurso, (China vs EU, por ejemplo), trabajan en nombre de un solo interés: el capital [VER NOTA AQUÍ]; las comunidades indígenas de Cherán, Chiapas, son y han sido continuamente masacradas y despojadas de sus tierras a pesar, y justo por ello, de tener como frente común de lucha, la búsqueda de otra manera de gobernarse (patada directa al capitalismo).

Todos, son datos que merecen cada uno, un análisis profundo, los doy como referencia de las problemáticas que enfrentamos como individuos, como país, y como planeta.

Sí, las instituciones, el sistema de gobierno, y todo referente establecido fue hecho por humanos, (Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad), así que solo los humanos organizados podemos cambiarlo. Me pregunto si se logrará antes o después de la debacle que ya toca la puerta.

No vivir


Desde lo de Andreas Lubitz3, y ya mucho antes por un diálogo permanente que tengo con varias de mis personalidades4, me preguntaba (nos preguntábamos) el porqué del suicidio como opción, y la posibilidad de defenderlo como una alternativa que consciente o inconscientemente permite a quien la toma, dejar un mensaje poderoso a quienes, por cualquier razón no escucharon por no poder o por no querer, que estaba llegando a su límite.

Por eso, mi preocupación de hablar de la ética del suicidio, y de cómo volverlo una alternativa no reprobable por intereses religiosos o morales, sino más bien quitarnos la mojigatería, y discutir sobre la gente que ya no quiere vivir, y muchas veces no puede decirlo en voz alta sin que salten las alarmas, porque es justo en el decir que creo, puede estar escondida la posibilidad de vida, no pretendo llamar cura a esta posibilidad, pues esa parece más tarea de psicoanalistas, no sé qué tanto también de psicólogos y psiquiatras incluidos.

Cuando se verbaliza, y cuando alguien, quien sea, escucha, en el sentido en que Ende describió la escucha en su entrañable personaje Momo5, abre puertas que parecían tapiadas.

Detalle cubierta, Momo (Michael Ende, Editorial Alfaguara, 1973)


Esa escucha, que viene del decir y recibir una atención que excede a la del sentido del oído y que tiene que ver más con cómo recibe esa información quien oye y cómo devuelve algo a su interlocutor/a; esas palabras dichas y escuchadas, permiten a quienes hemos pensado que el mundo es lo suficiente oprimente como para generar rabia, caos interior y un sinnúmero de emociones encontradas (con una capacidad destructiva permanente y tal vez inherente a la condición humana), plantearnos alternativa(s) deb(v)ida(s).

El reto ético que quiero plantear, no responder, sino abrir aquí, es hasta dónde debe llegar la posibilidad de decidir y llevar a la acción la propia muerte, y es aquí que el caso de Lubitz, por lo reciente y lo mediático, puede ayudar a ejemplificar lo que quiero decir. Me refiero a un límite que traspasado convierte el suicidio en un acto también de venganza contra otros individuos, que en ocasiones (como esta), se ven involucrados sin ser responsables directos de los motivos suicidas, específicamente en dicho ejemplo, en un acontecimiento áereo sumamente trágico que le ha dado la vuelta al mundo. Con todo lo que ello conlleva, y las preguntas que aún quedan al aire y que dan pie a muchas lecturas.

Aquí, Lubitz, es (fue), algo más que un suicida. Fue alguien que ha pasado a la historia, y de qué terrible manera se puede agregar, no entraré a la discusión de otras teorías que descartan el suicidio, para no hacer la entrada tan larga, pero también las conozco. Aceptando la teoría del suicidio y todos los motivos que, cada día parecen cada vez más intrincados, encontramos que una cadena de sucesos lo llevaron a estrellar deliberadamente un avión con otras 149 personas a bordo, 149 que ignoraban que iban a ser partícipes de un hecho así y que por tanto no pudieron expresar sus deseos; decir por ejemplo, no, yo no me encuentro del lado del no vivir, yo no quiero morir, no hoy, no así.


¿Y entonces qué? Intermedio que es final (temporal)


No me queda mucho que agregar, más que una imagen que encontré ayer, en horas dedicadas a una charla nocturna, y que describen con una simpleza espectacular, qué es lo que me sostiene, en momentos de terror, de oscuridad inusitada o de tedio constante y hondo que cala hasta la médula.

Por cuánto tiempo me sostendrá, no lo sé, pero sí sé que ya ha sido bastante, podría ser mucho más.


Imagen publicada por la página de FB Somoss Universo






*La Otra I

 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel















1 Ponencia presentada en el marco de las Jornadas Multidisciplinarias del Centro Universitario de Tonalá, Universidad de Guadalajara.

3 Copiloto de aviación alemán, quien estrelló deliberadamente el vuelo 9525 de Germanwings mientras cubría la ruta Barcelona – Düsseldorf, el 24 de marzo de 2015.

4 Aquí queda bien releer la advertencia entre corchetes al principio del texto.


5 Personaje de Michael Ende, que da nombre a su novela publicada en 1973.