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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Nietzsche como sinthome



Nietzsche como sinthome[1]. Hacia una lectura de las cartas de la locura de Nietzsche (en específico de la carta del 6 de enero de 1889, dirigida a Jacob Burckhardt)[2]

J. Ignacio Mancilla*


 
Imagen tomada de: Descubre nombres - Ver aquí

[Texto generado para la presentación del libro Psicoanálisis con arte, de Helí Morales, del jueves 26 de noviembre de este año].


A manera de entrada y justificación


Leer de la mejor manera la locura del filósofo Friedrich Nietzsche es una tarea sumamente arriesgada. Lo que intentaré aquí, de manera preliminar, es conjeturar a partir de los lineamientos de la teoría lacaniana de la psicosis, la dimensión sinthomática del derrumbe mental del maestro de los aforismos.


Para lo cual tomaré en cuenta lo que se da en denominar como cartas de la locura. Pero todavía seré mucho más específico, pues será una misiva en particular la que pondré en el centro de mi atención, pues no obstante que Nietzsche ya ha ingresado en la locura, su escritura no deja de tener una dimensión de crítica radical, sumamente congruente, en varios niveles de reflexión que simplemente enunciaré, al tiempo que podemos ubicar los signos de la radical des-subjetivación del creador del Ultrahombre (Übermensch), además de ser el pensador que hizo popular la expresión moderna de “Dios ha muerto” como significación del más radical ateísmo, hasta entonces. 


¿Qué niveles de crítica están implicados en la carta mencionada?


Eso lo expresaré a continuación, pero antes es necesario detenerse en los antecedentes inmediatos de la locura de Nietzsche.



   1.  El inicio del colapso: el suceso del caballo de Turín



Pocos sucesos en la vida de Friedrich Nietzsche están tan documentados como el hecho del famoso caballo de Turín que, golpeado por su cochero, hizo que el filósofo del eterno retorno de lo mismo, quizá como única defensa posible, se abrazara del caballo y llorara, para después desvanecerse, como consecuencia, ya, de la manifestación abierta de su locura y como preludio de su pérdida de identidad y de la capacidad de uso de su nombre propio.


Como es sabido, Nietzsche llegó a firmar algunas cartas de la locura con los nombres de Dioniso y El Crucificado, haciendo alusión al Dios cristiano.

 

   2. Las cartas de la locura en el conjunto de la textualidad nietzscheana



Finales de 1888 fue catastrófico para el filósofo errante, como le llamó Curt Paul Janz; venía de un periodo sumamente creativo y productivo, en el que escribió, entre otros libros de suma importancia, su autobiografía, Ecce homo. Cómo se llega a ser el que se es y El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo; en el primer texto, publicado por Nietzsche se hacen bastante evidentes los estragos de la locura.


Mientras que en el segundo, publicado póstumamente, no obstante su estilo estridente, es bastante difícil situar, en su textualidad, la locura misma, no obstante la radicalidad de su crítica al cristianismo; en particular a su moral. Cabe aclarar que este libro fue rescatado por un teólogo, Franz Overbeck, colega de los tiempos de Basilea, quien fuera a Turín, precisamente, a rescatar al amigo.


Lejos de ello, es un libro más que coherente, con una lógica argumentativa más que consecuente con todo lo escrito hasta ese momento, particularmente con su crítica de la moral como la instancia que constriñe el mundo, la vida, la corporalidad y lo sexual; y su voluntad de poder y su poner en el centro de su hilo argumentativo a Dioniso, planteamiento que hizo desde su primer libro: El Nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo.



    3. La carta a Jacob Burckhardt del 6 de enero de 1889



Esta misiva es paradigmática del carácter atípico de la locura de Nietzsche.  Ello por varias razones, mismas que intentaré desplegar en este apretado texto.


En primer lugar Nietzsche todavía la firma con su nombre, aunque, al mismo tiempo, en ella se asume como “todos los nombres de la historia”; al tiempo que también prefiere ser un simple profesor de Basilea antes que Dios, además de reconocerse en Chambige[3], un “criminal decente” y otras identificaciones que son una muestra clara de su despersonalización que culminará en el más absoluto silencio del filósofo del martillo.


La carta es una radical crítica a la moral de su tiempo, al saber escolar de aquel entonces, a la injusticia social y económica y otras cuestiones de ninguna manera menores.

Hacer un recuento puntual de lo jugado en esa singular carta es aquí imposible. Es tarea de un curso.



A manera de conclusión y como cierre provisional  


Leer, pues, en su dimensión más compleja la locura de Nietzsche significa hacer una interpretación de cada una de las cartas y de toda la obra gestada en esa situación, para preguntarse por su valor y su legitimidad de obra.


Esto en primer lugar y, posteriormente, en segundo lugar, representa detenerse, por las significaciones desplegadas en sus múltiples sentidos, concebir la locura como el costo, y también como el sacrificio que, una época toda, representó para uno de los  pensadores más libres de Europa. 


La expresión es del propio Nietzsche y ha sido retomada por Peter Sloterdijk, filósofo alemán contemporáneo, que se define a sí mismo como nietzscheano de izquierdas.


El libro de Helí Morales que esta tarde presentamos, Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología, Palabra en vuelo y Ediciones del deseo, México, 2015, 411 pp., particularmente en su cuarta parte, me posibilitó otra lectura del fenómeno psicótico de Nietzsche; un tipo de lectura con la que uno puede interpretar la locura del filósofo bigotón como síntoma y al mismo tiempo como sinthome. 


De este modo, tendríamos un paradoja, que va más allá de la mera significación social del síntoma, ya que el ateo más radical podría ser entendido, desde esta lectura, como un santo hombre, para jugar con el juego escritural en francés propuesto por Lacan en su peculiar seminario donde trabaja, precisamente, la escritura de James Joyce y su supuesta locura, como ya se mencionó.   


Este no es el único valor del libro de Morales, tiene muchos otros, por ejemplo su valiosa propuesta de un nuevo sujeto de la humanidad, tan indispensable para estos tiempos aciagos y de penuria espiritual.


Pero en esta presentación de esta tarde-noche he querido destacar esta dimensión del nombre propio y su pérdida, con relación a la des-subjetivación de la locura, al tiempo que menciono que se trata de un texto que considero excelente; de hecho el mejor que ha escrito Helí, al que me une no solamente una amistad sino, también, el trabajo conjunto por el mundo de las letras en su sentido más radical.


Por tanto, hacer una valoración más exhaustiva de dicho libro, requeriría otro espacio y otro dispositivo diferente al de una presentación; para así entrar en su argumentación y desarrollo, así como en el de su pertinencia para los tiempos actuales.


Hecha esta aclaración, no me resta más que decirle muchas gracias por su invitación a presentarlo y muchas gracias a las y los organizadores, así como a las autoridades universitarias que posibilitaron este evento, aquí, en el auditorio Rodolfo Morán.  


*J. Ignacio Mancilla

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]









[1] Seguimos el juego homofónico que hiciera Lacan en su famoso Seminario sobre James Joyce, en el que reflexionó sobre si el renombrado escritor irlandés estaba loco o no y que consiste en una relación compleja entre la noción de síntoma y la escucha, en francés, entre síntoma y sinthome.

[2] Versión escrita de la presentación del libro de Helí Morales, Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología, en el auditorio Rodolfo Morán, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara, el 26 de noviembre pasado.


[3] Henri Chambige, estudiante de derecho y escritor aficionado con preocupaciones filosóficas que, en tiempos de Nietzsche, había asesinado a su amante y fue, en su momento, un escándalo del que Nietzsche estuvo al tanto. 

viernes, 14 de agosto de 2015

1984 y la dialéctica del poder - Parte 1


Inés M. Michel*




[Texto publicado originalmente en una columna de mi autoría del blog PlasmArte Ideas: VER AQUÍ, por su extensión será publicado en este blog en dos partes, esta es la primera] 


¿Qué mundo terrible vivimos, que un relato escrito hace 67 años, en el contexto de una dictadura, nos habla tanto del pasado como del presente y de un futuro desalentador?

Ese pasado, plasmado en las páginas de 1984, escrito en 1948 ha sido borrado sistemáticamente de las páginas de nuestra historia; hoy agrego unas cuantas al intento del no olvido, de la memoria.

Muchos relatos nos hablan de la realidad, pero algunos lo hacen desde la perspectiva de que hay distintas realidades, afines a quien las vive, ajenas para quien a veces, ni siquiera sospecha esta multiplicidad. No se trata solo de física cuántica, o de universos paralelos o alternativos, sino de conjuntos de sistemas que funcionan y se reproducen en su interior, en ocasiones sin interactuar con otros, por lo que para quienes viven en ellos, pueden parecer únicos, totales.

Muy importante para este texto, es el doble discurso, que también puede ser interpretado como una doble realidad: lo que dice la dialéctica del poder y lo que ocurre tras los escenarios políticos, tras los teleprompters.

Las palabras elegidas en los discursos, las mentiras dichas como verdades, y las verdades acalladas como mentiras, conforman un entramado que pretendo exponer aquí, dejando al alcance de cualquiera que le interese, lo que se oculta en las frases más sonadas de nuestros tiempos, reflejadas en las líneas del texto y maravillosamente desglosadas con la neolengua, lenguaje inventado por Orwell que va al punto nodal de lo que dice y lo que se piensa en la actualidad.

Originalmente, esta novela se concibió con el nombre The Last Man in Europe (El último hombre de Europa); posteriormente surgió el título Nineteen Eighty-Four (Mil novecientos ochenta y cuatro), el cual convenció más a su editor, pues lo consideraba un título más comercial.

Sobre por qué el título 1984, se manejan distintas teorías: una menciona como referencia la fecha del centenario de la Fabian Society, fundada en 1884; otra habla de un guiño a la novela de Jack London, The Iron Heel (por la fecha en que el partido político toma el poder); otra más, propone que es en relación al cuento de GK Chesterton, uno de sus autores preferidos, The Napoleon of Notting Hill, ambientado en 1984.[1]

Uno de sus biógrafos, Peter Davison, señala que, aunque no existen pruebas que lo fundamenten, el editor estadounidense de Orwell afirmaba que era simplemente el resultado de intercambiar la posición de los dos últimos dígitos del año en el que se escribió.

En una carta a un líder sindicalista estadounidense, el autor dice sobre su novela:

“Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias.”

La clave no es dada aquí por él mismo, en un párrafo revelador sobre la sociedad de su tiempo, que es cada vez más, la nuestra.

La novela emblemática de George Orwell, estudiada por muchos especialistas durante décadas, resulta pertinente hoy, para entender lo que nos pasa día a día en un mundo tecnologizado, globalizado e hipervigilado, donde el individuo se pierde en beneficio del Estado, y de un supuesto bienestar colectivo, que oprime y destruye las libertades individuales arguyendo de diversas maneras la necesidad de ello e incluso generando que sea la misma gente la que lo pida y lo defienda.

Es el sistema perfecto de control, no solo se vigila y se controla el comportamiento, también se busca el control de la mente, los deseos y los sueños.

Suele decirse que la ficción se adelanta en muchas ocasiones a la realidad hablando con exactitud de algo que en su presente aún no ha pasado; mi postura es que simplemente hay autores que analizan tan profundamente la sociedad y su mundo, que logran entender muy precisamente hacia dónde va el presente.

Por todo ello, me interesó hablar de 1984, que basada en las atrocidades de dictaduras pasadas, nos da en su discurso una visión clara del presente, y utiliza el lenguaje como pilar para transmitir las contradicciones y las atrocidades del poder.

“La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza”, este, el lema del Partido en este futuro distópico planteado por Orwell, nos da pie para desmenuzar los recursos semióticos utilizados en el libro que denotan la incongruencia de un gobierno, que se parece terriblemente a muchos de la vida contemporánea.

El pasado, dice Orwell en una entrevista acerca de su libro Mi Guerra Civil Española, es controlado por la camarilla gobernante tanto como el futuro. En relación con la reescritura de la Historia, Orwell dice en este texto:

“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (...) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». (...) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española? (...) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (...) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas."[2]

La novela fue escrita mientras Orwell se encontraba gravemente enfermo de tuberculosis, en la isla de Jura, Escocia, entre 1947 y 1948, retomando apuntes que había comenzado en 1944.

El autor pertenecía a una familia escocesa originaria de Montanari, una comunidad cercana a la India. Durante muchos años laboró en la policía de su país, donde conoció los aspectos más terribles del imperialismo. Como intelectual fue antidogmático y anticatólico. Por supuesto, 1984, no escapa a la influencia de este pensamiento.

En un lenguaje sencillo, contado a través de un narrador omnipresente, la prosa estructurada a lo largo de tres partes que a su vez se dividen en capítulos; se utilizan símbolos del discurso político, que son fácilmente identificados en la lectura, uno de los emblemas es el lema del Partido: La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza, y es el que fortalece a esa dialéctica del poder que mencioné ya.

Catalogada como novela de ciencia ficción, el texto de Orwell presenta un futuro distópico donde narra las aspiraciones humanas y el temor al control totalitario sobre el cuerpo de los individuos, pero lo más terrible, sobre la mente. Protagonizada por Winston Smith, que simboliza la rebelión contra la clase dirigente británica que se apoderó de todos los aspectos de la vida de sus gobernados, a quienes espía en todo momento con cámaras instaladas en cada rincón de la ciudad.

Orwell, pretendía como escritor, y se refleja en esta, su última novela, elevar la literatura política al terreno del arte.



[Continuará...]



*La Otra I

 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel




 








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Referencias

[1] Orwell, George, The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell – Volume 4: In Front of Your Nose, 1945–1950, Editorial Penguin, Reino Unido.
[2] Fragmento recuperado en la página de Facebook dedicada a 1984, visto el 11 de agosto de 2015: VER AQUÍ