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martes, 10 de julio de 2018

Un decálogo para... nosotrxs



Con el presente texto co-respondo, cariñosamente, a la entrega pasada de Cuerdas Ígneas; pero también respondo a otras voces, críticas y no tan críticas, del reciente proceso electoral y de su triunfador. Es mucho lo por hacer, pero también lo por pensar, no nos perdamos en las ramas y tampoco en el bosque. Nos ha llegado el tiempo; de nuestros actos, de todas y todos, dependerá lo agraciado o funesto de este momento histórico. No podemos eludir el bulto. Aquí nos tocó vivir.  


J. Ignacio Mancilla *



Así como escribí un decálogo para Andrés Manuel López Obrador (AMLO, el martes 2 de enero, republicado el martes 5 de junio), ahora presento lo que después del triunfo inobjetable del 1 de julio pienso, sinceramente, será el decálogo que nos corresponde en tanto ciudadanas y ciudadanos de México.

1.- No todo se lo debemos dejar al nuevo presidente electo (formalmente lo será hasta el 1 de diciembre), nos toca empujar ahí donde él mismo se encuentre imposibilitado, por las razones que sea: ya por sus limitaciones políticas, que  las tiene (viene de la auténtica y última rebelión nacionalista del PRI, la del Frente Democrático Nacional de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien le cometieron una gran fraude electoral el 6 de julio de 1988); o por impedimentos estructurales y del sistema, sobre todo por parte de los poderes fácticos y las inercias meta institucionales de los poderes establecidos, que son muchas.

2.- Se trata de organizarnos, todas y todos, para empezar una serie de reformas de nuestras instituciones que ya dieron de sí: para encontrar la mejor manera de enfrentar los retos de la vida de ahora; en todos los niveles y exigencias del mundo actual. En esto no podemos ser pasivos. Llegó la hora de constituirnos y trabajar duro para hacer posibles los cambios tan necesarios. Que, lo sabemos, no se harán de la noche a la mañana y no será suficiente un sexenio.

3.- Ello en el ámbito de nuestro empleo pero también de nuestra colonia, barrio o pueblo. Tenemos que encontrar a las mujeres y hombres más capaces, que los hay y suficientes, para las actividades que se desprendan de las reformas indispensables que las universidades, escuelas, hospitales, estructuras vecinales, sindicatos, centros de trabajo, campo, salud, medios informativos, seguridad (sobre todo), medio ambiente (de suma urgencia), corrupción (primordial) y cultura nos están exigiendo ya desde hace rato, pero... no había más que corporativismo priísta, panista y perredista. MORENA tiene que ser, efectivamente, un Movimiento de Regeneración Nacional y si no lo es, ese será su gran fracaso. ¿Será también el nuestro?




4.- Esta ardua actividad se tiene que hacer considerando a las y los diputados y senadores, para exigirles ahí donde ellos tienen que co-responder, considerando la lógica de los tiempos nuevos y no ya el viejo corporativismo partidario, que tanto daño nos ha hecho. Las y los militantes de MORENA y sus diputadas y diputados y senadores tienen que inventar otras formas de hacer política vinculándose sobre todo con sus representados y con un verdadero movimiento social, político y cultural de renovación nacional. Ese es su gran reto, pero también es el de todas y todos nosotros.

5.- Mucho de lo que hay que hacer tiene que asentarse en la memoria; es decir, no podemos olvidar a todas y todos los que murieron, antes y ahora, en las luchas por transformar este país. Muertes injustas y de múltiples afrentas que siguen, hoy, clamando justicia. Ahí están los miles y miles de desaparecidos y los miles y miles y miles de asesinados de los sexenios de Felipe Calderón Hinojosa y de Enrique Peña Nieto. Sexenios de la muerte, los dos.

6.- Sí, habrá que implementar la reconciliación, pero que quede claro, desde ahora, que perdonar no es olvidar. Sí, en este camino es mucho todavía lo por andar y tenemos claro que la “curación” del desgarramiento traumático del tejido y de los lazos sociales, requerirá del esfuerzo de todas y todos, pero siempre desde la perspectiva de no apagar la voz de nuestras muertas y muertos que siguen, insistimos en ello, clamando la justicia que se les negó en vida: Ayotzinapa somos todos. Y San Fernando y Aguas Blancas y el 2 de octubre, que no se olvida y…

7.- Necesitamos crear el nuevo México, pero sin olvidar que la desigualdad es abismal en nuestro país. Que el clasismo y racismo anidan todavía en nuestra idiosincrasia, lamentablemente. Requerimos vernos al espejo, reconocernos en nuestros orígenes, en nuestra historia y cultura, con todas sus ambivalencias. Que hay cosas que ya no van, que precisamos hacer a un lado nuestros atavismos, en aras de lo que viene y que todavía está débil, como el recién nacido. Que los nuevos valores exigen de nuestros cuidados y… los viejos de nuestros entierros y duelos. Ya es tiempo.


Festejo en el Zócalo, 1 de julio (2018). Foto: Inés M. Michel.

8.- Estas tareas todas, no pueden pender de una sola voluntad: la del presidente electo (que desde el 1 de diciembre será, ya, el presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos), de AMLO. Que tenemos que estar ahí, todas y todos, para hacerlo fuerte donde tiene que serlo, pero para decirle no donde hay que decirle que no, con respeto, pero críticamente. No puede ser ya de otra manera, el presidencialismo es una de nuestras instituciones que ya dio de sí, al igual que muchas otras, como la Universidad por ejemplo. Al igual que toda la educación que fue minada como un campo de lucha y que nos ha confrontado. De ahí la urgencia de su reforma, pero con las y los maestros y las y los estudiantes y no sin ellos, como quisieron hacerlo el (Partido Revolucionario Institucional) PRI, con el (Partido de Acción Nacional) PAN y, lamentable, también con el (Partido de la Revolución Democrática) PRD.

9.- Y es que habrá, sobre todo después del 1 de diciembre, cuando asuma formalmente los poderes formales, como siempre, “fuerzas oscuras” que intentarán doblegarlo; llevarlo al fracaso o, en el mejor de los casos, imponerle cambios para que todo siga igual. En la más añeja y clásica lógica gatopardista. Es ahí donde nos está reservado un lugar especial a todas y todos los mexicanos de abajo y de en medio. Y también a las y los que viven en el México de arriba, si así lo quieren en tanto mexicanos. Ese será el momento oportuno de nuestro protagonismo civil, social, político y cultural. Ese será el momento de la cuarta transformación de México.

10.- El pueblo mexicano ya lo hizo en otros momentos históricos. La Independencia, la Reforma, la Revolución. Nosotros todos somos sus herederos. Ha llegado el tiempo de la cuarta gran transformación nacional. Que el pueblo quiere ya sin la violencia de las otras. Ahí está el resultado contundente de estas recientes elecciones (más de 30 millones de votos). Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es conciente de ello, lo ha dicho. Y ha afirmado, también, que anhela ser un buen presidente. Que esa es una aspiración muy suya y legítima. Después de los presidente últimos que hemos tenido, de malos a pésimos, esta aspiración puede sonar a muy poco, pero, ¿lo será? Aquí, como en muchas otras cosas, el tiempo tendrá la última palabra. Y ya para terminar, insisto en ello, ¿podremos echarle una manita al tiempo? Yo digo que sí, y este es el horizonte que ahora se abre delante de nosotras y nosotros los mexicanos. En fin…

¿Hasta dónde estás, mexicana y mexicano, dispuesto a llegar?

Esta es la pregunta que les dejo.




P.D.

Este decálogo es para su consideración y discusión. La palabra la tienen ustedes, pero hay un más allá de las palabras, el ACTO. Ha llegado la hora de una gran praxis transformadora.  

P. D. de contexto.

Es lamentable, pero muy lamentable la descalificación electoral del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en aras de su “purismo revolucionario”. Se equivoca rotundamente y confunde perspectivas y tiempos, aliados, amigos y enemigos y a todas y todos los coloca en el tamiz de la gran revolución; y desde esa óptica parece que el sentir real de la gente, el de las y los mexicanos que votamos por AMLO desde el 2006, y ahora, en el 2018 en especial, no cuenta. Es, pues, una pena que el EZLN, no considere, en serio, el hecho de que todas y todos estos votantes, se decanten por una transformación electoral, como punto de partida. No como fin. Ello independientemente de que muchas y muchos crean que con su voto ya esté resuelto todo. Sabemos que no es así. Pero… como dicen, eso es harina de otro costal.           



*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]














viernes, 17 de julio de 2015

LO HUMANO VS LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: Cuando la máquina se volvióhumana y los humanos perdimos la humanidad


                                       Inés M. Michel*



Para Selene y Sofía,
 maestras de la Lic. en Historia del Arte,  que me motivaron a crear,
no solo textos sino una forma de vivir fuera de la academia.



[En una entrada pasada hablé de una ponencia presentada en mis tiempos universitarios, donde me cuestioné sobre lo humano y la máquina inteligente. Como las preguntas que me hice siguen muy presentes, he decidido recuperar el texto y dividirlo en dos partes para presentarlo en este blog en dos entradas, esta es la primera parte].


Presentación



Aunque mis actividades académicas este semestre se vieron confusas e interrumpidas por proyectos laborales impostergables y más tarde por una lesión en mi tobillo derecho, eso no solo no impidió mi participación en estas Jornadas, sino que fue una posibilidad de avance para mi quehacer académico, y la creación de este texto, que empezó a gestarse desde el semestre pasado, cuando trabajé el tema en una de las materias de la Licenciatura en Historia del Arte, a la que pertenezco desde 2012.

Con esto reafirmo mi postura tantas veces expresada en otros espacios, de que estar en un edificio universitario, no es determinante para crear, para pensar, estudiar, o leer; lo es las ganas que te mueven a ello. Pues bueno, aquí voy.


Introducción


He titulado a mi ponencia Lo humano vs. La inteligencia artificial, y como subtítulo agregué Cuando la máquina se volvió humana y los humanos perdimos la humanidad, en un intento quizá poético, de reflexionar acerca de este futuro hipertecnologizado que se explora en muchos relatos de ciencia ficción y que parece, desde muchos puntos de vista, habernos alcanzado ya.

¿El futuro es ahora? Un eslogan de una compañía de videojuegos, afirmaba que sí, el futuro es ahora; en este panorama, el horizonte que representaba el 2000 como fecha emblemática, el cambio de siglo y el rebase ya de catorce años, de esta línea, nos coloca encima de muchas fechas planteadas como muy lejanas en las décadas pasadas. Se trata del futuro que nos ha alcanzado; y esto por supuesto es una referencia a la película de 1973, Soylent Green (Richard Fleischer, EU), que fue titulada en español Cuando el destino nos alcance.

En esta película como en las que sirven de guía para mi trabajo, el filme Blade Runner, del vanagloriado director Rydley Scott y I, robot, o Yo, robot, de Alex Proyas, se plantea un futuro distópico que contrasta con la utopía futurista que caracteriza a otros relatos de ciencia ficción, tanto en la literatura como en el cine.

Mucho más en Blade Runner, ubicada en Los Ángeles, California en el año 2019, que en I, robot, planteada en Chicago en 2035, vemos una Tierra completamente devastada por las consecuencias del progreso tecnológico y la superpoblación. En este escenario las máquinas, ahora dotadas de inteligencia artificial, y de una apariencia idéntica a la humana en el caso de Blade Runner, forman parte de la vida cotidiana, y son una realidad que pertenece a una categoría que dejó de ser hace bastante la de la ficción.
La comparación entre el humano y la máquina es inherente a la condición humana, desde el momento en que como sociedad, desarrollamos máquinas, que podían con un nivel de complejidad, llevar a cabo tareas tanto sencillas como complicadas, haciéndolo igual o mejor que los humanos.

El siglo XIX resulta un parteaguas histórico, pues es a principios de este, y continuando un proceso iniciado ya desde el siglo XVIII, donde se replantea y transforma a la humanidad, tras un conjunto de cambios sin precedente donde la revolución industrial le otorga sentido a mucho de lo que hoy entendemos por máquina.

Más adelante, con la llegada de la tecnología avanzada y la robótica, y aún antes, con las especulaciones de la ciencia ficción, los humanos nos empezamos a preguntar qué pasaría si alguna vez el desarrollo tecnológico permitiera la creación de máquinas con aspecto idéntico al del humano, pero más importante, con las mismas capacidades para desarrollar inteligencia, tomar decisiones y actuar, emulando sentimientos y reacciones hasta ahora reservadas para nuestra especie.

El arte no fue ajeno a esta pregunta, e hizo lo propio imaginando en distintas disciplinas escenarios futuristas donde humanos y máquinas, igualados por la tecnología de punta, conviven como iguales. Yo me pregunto, ¿iguales?

¿Puede llegar una máquina, un robot, a ser igual a un ser humano? ¿Puede un hombre o una mujer diseñada, proveniente de una fábrica, dotada de inteligencia artificial, actuar y desenvolverse en el mundo sin ninguna diferencia con respecto a un hombre o mujer humana?

Y si se pudiera afirmar que hay características o cualidades que son únicas en lo humano, imposibles de copiar, ¿cuáles son estas características? ¿Es posible que la inteligencia artificial, desarrollara eventualmente la capacidad para emular estas características a la perfección?
 
Para aproximarme a estas respuestas, tomaré como líneas conductoras, una narración corta titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, 1968) del genial escritor Philip K. Dick, quien estableció muchos de los parámetros de la estética y la narrativa futurista y de ciencia ficción; y, como ya he mencionado, la película del reconocido director estadounidense, Ridley Scott, basada en la narración de Dick, Blade Runner (EU, 1982); así como la película del cineasta Alex Proyas, I, robot (Yo, robot, EU, 2004).

Pretendo entretejer una red con estos tres trabajos que contienen en su narrativa, las preguntas que me he hecho sobre lo humano con respecto a la máquina. Los tres, aportan valiosas reflexiones, así como puntos clave que desarrollaré a continuación, enfrentándonos a las preguntas que han dado la vuelta a la filosofía desde su concepción.

¿Qué nos hace humanos? ¿Qué nos diferencia de las máquinas?


De androides y robots


Fotograma de I, Robot (Alex Proyas, EU, 2004)


Spooner: "Los seres humanos tienen sueños, los perros también, pero tú no.
Solo eres una máquina, una imitación de la vida.
¿Puedes componer una sinfonía?
¿Puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?"

Sonny: "¿Puede usted?"



Diálogo de I, robot entre el detective Spooner y el robot Sonny,
quién es interrogado tras un asesinato.



Este diálogo me parece fundamental, lo retomaré un poco más adelante.

Se cuenta que en tiempos de Platón, durante uno de sus discursos frente a sus alumnos, uno de ellos le preguntó: “maestro ¿Qué cosa es el hombre?” A lo que Platón le respondió: “el hombre es un bípedo sin plumas”. Diógenes, quien pertenecía a la escuela de los cínicos, enfrentada al platonismo, estaba escuchando desde afuera del jardín, así que decidió ir por un pollo, desplumarlo y regresar donde estaba Platón con sus discípulos, entrando intempestivamente y diciendo al tiempo que arrojaba el pollo al suelo, “¡señores ahí tienen el hombre de Platón!”.

Definir lo humano, no es tarea fácil. Con el paso del tiempo, distintas sociedades, corrientes filosóficas y disciplinas científicas lo han intentado. Más allá de llegar a una definición del ser humano, lo que intento en este trabajo, es reflexionar en torno a las diferencias o características únicas que diferenciarían a un humano de un robot dotado de inteligencia artificial, un replicant (replicante o réplico).[1]  


Póster de Blade Runner (Ridley Scott, EU, 1982)



La narración de Phil K. Dick, ubicada en un futuro donde la guerra, la carestía y la tecnología se mezclan en un escenario desalentador (algo, bastante similar a lo que ocurre hoy en día), propone que los replicantes no saben que lo son en muchos de los casos, y poseen una serie de memorias implantadas que les harían recordar periodos por los que nunca pasaron como la niñez. 

 
Portada de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, EU, 1968)


A simple vista es imposible distinguirlos de los seres humanos ya que su diseño es idéntico físicamente. La única manera de diferenciarlos es con un elaborado cuestionario, que detecta las reacciones a una serie de preguntas que están muy relacionadas con la moral y la reacción emocional al interrogatorio.

Por otro lado, tenemos la historia desarrollada en I, robot, que se atribuye a las Series de Robots de Isaac Asimov, que incluye una recopilación de cuentos del mismo nombre, Yo, robot. 

 
Póster de I, Robot (Alex Proyas, EU, 2004)



Reflexionando en torno a la película, ambientada como dije en la Introducción, en Chicago en el año 2035, encontramos un futuro donde las máquinas dotadas de inteligencia artificial, conocidas como robots, son fabricadas y vendidas por United States Robotics (Robótica de los Estados Unidos), como ayudantes de diversas tareas: servidumbre en el hogar, máquinas para trabajo pesado, acompañantes de niños, entre otras muchas.

Su apariencia no es idéntica a la de los seres humanos y solo poseen ciertas cualidades humanoides, un cuerpo con cuatro extremidades (brazos y piernas), y un rostro que puede mostrar ciertas expresiones. Todo en un color metálico platinado, que caracteriza a los robots de la serie NS-5, la última en el mercado, y a la que pertenece el protagonista robot de la historia, Sonny.

Aquí el robot en cuestión, se ve involucrado en un asesinato, y el único que parece creer que un robot es capaz de asesinar, contradiciendo así las tres leyes de la robótica con que son programados desde etapa temprana y que les impiden dañar a seres humanos, es el detective Spooner, quien es especialmente reticente a aceptar a esta máquinas como parte de la vida diaria y sobre todo, como elementos seguros para la humanidad.

El diálogo con que abro esta parte del texto, me parece especialmente importante, pues humano y máquina se ven enfrentados cara a cara en un interrogatorio, y el detective Spooner, busca por todos los medios hacerle saber a este robot (que insiste en ser llamado Sonny, exigiendo así que se le reconozca como un ser con nombre propio), que para él es un abrelatas sofisticado, sin capacidad de sentimientos genuinos. Así al preguntarle si es capaz de crear una sinfonía o transformar un lienzo en una obra de arte, la respuesta de Sonny, lo deja paralizado por un momento: “¿Puede usted?”

Es cierto, la humanidad ha creado a lo largo de su existencia, magníficas y espectaculares obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas, y piezas de arte pertenecientes a un sinnúmero de disciplinas artísticas, pero no todos los humanos somos capaces de crear con esta genialidad, no cualquier ser humano puede pintar, esculpir, componer, escribir.

Si la capacidad de crear y más específicamente crear arte, no fuera lo que distingue al ser humano de un robot, ¿es la inteligencia lo que determinaría la diferencia? ¿Y si la inteligencia artificial superara a la humana? Y lo hace; sabemos que cálculos matemáticos, estadísticas y predicciones, pueden ser echas más rápidamente y con más exactitud por una computadora que por una persona.

Y hemos llegado a una palabra que parece engoblar lo humano y a su vez hace una distinción que me posibilita guiar la reflexión a la esencia que reside en cada ser humano y que lo hace único e insustituible: persona. ¿Qué es una persona?

[Continuará...]


Mayo, 2014 (fecha original de la ponencia, presentada en el marco de las Jornadas Multidisciplinarias, del Centro Universitario de Tonalá, Universidad de Guadalajara). 




*La Otra I

 [atea, vegana, feminista,
lectora irredenta
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia]

Twitter: @inesmmichel










[1] Término utilizado en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? para denominar a un robot de apariencia humana, retomado en Blade Runner.

viernes, 26 de junio de 2015

TIEMPO (IN) SUFICIENTE. Sobre el carácter de la vida (humana), según Blade Runner, de Ridley Scott




J. Ignacio Mancilla*



[Texto presentado en los comentarios finales de la proyección de Blade Runner en Cinito Rete Divertido, cineclub de PlasmArte, el 24 de marzo de 2012]



“El valor de la transitoriedad es
el de la escasez en el tiempo”.

Sigmund Freud, La Transitoriedad.


“La temporeidad extático-horizontal
se temporiza primariamente desde
el futuro. En cambio, la comprensión
vulgar del tiempo ve el fenómeno
fundamental del tiempo en el ahora,
en ese ahora puro, cercenado de su
plena estructura, al que se llama
<<presente>>”.

Martin Heidegger, Ser y tiempo.


“Solo nuestra carne divina nos
distingue de las máquinas, la
inteligencia humana se distingue
de lo artificial por el cuerpo,
solamente por el cuerpo”.

Michel Serres, Variaciones sobre el cuerpo.



La primera vez que aparece en la película el replicante Roy Batty lo hace diciéndose lo siguiente: “Tiempo”. Para afirmar inmediatamente: “Suficiente”.

De este modo, todo el drama de la película se va a jugar en la singular persecución del persecutor por el perseguido.

Del Blade runner por el replicante.

Es por ello que tomaré algunos textos de esa larga secuencia final, para, ante ustedes, pensar toda la (vida humana) película misma.

Pero antes, quiero hacer una reflexión general sobre el problema del tiempo, no sin considerar el título de este ciclo tan interesante:

“El futuro es ahora”.
De hecho esta es la máxima expresión de lo que podemos llamar la ideología moderna, que no hay más futuro que el presente.

Viejo tema de la filosofía, particularmente de la Metafísica, el de la oposición entre tiempo infinito (eterno, perteneciente solamente a los dioses) y el tiempo finito (profano, exclusivo de la vida humana y terrestre).

Si para la cultura judía el futuro está vedado por razones religiosas y solamente se puede escrutar el pasado, para la modernidad el futuro es utópico y el pasado obsoleto, viejo, arcaico; de ahí que lo único posible sea el presente, el ahora.

Como se afirma en el título de este ciclo dedicado a la ciencia ficción.

No me detengo en todos los detalles técnicos de la película, pues en este sentido quienes organizan este interesante cineclub saben más que yo al respecto; me interesa detenerme en el sentido del filme, por lo menos tal y como yo lo entiendo.

¿Es suficiente el tiempo que vivimos los humanos (setenta años como promedio)?

¿Cuánto tiempo es suficiente para tener una vida plena?

¿La plenitud de la vida, nuestra felicidad, depende del tiempo o de su intensidad?

¿De la duración o de la experiencia?

¿De la cualidad o de la cantidad?

Acordémonos que cuando el replicante mata a su creador (parricidio de los tiempos postmodernos), debido a que éste no puede reparar su creación y hacer que viva más tiempo, y sobre el punto le ofrece todos los argumentos disponibles a su creación, pues la criatura le había dicho: “¡Quiero más vida, desgraciado!”.

Ya antes, el peculiar creador de ojos, Chaw, un científico asiático, había hablado de Tyrell diciendo: “Él sabe todo”.

Saber todo es poder todo, pero Tyrell no podía todo, por ello muere siendo cegado, una especie de Edipo en el espejo que nos devuelve, en el cine, el carácter terrible de todo saber y también de todo no saber.

Así, de la pregunta por el tiempo y de su interés por la “morfología, la longevidad” y las “fechas de inicio”, el interés de los replicantes, lidereados por Roy, va directamente al asunto de su origen; de su creador.

Y una vez que han asesinado a su creador, se da la verdadera lucha por el sentido de la vida, de su vida y aquí, para sorpresa de todos, la máquina, no obstante su aullido de bestia (recordemos que por lo menos en la tradición cartesiana la máquina siempre se equiparó a la bestia), muestra más sentido de la compasión y de respeto a la vida que el propio ser humano.

Pero detengámonos en esa secuencia final, reproduciendo algunos textos de ese tan intenso diálogo, de hecho es un peculiar monólogo de la máquina, teniendo como escucha al ser humano, que al final se queda azorado ante todo lo dicho por el replicante que, además decide, ¿de último momento?, no matarlo.

De hecho inclusive lo salva. Cuestión que le da más dramatismo al filme.

La persecución se da con la introducción del tiempo como horizonte donde se juega, diría Heidegger, todo el sentido del ser, es decir, de la vida misma; así, Roy le dice Deckard:

“Te voy a dar varios segundos antes de ir por ti”.

En los segundos, en el instante o ahora es precisamente donde encontramos toda la problematicidad (Metafísica) del tiempo, porque ya Aristóteles afirmaba que el instante es y no es tiempo; es el límite del tiempo, y como tal fundamento del mismo.

Es decir, el fundamento del tiempo es el no tiempo, ya que en tanto éste es el propio transcurrir, cuando pasa ya no es, y por ello es tiempo pasado; y en tanto todavía no pasa, todavía no es, por eso es tiempo futuro, quedando el instante (ahora) como límite entre el tiempo pasado y el tiempo futuro, como límite del tiempo mismo, como el parpadeo (Augenblick) del tiempo, se dice en la lengua alemana, que estructura el todo de la temporalidad.

Pero Roy dice más; mucho más:

“Deckard, cuatro, cinco… hay que vivir con ahínco”; en ese momento vuelve a sentir los estragos del tiempo (transcurrido), ante lo que dice: “¡No, todavía no!”.

Y bajo esa situación, habiéndose clavado una mano (¿rememoración del cuerpo de Cristo?), para de ese modo poder resistir mejor (¿con el dolor?), en el límite de su duración, le dice a Deckard:

“Más vale que te muevas… si no quieres que te mate. Si no estás vivo… no puedes jugar. Y si no juegas…”

“Seis, siete. ¡Al infierno o al cielo vete!”

Y ante la herida que le causó Deckard, el replicante le espeta al humano:

“¡Eso me dolió!”

“Eso que hiciste fue irracional, ya no digamos indigno. ¿A dónde vas?”.
Y más directamente:

“Es un martirio vivir con miedo, ¿verdad? Así es la esclavitud”.

Y en la parte final, que alcanza su máxima expresión catártica (el término es aristotélico y se refiere al acto purificador que ejerce, en nosotros, el arte, en este caso el cine), el replicante, con una paloma en la mano, que soltará en el momento en que expira (¿llegará el tiempo en que las máquinas tengan espíritu?), dirigiéndose a Deckard, dirá:

“He visto cosas… que los humanos ni se imaginan”.

“Naves de ataque incendiándose cerca del hombro de Orión. He visto rayos C… centellando cerca de la puerta de Tannhäuser”.

“Todos esos momentos… se perderán… en el tiempo… como lágrimas… en la lluvia”.

“Es hora de morir”.

E irrumpe en el final de esta escena una especie de Alciabíades sobrio, magníficamente interpretado por James Olmos, dirigiéndose a Deckard:

“Hiciste tu trabajo como un hombre. Supongo que acabaste ya”.

Y Deckard contesta:

“Se terminó”.

Para dejarnos con una afirmación y una interrogante que resignifica toda la (vida) película:

“Lastima que no sobreviva”.

“Pero, ¿quién sobrevive?”.

Cuando él, Gaff, esa especie de supervisor silencioso de Deckard, posteriormente se daría cuenta que quedaría, ¿por lo menos un (replicante) sobreviviente?

Un sobreviviente.

Siempre habrá otro que nos sobreviva.

Pero, al paso que vamos, en este enloquecido ritmo del progreso, ¿tendrá sobrevivientes esta tierra?

¡Ay la fragilidad de la vida y la estupidez humana!

Blade runner es toda una lección de ética sobre el valor de la vida, natural y artificial, sobre como su valía radica, precisamente, en su carácter efímero, transitorio, como lo supo ver muy bien Freud; lástima que a estar alturas demos muestras de tan poca sensibilidad, pues somos los principales enemigos de la vida al empecinarnos en destruirla.

Desde esta perspectiva, más que poner el énfasis en el presente, en el ahora, nos deberíamos de preocupar por dejar abierto el futuro, en tanto éste es la clave, como sostiene Heidegger, de una comprensión más humana sobre el tiempo que no obstruya la posibilidad misma del futuro como el tiempo por-venir, más allá del tiempo presente.

Por último, celebro este Cineclub que nos ofrece no solamente la posibilidad de ver buen cine sino, también, de que reflexionemos sobre el llamado séptimo arte, que en el caso de Blade runner se justifica plenamente la expresión.

De ahí que la considere como una de las películas infaltables en mi videoteca personal.

Del mismo que tengo, por supuesto, libros infaltables en mi biblioteca personal. 

Guadalajara, Jalisco, a 24 de marzo de 2012 (fecha original del texto).



Fotograma de Blade Runner (Ridley Scott, 1982, EU).




A manera de epílogo.

(Pero lo que más celebro, ahora, es el regreso del proyecto de PlasmArte, pero ahora no solamente recargado sino, incluso, revolucionado; más amplio, mejor estructurado y mucho más ambicioso. Espero que se sotenga por muchco tiempo).




*J. Ignacio Mancilla
[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]