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viernes, 6 de mayo de 2016

Camille Claudel: el mal-estar (es)cultura





J. Ignacio Mancilla*





Constatamos, pues, que algo agita.
con la extimidad, nos ocupamos del
principio de los afectos, de lo que
sacude y afecta al sujeto”.

Jacques Alain Miller. Extimidad.






Portada


¿Qué lugar ocupa uno, hoy día, cuando se habla de Camille Claudel y de su singular obra?

Esta cuestión no es baladí, antes bien, nos coloca ya cercana o distantemente, dentro del rango de las ondas y la fuerza gravitacional de su vida y de su obra; de mujer y escultora, cuyo nombre propio es hoy sumamente singular y reconocido por todas y todos. ¡A 73 años de su muerte!

Y el posicionamiento es más que un deber, es algo del orden histórico; se trata, para decirlo con todas sus letras, de una genealogía, sobre todo si se es mujer, como es el caso de la autora del libro que hoy presentamos en esta particular Casa, que también tiene toda una historia, de la que hoy, por obvias razones, no me ocuparé.

Lo primero que me gustaría decir, antes de entrar en los pliegues y repliegues (significantes) de la vida y obra de Camille Claudel, es que no estamos sólo ante una monografía, sino, más bien, ante una excelente investigación y una muy fina lectura de las cartas de Camille Claudel, para, por medio de ellas, indagar algo de la obra producida en un contexto en que el significante escultora no existía.

Pero, ¿realmente existe hoy dicho significante?

Es decir, se trata de una detallada investigación que reproduce, desde las letras (cartas) de Camille Claudel, algo del orden epocal (los lazos sociales de finales del siglo XIX y los inicios del siglo XX), pero desde las peripecias de las subjetividades que habitaron ese tiempo (no tan lejano del nuestro).

De los lazos sociales que tienen que ver, entre otras cosas, con las relaciones de amor entre hombres y mujeres y con lo que, ya de manera más amplia, podemos llamar las formas sociales legítimas de la feminidad y la masculinidad, por supuesto cambiantes, cosa que hoy no podemos negar, pero que a las pioneras, es el caso de Camille Claudel, les fue muy oneroso abrirse paso y, sobre todo, ganarse un lugar y un nombre en actividades que por aquel entonces se consideraban exclusivas de los hombres.

Pero, ya diré algo más sustancioso sobre el particular libro de María Gutiérrez al final, por lo pronto regreso a lo que en él se nos presenta de manera por demás reveladora: la vida y la obra de Camille Claudel, a la letra (carta).


Contraportada


¿Cómo deslindarse, sin escabullir el bulto (cuerpo), de las figuras masculinas, sobre todo el padre (Louis Prosper Claudel), el hermano (Paul Claudel), el escultor (August Rodin), el editor (Eugéne Blot), que jugaron, más allá de sus intenciones, papeles poco gratos en ese drama llamado Camille Claudel?

¿Y qué con la madre (Louise-Athanaïse Cerveaux)?

¿Y qué con las mujeres?

¿Pueden reducirse a ese estatuto de “chismosas”, como se titula una de las obras de Camille?

Esta es otra faceta del drama llamado Camille Claudel, faceta que aquí llamaremos la dimensión, mejor dicho la dichomansión (¡ay el hogar!) femenina.

¿Cómo acompañar, hoy día, a Camille Claudel, desde una posición de mujer, sin serlo, en un mundo todavía predominantemente patriarcal y hasta misógino?

Como pueden ver, la tarea no es sencilla, para un (pobre) hombre (literal y metafóricamente, ja, ja, ja), como de alguna manera lo soy.

Sin embargo, intentaré hacerlo, desde ese lugar casi imposible, en tanto lector de una vida, unas letras (cartas) minuciosamente estudiadas y excelentemente descifradas por otras mujeres, una de ellas autora del formidable libro que esta tarde/noche presentamos en esta importante e imponente Casa que tuvo y tiene que ver con los poderes locales, hoy tan presentes y apabullantes, todavía.

Va, pues, mi lectura que, de ser indulgente sería empobrecer el libro y sus resultados; de ahí que insista, antes que nada, en decir que monografía no es el mejor término para una inteligente y brillante investigación que rescata, desde y para el psicoanálisis mismo, el género biografía, sin reducir por ello a su pobreza psicológica al sujeto en cuestión: Camille Claudel; sino, antes bien, de manera más que pertinente, insertarlo en la compleja red y lógica de los significantes, donde, finalmente, toda subjetividad se decanta, para bien y para mal, ya se posicione como hombre o como mujer.

Y así fue con todos los sujetos antes nombrados, cuyo entramado hoy conforman, ese drama (¿postcristiano?) llamado Camille Claudel (remito aquí, rápido y de paso, a los no menos formidables libros de Danielle Arnoux, también psicoanalista, de los que por supuesto no me ocuparé esta ocasión: Camille Cludel. El irónico sacrificio, 2001; y Camille Claudel. Reencantamiento de la obra, 2014).

María Gutiérrez decidió llamarle a su libro sobre Camille Claudel, producto de su Tesis de Maestría, pero trabajada durante mucho tiempo y, por tanto, muy modificada, por supuesto: Vivir entre los pliegues del lenguaje de una época. Camille Claudel, mujer y escultora (1864-1943), editado por la Universidad de Guadalajara el año pasado.

Título más que atinado en muchos sentidos. Ya lo veremos.

¿Por qué María se queda, término que se repite mucho durante el recorrido del libro, con el significante “monografía”?, si su estudio ocupa un lugar, de muy buen modo, dentro de lo que Freud llama, rescatar la biografía para el psicoanálisis.

Cuando María Gutiérrez reproduce para nosotras y nosotros, como lectores, los pliegues del lenguaje de un época, en todo el sentido literal (de letras y cartas) y metafórico [(es)cultural], reproduce todos las avatares de los significantes y la determinación dialéctica de éstos, en la estructuración subjetiva de los sujetos jugados en ello, justo en su drama subjetivo; pero también familiar y político social, para hacernos comprender, de ese modo tan increíble, por sagaz, toda una época, de la que no estamos tan alejados, por mucho tiempo que haya transcurrido: finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Finalmente seguimos siendo modernos: Aún (Encore) cuando se le añada el prefijo post, tan cuestionado como saben todas y todos ustedes.

Abonando con ello a una tarea que todavía tenemos pendiente: narrar(nos) el corto siglo XX, para decirlo en los términos de Eric Hobsbawm (1917-2012), pero desde la singularidad de sujetos como Camille Claudel, que son, por su subjetividad misma, sintomáticos y paradigmáticos al mismo tiempo.

He aquí el gran reto, y María Gutiérrez ha salido nos sólo avante, sino ha ganado para sí, haciéndonos ganar con ello, en la comprensión subjetiva de ese subjetividad moderna que Nietzsche englobó bajo los significantes nihilista y decadente.

Al leer todo esto en el precioso libro de María Gutiérrez, me veo obligado más que a la indulgencia a la justicia, siempre por venir, de que este libro sea leído como lo que es: un gran aporte que va más allá de la monografía, al tiempo que honra dicho campo, para que ocupe su lugar en ese terreno tan difícil de lograr, hacer biografías, pero despiscologizando al sujeto en cuestión, en este caso Camille Claudel, para ubicarlo, insisto, en la red histórica de los significantes que lo determinaron en sus complejos avatares subjetivos, como ya lo dije.

Es por ello que me pregunto y les pregunto: ¿Camille Claudel estaba loca?

La intimidad queda aquí en entredicho. Y la extimidad se pliega, con todas sus paradojas, en la subjetividad de los sujetos, sean hombre o mujeres.

No podía, por lo tanto, quedarme petrificado por la demanda de indulgencia (pido disculpas por ello), tenía que, movilizado por la red de significantes hecho libro, ¡y qué libro!, ocupar mi lugar y decir mi palabra, en este acto, para honrar, a mi modo, este magnífico libro que me ha enseñado tanto sobre Camille Claudel como sujeto, pero sobre todo como mujer y escultora, cosa que ya es decir mucho; y no digamos en cuanto a lo que me ha enseñado, también, sobre psicoanálisis, incluso sobre los modos, metodologías, de hacer investigación en lo tocante al complejo tema de la subjetividad en nuestros tiempos.

¿Podré seguir dando mis cursos y seminarios como antes de la lectura de este libro?

¡Por supuesto que no!

Muchas gracias María, ¡enhorabuena por este espléndido texto, tu texto!

Éste ya empezó a hacer su recorrido y a tener, como significante privilegiado, sus efectos, por lo menos en mí. Eso es seguro.

Gracias de nuevo y me congratulo de que me hayas invitado a presentarlo.
Gracias a todas y todos por su escucha.

No pueden dejar de leer el texto, nunca se van a arrepentir, estoy seguro de ello.


Página 53



A manera de adenda

¿Acaso es posible, en psicoanálisis, discutir sobre el devenir sujeto, más allá del diván, sin alguna formulación clínico-doctrinaria?

No puedo dejar de decir algunas cosas relativas al Epílogo del libro de María Gutiérrez, firmado por Alberto Sladogna.

Y para hacerlo voy a cruzar con una excelente lección del filósofo francés-marroquí, Alain Badiou, titulada Niñas y niños y publicada como Jóvenes mujeres en la revista de Psicoanálisis Nadie duerma; lección que sostuvo el 3 de mayo de 2013, en París, en su Seminario que lleva por título, nada más y nada menos que el de: La inmanencia de las verdades.

En dicha lección hace un despliegue muy crítico de la situación diferencial en que se encuentran, hoy día, los jóvenes hombres y las jóvenes mujeres, para lo que retoma, críticamente, insisto, una de las formulaciones de Jacques Lacan, la que tiene que ver con lo Uno.

Y que Badiou, en tanto matemático, explica bastante bien, al tiempo que toma distancia.
Trataré de trasmitir de la manera más clara y sintética posible, semejante complejidad, ya que toca el centro de una de las formulaciones que hace, precisamente, en lo referente a la doctrina y clínica lacaniana, Alberto Sladogna.

Resumo, pues, el nudo de ideas; empezando con las de Alberto Sladogna, para después exponer la formulación teórica y política, pero también clínica, que hace Alain Badiou.

Y enseguida, por supuesto, presentarles mi lectura de lo que aquí se pone en juego.

¿Es el “complejo paternal” lo que moviliza, sobre todo, el drama llamado Camille Claudel, tan excelentemente expuesto en el libro de María Gutiérrez?

Es todo un tema que implica, en alguna medida, releer el psicoanálisis mismo, desde Freud hasta Lacan; y más acá, por supuesto.

Casi estoy seguro que la textualidad del libro de María Gutiérrez desborda esa lectura un tanto forzada, según mi perspectiva, ello independientemente de los matices del autor introducidos con un cuidadoso: “Quizás Lacan”, que no obstante reduciría el drama claudeliano a algo dentro de la tesitura de “lo peor proviene del complejo paternal”.
Matiz cuidadoso que es repetido en el párrafo final del Epílogo.

Si uno hace una lectura atenta de lo que nos presenta la autora de Vivir entre los pliegues del lenguaje de una época. Camille Claudel, mujer y escultora (1864-1943), por lo menos (nos) queda la duda de si el devenir subjetivo de Camille Claudel podría haber sido otro en tanto ese “peor” se hubiera posicionado menos “peor” (no es un simple juego de palabras; en psicoanálisis no existen los simples juegos de palabras) en esa imposible “función” llamada paterna.

¿Cómo leer, desde esta perspectiva, la carta del padre de Camille Claudel a su hermano, Paul Claudel, en la que prácticamente se quita de esa función paterna, para pedirle que lo ayude, dado que no puede más con su hermana y con su esposa; es decir, con la madre de Paul y de Camille?

¿Acaso podemos decir que este desmarcarse de la función paterna no tuvo efectos si hoy conocemos que, precisamente 8 días después de la muerte del padre, Camille Claudel es encerrada en el manicomio, ¡por 30 años!, por la madre y por su hermano, Paul Claudel?

Y que ni la madre ni la hermana escucharon los ruegos de Camille Claudel de ser liberada.

Otra cosa es equiparar la función paterna a su manifestabilidad patriarcal, como función de lo Uno (necesariamente fálico), cuya trampa también las mujeres, sobre todo las jóvenes de ahora tienen que sortear, para evadirse de ese lugar tramposo de la mujer Uno; reduciéndose al individualismo y al consumo.

Es todo un tema, lo sé, que debería desarrollar más y mejor, pero no es el espacio; la cuestión es que no podía dejar de decir algo sobre el Epílogo en tanto tiene que ver, precisamente, con el libro que hoy presentamos.

Dejo por lo tanto la cuestión abierta a un futuro debate, por demás necesario.

Muchas gracias de nuevo.




Guadalajara Jalisco, Casa Zuno de la Universidad de Guadalajara, a 29 de abril de 2016. (Fecha original).





  *J. Ignacio Mancilla


[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]











     



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Nietzsche como sinthome



Nietzsche como sinthome[1]. Hacia una lectura de las cartas de la locura de Nietzsche (en específico de la carta del 6 de enero de 1889, dirigida a Jacob Burckhardt)[2]

J. Ignacio Mancilla*


 
Imagen tomada de: Descubre nombres - Ver aquí

[Texto generado para la presentación del libro Psicoanálisis con arte, de Helí Morales, del jueves 26 de noviembre de este año].


A manera de entrada y justificación


Leer de la mejor manera la locura del filósofo Friedrich Nietzsche es una tarea sumamente arriesgada. Lo que intentaré aquí, de manera preliminar, es conjeturar a partir de los lineamientos de la teoría lacaniana de la psicosis, la dimensión sinthomática del derrumbe mental del maestro de los aforismos.


Para lo cual tomaré en cuenta lo que se da en denominar como cartas de la locura. Pero todavía seré mucho más específico, pues será una misiva en particular la que pondré en el centro de mi atención, pues no obstante que Nietzsche ya ha ingresado en la locura, su escritura no deja de tener una dimensión de crítica radical, sumamente congruente, en varios niveles de reflexión que simplemente enunciaré, al tiempo que podemos ubicar los signos de la radical des-subjetivación del creador del Ultrahombre (Übermensch), además de ser el pensador que hizo popular la expresión moderna de “Dios ha muerto” como significación del más radical ateísmo, hasta entonces. 


¿Qué niveles de crítica están implicados en la carta mencionada?


Eso lo expresaré a continuación, pero antes es necesario detenerse en los antecedentes inmediatos de la locura de Nietzsche.



   1.  El inicio del colapso: el suceso del caballo de Turín



Pocos sucesos en la vida de Friedrich Nietzsche están tan documentados como el hecho del famoso caballo de Turín que, golpeado por su cochero, hizo que el filósofo del eterno retorno de lo mismo, quizá como única defensa posible, se abrazara del caballo y llorara, para después desvanecerse, como consecuencia, ya, de la manifestación abierta de su locura y como preludio de su pérdida de identidad y de la capacidad de uso de su nombre propio.


Como es sabido, Nietzsche llegó a firmar algunas cartas de la locura con los nombres de Dioniso y El Crucificado, haciendo alusión al Dios cristiano.

 

   2. Las cartas de la locura en el conjunto de la textualidad nietzscheana



Finales de 1888 fue catastrófico para el filósofo errante, como le llamó Curt Paul Janz; venía de un periodo sumamente creativo y productivo, en el que escribió, entre otros libros de suma importancia, su autobiografía, Ecce homo. Cómo se llega a ser el que se es y El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo; en el primer texto, publicado por Nietzsche se hacen bastante evidentes los estragos de la locura.


Mientras que en el segundo, publicado póstumamente, no obstante su estilo estridente, es bastante difícil situar, en su textualidad, la locura misma, no obstante la radicalidad de su crítica al cristianismo; en particular a su moral. Cabe aclarar que este libro fue rescatado por un teólogo, Franz Overbeck, colega de los tiempos de Basilea, quien fuera a Turín, precisamente, a rescatar al amigo.


Lejos de ello, es un libro más que coherente, con una lógica argumentativa más que consecuente con todo lo escrito hasta ese momento, particularmente con su crítica de la moral como la instancia que constriñe el mundo, la vida, la corporalidad y lo sexual; y su voluntad de poder y su poner en el centro de su hilo argumentativo a Dioniso, planteamiento que hizo desde su primer libro: El Nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo.



    3. La carta a Jacob Burckhardt del 6 de enero de 1889



Esta misiva es paradigmática del carácter atípico de la locura de Nietzsche.  Ello por varias razones, mismas que intentaré desplegar en este apretado texto.


En primer lugar Nietzsche todavía la firma con su nombre, aunque, al mismo tiempo, en ella se asume como “todos los nombres de la historia”; al tiempo que también prefiere ser un simple profesor de Basilea antes que Dios, además de reconocerse en Chambige[3], un “criminal decente” y otras identificaciones que son una muestra clara de su despersonalización que culminará en el más absoluto silencio del filósofo del martillo.


La carta es una radical crítica a la moral de su tiempo, al saber escolar de aquel entonces, a la injusticia social y económica y otras cuestiones de ninguna manera menores.

Hacer un recuento puntual de lo jugado en esa singular carta es aquí imposible. Es tarea de un curso.



A manera de conclusión y como cierre provisional  


Leer, pues, en su dimensión más compleja la locura de Nietzsche significa hacer una interpretación de cada una de las cartas y de toda la obra gestada en esa situación, para preguntarse por su valor y su legitimidad de obra.


Esto en primer lugar y, posteriormente, en segundo lugar, representa detenerse, por las significaciones desplegadas en sus múltiples sentidos, concebir la locura como el costo, y también como el sacrificio que, una época toda, representó para uno de los  pensadores más libres de Europa. 


La expresión es del propio Nietzsche y ha sido retomada por Peter Sloterdijk, filósofo alemán contemporáneo, que se define a sí mismo como nietzscheano de izquierdas.


El libro de Helí Morales que esta tarde presentamos, Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología, Palabra en vuelo y Ediciones del deseo, México, 2015, 411 pp., particularmente en su cuarta parte, me posibilitó otra lectura del fenómeno psicótico de Nietzsche; un tipo de lectura con la que uno puede interpretar la locura del filósofo bigotón como síntoma y al mismo tiempo como sinthome. 


De este modo, tendríamos un paradoja, que va más allá de la mera significación social del síntoma, ya que el ateo más radical podría ser entendido, desde esta lectura, como un santo hombre, para jugar con el juego escritural en francés propuesto por Lacan en su peculiar seminario donde trabaja, precisamente, la escritura de James Joyce y su supuesta locura, como ya se mencionó.   


Este no es el único valor del libro de Morales, tiene muchos otros, por ejemplo su valiosa propuesta de un nuevo sujeto de la humanidad, tan indispensable para estos tiempos aciagos y de penuria espiritual.


Pero en esta presentación de esta tarde-noche he querido destacar esta dimensión del nombre propio y su pérdida, con relación a la des-subjetivación de la locura, al tiempo que menciono que se trata de un texto que considero excelente; de hecho el mejor que ha escrito Helí, al que me une no solamente una amistad sino, también, el trabajo conjunto por el mundo de las letras en su sentido más radical.


Por tanto, hacer una valoración más exhaustiva de dicho libro, requeriría otro espacio y otro dispositivo diferente al de una presentación; para así entrar en su argumentación y desarrollo, así como en el de su pertinencia para los tiempos actuales.


Hecha esta aclaración, no me resta más que decirle muchas gracias por su invitación a presentarlo y muchas gracias a las y los organizadores, así como a las autoridades universitarias que posibilitaron este evento, aquí, en el auditorio Rodolfo Morán.  


*J. Ignacio Mancilla

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]









[1] Seguimos el juego homofónico que hiciera Lacan en su famoso Seminario sobre James Joyce, en el que reflexionó sobre si el renombrado escritor irlandés estaba loco o no y que consiste en una relación compleja entre la noción de síntoma y la escucha, en francés, entre síntoma y sinthome.

[2] Versión escrita de la presentación del libro de Helí Morales, Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología, en el auditorio Rodolfo Morán, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara, el 26 de noviembre pasado.


[3] Henri Chambige, estudiante de derecho y escritor aficionado con preocupaciones filosóficas que, en tiempos de Nietzsche, había asesinado a su amante y fue, en su momento, un escándalo del que Nietzsche estuvo al tanto. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Otra historia del cuerpo y... (Segunda parte)


J. Ignacio Mancilla*




[Texto generado para la presentación del libro de Helí Morales, Otra historia de la sexualidad, por su extensión fue publicado en dos partes, esta es la segunda. Helí estará este jueves 26 de noviembre, presentando su último libro Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología, en el auditorio Rodolfo Morán del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, a las 18 horas. Aquí una nota al respecto: VER NOTA La gaceta UDG]




Foto tomada de: La Gaceta



De ahí que su apuesta haya sido por la vida y por la alegría y no por la tristeza. He aquí las razones de su condena. Para ese filósofo holandés el deseo es la esencia del ser humano, poco le faltó para hablar del cuerpo como sustancia gozante, pero su filosofía en tanto expresión ética, pensada y demostrada según el orden geométrico, es una filosofía del cuerpo como soporte único de la sustancia divina en tanto sustancia pensante.

Por supuesto que la confrontación con Descartes no se hace esperar. Pero Lacan también se confrontó con Descartes, desde Freud, para subvertir, precisamente, el Dubito cogito, ergo sum (el famoso, Pienso, luego existo). Cuyo soporte no es otro que el cuerpo.

Leyendo todo desde la noción de Inconsciente; la de Freud, pero también la de él. Y llegamos al punto en el que la categoría de goce Otro adquiere toda su relevancia para pensar el cuerpo de otro modo y para hacer otra historia de la sexualidad y otra historia del amor (insisto, todo el libro de Helí está jugado en ello).

Haciendo posible, desde estas coordenadas, pensar de otro modo la historia humana misma en tanto historia de los diferentes modos de apropiarnos o expropiarnos el goce (el fálico y el goce Otro) en tanto somos cuerpo; sí, pero sometido a la lógica de la palabra, del significante y sus distintas mediaciones históricas.

Pero en tanto el cuerpo, como tal, en particular el cuerpo femenino (aunque no sólo) es opaco y resistente a la palabra y a la letra; es decir, el cuerpo hace límite al sentido para jugarse todito completo en los sentidos. En la extensión toda del cuerpo. En el tocar, y su imposibilidad, para decirlo con Derrida. La expresión máxima de esta paradoja es, precisamente, el no-todo de la mujer es fálico.

De ahí los vericuetos por los que des-fila el cuerpo como sustancia gozante, sin saber nada de ello. Un ejemplo, el llamado masoquismo, con el que se cierra, en una de sus posibles lecturas, el libro que esta noche comentamos.

Abriéndose un abismo entre saber y verdad y un dislocación en la noción del sujeto. Sujeto dividido, pero no por ello irracional.

¿Es aquí donde se separan, radicalmente, el psicoanálisis y la filosofía?

¿Es la Erotología, según la plantea Lacan, radicalmente distinta de un Ontología del cuerpo, según la define Nancy?

Sobre este punto, por demás tenso, es que versará la última parte de mi intervención esta noche.

Para lo cual haré una cita, la única que haré del libro de Helí, precisamente ahí donde él nos plantea las diferencias entre el goce fálico y el goce Otro.

Del goce fálico nos dice, en síntesis, lo siguiente:

“El goce del lado del hombre se fundamenta en un imperialismo del uso del órgano como instrumento de presencia en el mundo. Es como si el erotismo se circunscribiera a una zona altamente privilegiada… Es el goce de aquel que cuando se relaciona sexualmente, circunscribe toda la intensidad a una zona exclusiva y reduce la locura del encuentro erótico al tiempo acotado de la erección”.

Y del goce Otro escribe:

“El goce del lado de las mujeres implica un goce Otro. Un goce que no precisa, para su expansión, portar ninguna insignia fálica, que no se somete al caminar de las manecillas del reloj ni acepta su prisa mecánica, que no acata los tiempos de la biología ni transa con las legalidades de los fluidos. El goce Otro no quiere reducirse a una zona específica del cuerpo. Su territorio es extenso como el cuerpo mismo, por ello busca delicias en cualquier pliegue del codo, en los silencios de la boca abierta, en la rugosa llanura de la rodilla, en el infinito abismo de tu ombligo sudado. Se trata de gozar no sólo del órgano, sino de toda la planicie del cuerpo y sus recovecos. Sin la prisa ni la presión de la presunción fálica, el encuentro erótico puede extenderse hasta intentar tocar con la punta de los dedos y la lengua, las costas de lo infinito humano”.         

Hasta aquí la cita. Por el momento no digo nada de la autocrítica de Helí a lo que él mismo llama lo demasiado ideológico de esta oposición.

Pero además, como último punto (no del libro, sino de mi presentación) abordaré el problema de la política en tanto ésta implica los cuerpos.

La biopolítica no es otra cosa que eso.

Y para hacerlo me valdré de una nota del corresponsal de La Jornada en Estados Unidos, David Brooks, aparecida el lunes 5 de marzo en su columna American Curios, con el título de Mujeres, sexo y elecciones. [VER AQUÍ]

¿Qué se juega en esa interesante nota y que esta noche, por nuestras propias circunstancias políticas, quiero resaltar?

El predominio de una concepción ultra conservadora del cuerpo, en Estados Unidos, pero no solamente ahí; que persiste en seguir negando la peculiaridad y diferencias del cuerpo femenino con respecto al cuerpo masculino en aras de una perpetuación de la lógica del poder masculino y falocéntrico, según el decir de Derrida.

El feminicidio es, hoy día y desde esta perspectiva, el equivalente a la trágica quema de brujas que azotó a Europa, costando la vida de miles y miles de mujeres, acusadas de tener relaciones sexuales con el diablo, como expresión máxima de la herejía femenina y su sexo insaciable, según el decir de sus persecutores, hombres.

Fue y es el control político del cuerpo de las mujeres, pero no solamente, lo sabemos, lo que está en juego.  

En síntesis, según David Brooks:

“Durante semanas, los precandidatos y los legisladores conservadores han competido por ver quién es el más fundamentalista en torno a los derechos reproductivos de la mujer (lo mismo por quién es el más antimigrante, antisindical, antigay). No sólo se han enfocado en quién es el más antiaborto, sino quién es el genuino defensor de la idea religiosa ultraconservadora sobre los anticonceptivos. Insisten en que no se trata de algo contra la mujer, sino de <<libertad religiosa>>”.

Cualquier semejanza con el fundamentalismo de acá por supuesto que no es mera coincidencia, pues estamos ante el predomino, en el poder político, de una mentalidad ultraconservadora que se sigue arrogando el tutelaje de derechos que corresponde a las mujeres decidir. Mentalidad que nos habla de igualdad, cuando lo que se juega es la diferencia; mejor dicho, las diferencias. 

Y creo que el libro de Helí también nos posibilita otro modo de pensar la política y sus vericuetos sobre el cuerpo, la sexualidad y el amor. Sin tanto aspaviento como hacen en otros lados. Y sí con mucha elegancia.

Podría decir más, pero no quiero alargarme y lo último que haré es hacerles una atenta invitación, a todas y todos, a comprar y leer el libro, pues estoy seguro que les aportará muchas cosas un tanto novedosas y radicales en el terreno del amor y la sexualidad, y en lo tocante al cuerpo; tan radicales y  novedosas que estoy seguro que una vez que lean el libro, no pensarán del mismo modo estos temas, de eso estoy seguro.

Este es el valor de este singular texto que hoy presentamos en este Café, bar y boutique cuyo nombre es tan erótico y de connotaciones tan amorosas y almorosas.

Hasta aquí mi intervención.

Muchas gracias.






Guadalajara Jalisco, a 9 de marzo de 2012.
(Un día después del Día Internacional de la Mujer). [Fecha original]



*J. Ignacio Mancilla

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]