Mostrando las entradas con la etiqueta distopia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta distopia. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2015

1984 y la dialéctica del poder - Parte 1


Inés M. Michel*




[Texto publicado originalmente en una columna de mi autoría del blog PlasmArte Ideas: VER AQUÍ, por su extensión será publicado en este blog en dos partes, esta es la primera] 


¿Qué mundo terrible vivimos, que un relato escrito hace 67 años, en el contexto de una dictadura, nos habla tanto del pasado como del presente y de un futuro desalentador?

Ese pasado, plasmado en las páginas de 1984, escrito en 1948 ha sido borrado sistemáticamente de las páginas de nuestra historia; hoy agrego unas cuantas al intento del no olvido, de la memoria.

Muchos relatos nos hablan de la realidad, pero algunos lo hacen desde la perspectiva de que hay distintas realidades, afines a quien las vive, ajenas para quien a veces, ni siquiera sospecha esta multiplicidad. No se trata solo de física cuántica, o de universos paralelos o alternativos, sino de conjuntos de sistemas que funcionan y se reproducen en su interior, en ocasiones sin interactuar con otros, por lo que para quienes viven en ellos, pueden parecer únicos, totales.

Muy importante para este texto, es el doble discurso, que también puede ser interpretado como una doble realidad: lo que dice la dialéctica del poder y lo que ocurre tras los escenarios políticos, tras los teleprompters.

Las palabras elegidas en los discursos, las mentiras dichas como verdades, y las verdades acalladas como mentiras, conforman un entramado que pretendo exponer aquí, dejando al alcance de cualquiera que le interese, lo que se oculta en las frases más sonadas de nuestros tiempos, reflejadas en las líneas del texto y maravillosamente desglosadas con la neolengua, lenguaje inventado por Orwell que va al punto nodal de lo que dice y lo que se piensa en la actualidad.

Originalmente, esta novela se concibió con el nombre The Last Man in Europe (El último hombre de Europa); posteriormente surgió el título Nineteen Eighty-Four (Mil novecientos ochenta y cuatro), el cual convenció más a su editor, pues lo consideraba un título más comercial.

Sobre por qué el título 1984, se manejan distintas teorías: una menciona como referencia la fecha del centenario de la Fabian Society, fundada en 1884; otra habla de un guiño a la novela de Jack London, The Iron Heel (por la fecha en que el partido político toma el poder); otra más, propone que es en relación al cuento de GK Chesterton, uno de sus autores preferidos, The Napoleon of Notting Hill, ambientado en 1984.[1]

Uno de sus biógrafos, Peter Davison, señala que, aunque no existen pruebas que lo fundamenten, el editor estadounidense de Orwell afirmaba que era simplemente el resultado de intercambiar la posición de los dos últimos dígitos del año en el que se escribió.

En una carta a un líder sindicalista estadounidense, el autor dice sobre su novela:

“Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias.”

La clave no es dada aquí por él mismo, en un párrafo revelador sobre la sociedad de su tiempo, que es cada vez más, la nuestra.

La novela emblemática de George Orwell, estudiada por muchos especialistas durante décadas, resulta pertinente hoy, para entender lo que nos pasa día a día en un mundo tecnologizado, globalizado e hipervigilado, donde el individuo se pierde en beneficio del Estado, y de un supuesto bienestar colectivo, que oprime y destruye las libertades individuales arguyendo de diversas maneras la necesidad de ello e incluso generando que sea la misma gente la que lo pida y lo defienda.

Es el sistema perfecto de control, no solo se vigila y se controla el comportamiento, también se busca el control de la mente, los deseos y los sueños.

Suele decirse que la ficción se adelanta en muchas ocasiones a la realidad hablando con exactitud de algo que en su presente aún no ha pasado; mi postura es que simplemente hay autores que analizan tan profundamente la sociedad y su mundo, que logran entender muy precisamente hacia dónde va el presente.

Por todo ello, me interesó hablar de 1984, que basada en las atrocidades de dictaduras pasadas, nos da en su discurso una visión clara del presente, y utiliza el lenguaje como pilar para transmitir las contradicciones y las atrocidades del poder.

“La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza”, este, el lema del Partido en este futuro distópico planteado por Orwell, nos da pie para desmenuzar los recursos semióticos utilizados en el libro que denotan la incongruencia de un gobierno, que se parece terriblemente a muchos de la vida contemporánea.

El pasado, dice Orwell en una entrevista acerca de su libro Mi Guerra Civil Española, es controlado por la camarilla gobernante tanto como el futuro. En relación con la reescritura de la Historia, Orwell dice en este texto:

“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (...) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». (...) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española? (...) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (...) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas."[2]

La novela fue escrita mientras Orwell se encontraba gravemente enfermo de tuberculosis, en la isla de Jura, Escocia, entre 1947 y 1948, retomando apuntes que había comenzado en 1944.

El autor pertenecía a una familia escocesa originaria de Montanari, una comunidad cercana a la India. Durante muchos años laboró en la policía de su país, donde conoció los aspectos más terribles del imperialismo. Como intelectual fue antidogmático y anticatólico. Por supuesto, 1984, no escapa a la influencia de este pensamiento.

En un lenguaje sencillo, contado a través de un narrador omnipresente, la prosa estructurada a lo largo de tres partes que a su vez se dividen en capítulos; se utilizan símbolos del discurso político, que son fácilmente identificados en la lectura, uno de los emblemas es el lema del Partido: La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza, y es el que fortalece a esa dialéctica del poder que mencioné ya.

Catalogada como novela de ciencia ficción, el texto de Orwell presenta un futuro distópico donde narra las aspiraciones humanas y el temor al control totalitario sobre el cuerpo de los individuos, pero lo más terrible, sobre la mente. Protagonizada por Winston Smith, que simboliza la rebelión contra la clase dirigente británica que se apoderó de todos los aspectos de la vida de sus gobernados, a quienes espía en todo momento con cámaras instaladas en cada rincón de la ciudad.

Orwell, pretendía como escritor, y se refleja en esta, su última novela, elevar la literatura política al terreno del arte.



[Continuará...]



*La Otra I

 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel




 








_____________________



Referencias

[1] Orwell, George, The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell – Volume 4: In Front of Your Nose, 1945–1950, Editorial Penguin, Reino Unido.
[2] Fragmento recuperado en la página de Facebook dedicada a 1984, visto el 11 de agosto de 2015: VER AQUÍ

viernes, 17 de julio de 2015

LO HUMANO VS LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: Cuando la máquina se volvióhumana y los humanos perdimos la humanidad


                                       Inés M. Michel*



Para Selene y Sofía,
 maestras de la Lic. en Historia del Arte,  que me motivaron a crear,
no solo textos sino una forma de vivir fuera de la academia.



[En una entrada pasada hablé de una ponencia presentada en mis tiempos universitarios, donde me cuestioné sobre lo humano y la máquina inteligente. Como las preguntas que me hice siguen muy presentes, he decidido recuperar el texto y dividirlo en dos partes para presentarlo en este blog en dos entradas, esta es la primera parte].


Presentación



Aunque mis actividades académicas este semestre se vieron confusas e interrumpidas por proyectos laborales impostergables y más tarde por una lesión en mi tobillo derecho, eso no solo no impidió mi participación en estas Jornadas, sino que fue una posibilidad de avance para mi quehacer académico, y la creación de este texto, que empezó a gestarse desde el semestre pasado, cuando trabajé el tema en una de las materias de la Licenciatura en Historia del Arte, a la que pertenezco desde 2012.

Con esto reafirmo mi postura tantas veces expresada en otros espacios, de que estar en un edificio universitario, no es determinante para crear, para pensar, estudiar, o leer; lo es las ganas que te mueven a ello. Pues bueno, aquí voy.


Introducción


He titulado a mi ponencia Lo humano vs. La inteligencia artificial, y como subtítulo agregué Cuando la máquina se volvió humana y los humanos perdimos la humanidad, en un intento quizá poético, de reflexionar acerca de este futuro hipertecnologizado que se explora en muchos relatos de ciencia ficción y que parece, desde muchos puntos de vista, habernos alcanzado ya.

¿El futuro es ahora? Un eslogan de una compañía de videojuegos, afirmaba que sí, el futuro es ahora; en este panorama, el horizonte que representaba el 2000 como fecha emblemática, el cambio de siglo y el rebase ya de catorce años, de esta línea, nos coloca encima de muchas fechas planteadas como muy lejanas en las décadas pasadas. Se trata del futuro que nos ha alcanzado; y esto por supuesto es una referencia a la película de 1973, Soylent Green (Richard Fleischer, EU), que fue titulada en español Cuando el destino nos alcance.

En esta película como en las que sirven de guía para mi trabajo, el filme Blade Runner, del vanagloriado director Rydley Scott y I, robot, o Yo, robot, de Alex Proyas, se plantea un futuro distópico que contrasta con la utopía futurista que caracteriza a otros relatos de ciencia ficción, tanto en la literatura como en el cine.

Mucho más en Blade Runner, ubicada en Los Ángeles, California en el año 2019, que en I, robot, planteada en Chicago en 2035, vemos una Tierra completamente devastada por las consecuencias del progreso tecnológico y la superpoblación. En este escenario las máquinas, ahora dotadas de inteligencia artificial, y de una apariencia idéntica a la humana en el caso de Blade Runner, forman parte de la vida cotidiana, y son una realidad que pertenece a una categoría que dejó de ser hace bastante la de la ficción.
La comparación entre el humano y la máquina es inherente a la condición humana, desde el momento en que como sociedad, desarrollamos máquinas, que podían con un nivel de complejidad, llevar a cabo tareas tanto sencillas como complicadas, haciéndolo igual o mejor que los humanos.

El siglo XIX resulta un parteaguas histórico, pues es a principios de este, y continuando un proceso iniciado ya desde el siglo XVIII, donde se replantea y transforma a la humanidad, tras un conjunto de cambios sin precedente donde la revolución industrial le otorga sentido a mucho de lo que hoy entendemos por máquina.

Más adelante, con la llegada de la tecnología avanzada y la robótica, y aún antes, con las especulaciones de la ciencia ficción, los humanos nos empezamos a preguntar qué pasaría si alguna vez el desarrollo tecnológico permitiera la creación de máquinas con aspecto idéntico al del humano, pero más importante, con las mismas capacidades para desarrollar inteligencia, tomar decisiones y actuar, emulando sentimientos y reacciones hasta ahora reservadas para nuestra especie.

El arte no fue ajeno a esta pregunta, e hizo lo propio imaginando en distintas disciplinas escenarios futuristas donde humanos y máquinas, igualados por la tecnología de punta, conviven como iguales. Yo me pregunto, ¿iguales?

¿Puede llegar una máquina, un robot, a ser igual a un ser humano? ¿Puede un hombre o una mujer diseñada, proveniente de una fábrica, dotada de inteligencia artificial, actuar y desenvolverse en el mundo sin ninguna diferencia con respecto a un hombre o mujer humana?

Y si se pudiera afirmar que hay características o cualidades que son únicas en lo humano, imposibles de copiar, ¿cuáles son estas características? ¿Es posible que la inteligencia artificial, desarrollara eventualmente la capacidad para emular estas características a la perfección?
 
Para aproximarme a estas respuestas, tomaré como líneas conductoras, una narración corta titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, 1968) del genial escritor Philip K. Dick, quien estableció muchos de los parámetros de la estética y la narrativa futurista y de ciencia ficción; y, como ya he mencionado, la película del reconocido director estadounidense, Ridley Scott, basada en la narración de Dick, Blade Runner (EU, 1982); así como la película del cineasta Alex Proyas, I, robot (Yo, robot, EU, 2004).

Pretendo entretejer una red con estos tres trabajos que contienen en su narrativa, las preguntas que me he hecho sobre lo humano con respecto a la máquina. Los tres, aportan valiosas reflexiones, así como puntos clave que desarrollaré a continuación, enfrentándonos a las preguntas que han dado la vuelta a la filosofía desde su concepción.

¿Qué nos hace humanos? ¿Qué nos diferencia de las máquinas?


De androides y robots


Fotograma de I, Robot (Alex Proyas, EU, 2004)


Spooner: "Los seres humanos tienen sueños, los perros también, pero tú no.
Solo eres una máquina, una imitación de la vida.
¿Puedes componer una sinfonía?
¿Puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?"

Sonny: "¿Puede usted?"



Diálogo de I, robot entre el detective Spooner y el robot Sonny,
quién es interrogado tras un asesinato.



Este diálogo me parece fundamental, lo retomaré un poco más adelante.

Se cuenta que en tiempos de Platón, durante uno de sus discursos frente a sus alumnos, uno de ellos le preguntó: “maestro ¿Qué cosa es el hombre?” A lo que Platón le respondió: “el hombre es un bípedo sin plumas”. Diógenes, quien pertenecía a la escuela de los cínicos, enfrentada al platonismo, estaba escuchando desde afuera del jardín, así que decidió ir por un pollo, desplumarlo y regresar donde estaba Platón con sus discípulos, entrando intempestivamente y diciendo al tiempo que arrojaba el pollo al suelo, “¡señores ahí tienen el hombre de Platón!”.

Definir lo humano, no es tarea fácil. Con el paso del tiempo, distintas sociedades, corrientes filosóficas y disciplinas científicas lo han intentado. Más allá de llegar a una definición del ser humano, lo que intento en este trabajo, es reflexionar en torno a las diferencias o características únicas que diferenciarían a un humano de un robot dotado de inteligencia artificial, un replicant (replicante o réplico).[1]  


Póster de Blade Runner (Ridley Scott, EU, 1982)



La narración de Phil K. Dick, ubicada en un futuro donde la guerra, la carestía y la tecnología se mezclan en un escenario desalentador (algo, bastante similar a lo que ocurre hoy en día), propone que los replicantes no saben que lo son en muchos de los casos, y poseen una serie de memorias implantadas que les harían recordar periodos por los que nunca pasaron como la niñez. 

 
Portada de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, EU, 1968)


A simple vista es imposible distinguirlos de los seres humanos ya que su diseño es idéntico físicamente. La única manera de diferenciarlos es con un elaborado cuestionario, que detecta las reacciones a una serie de preguntas que están muy relacionadas con la moral y la reacción emocional al interrogatorio.

Por otro lado, tenemos la historia desarrollada en I, robot, que se atribuye a las Series de Robots de Isaac Asimov, que incluye una recopilación de cuentos del mismo nombre, Yo, robot. 

 
Póster de I, Robot (Alex Proyas, EU, 2004)



Reflexionando en torno a la película, ambientada como dije en la Introducción, en Chicago en el año 2035, encontramos un futuro donde las máquinas dotadas de inteligencia artificial, conocidas como robots, son fabricadas y vendidas por United States Robotics (Robótica de los Estados Unidos), como ayudantes de diversas tareas: servidumbre en el hogar, máquinas para trabajo pesado, acompañantes de niños, entre otras muchas.

Su apariencia no es idéntica a la de los seres humanos y solo poseen ciertas cualidades humanoides, un cuerpo con cuatro extremidades (brazos y piernas), y un rostro que puede mostrar ciertas expresiones. Todo en un color metálico platinado, que caracteriza a los robots de la serie NS-5, la última en el mercado, y a la que pertenece el protagonista robot de la historia, Sonny.

Aquí el robot en cuestión, se ve involucrado en un asesinato, y el único que parece creer que un robot es capaz de asesinar, contradiciendo así las tres leyes de la robótica con que son programados desde etapa temprana y que les impiden dañar a seres humanos, es el detective Spooner, quien es especialmente reticente a aceptar a esta máquinas como parte de la vida diaria y sobre todo, como elementos seguros para la humanidad.

El diálogo con que abro esta parte del texto, me parece especialmente importante, pues humano y máquina se ven enfrentados cara a cara en un interrogatorio, y el detective Spooner, busca por todos los medios hacerle saber a este robot (que insiste en ser llamado Sonny, exigiendo así que se le reconozca como un ser con nombre propio), que para él es un abrelatas sofisticado, sin capacidad de sentimientos genuinos. Así al preguntarle si es capaz de crear una sinfonía o transformar un lienzo en una obra de arte, la respuesta de Sonny, lo deja paralizado por un momento: “¿Puede usted?”

Es cierto, la humanidad ha creado a lo largo de su existencia, magníficas y espectaculares obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas, y piezas de arte pertenecientes a un sinnúmero de disciplinas artísticas, pero no todos los humanos somos capaces de crear con esta genialidad, no cualquier ser humano puede pintar, esculpir, componer, escribir.

Si la capacidad de crear y más específicamente crear arte, no fuera lo que distingue al ser humano de un robot, ¿es la inteligencia lo que determinaría la diferencia? ¿Y si la inteligencia artificial superara a la humana? Y lo hace; sabemos que cálculos matemáticos, estadísticas y predicciones, pueden ser echas más rápidamente y con más exactitud por una computadora que por una persona.

Y hemos llegado a una palabra que parece engoblar lo humano y a su vez hace una distinción que me posibilita guiar la reflexión a la esencia que reside en cada ser humano y que lo hace único e insustituible: persona. ¿Qué es una persona?

[Continuará...]


Mayo, 2014 (fecha original de la ponencia, presentada en el marco de las Jornadas Multidisciplinarias, del Centro Universitario de Tonalá, Universidad de Guadalajara). 




*La Otra I

 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel










[1] Término utilizado en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? para denominar a un robot de apariencia humana, retomado en Blade Runner.