Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de octubre de 2018

Una trilogía más que impactante




Exactamente dentro de un mes, el próximo miércoles 28 de noviembre, a las 12:30 horas, estará entre nosotros António Lobo Antunes, el escritor portugués, creador de una de las narrativas contemporáneas más importantes. Esto en el contexto de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que este año está dedicada a Portugal. En el auditorio Silvano Barba del Centro Universitario de Ciencias Sociales y de Humanidades (CUCSH) de nuestra Universidad de Guadalajara. Va, a un mes antes de su presencia y a manera de invitación a su lectura, el siguiente texto.


Una trilogía más que impactante: Tratado de las pasiones del alma (1990/1995), El orden natural de las cosas (1992/1996) y La muerte de Carlos Gardel (1994/1997), de António Lobo Antunes

J. Ignacio Mancilla*




“La familia del Juez de Instrucción
vivía al otro lado de la plaza de
la feria (que visitada años después
era mucho más pequeña de lo
que de niño le parecía) […]”.

El comienzo de Tratado de las pasiones del alma.

“[…] Jorge que si estuviese vivo diría,
negándose a saludarte, molesto
por tus varices, tus chancletas,
tus errores de gramática, Claro
 que tenías que casarte con una
cocinera, era de esperar, felizmente
 que madre ya no está aquí para
asistir a una vergüenza semejante […]”

A la mitad de la narrativa de El orden natural de las cosas.

“[…] y comprendí lo que hasta entonces
no había sido capaz de entender,
incluso desde fuera del Jardín Zoológico,
a pesar de los dolores, de los mareos,
del peso en  las piernas y de la sensación
de desmayo, lo vi, a través de las rejas,
empujar con los brazos extendidos,
hacia atrás y hacia adelante,
un columpio vació”.

Final de La Muerte de Carlos Gardel.



Imposible dar cuenta, en pocas líneas, de esta inmensa trilogía de la literatura contemporánea, más que impactante. Sin embargo va, sabiendo de antemano que quedarán muchas cosas fuera de este apretado texto; que escribo más que nada como una sugerencia ,y una invitación a que se animen a leer la singular narrativa de António Lobo Antunes, nada fácil, antes bien muy difícil. Pero, ¿por qué la literatura tendría que ser fácil? La narrativa de Lobo Antunes nos dice mucho de la complejidad de la vida humana, su alma y sus recovecos. Todo el tiempo tocada por la muerte, como lo sabemos bien, todas sus lectoras y lectores.

Esta trilogía, publicada a lo largo de 5 años, traducida y editada por Editorial Siruela, nos ofrece, en un desquiciante estilo de voces múltiples, en vértigo, que se comunican e incomunican entre sí, el carácter aporético de la vida de  los sujetos modernos. Nada más, pero nada menos.


Foto de la trilogía de António Lobo Antunes, tal y como hice la lectura la primera vez.


En el primer texto de la trilogía, Tratado de las pasiones del alma, el odio y el amor hacen su aparición a través de los dos personajes principales: el Juez y el Terrorista, viejos conocidos desde la infancia y que, ya como adultos, se confrontan legalmente; careo inusitado que toma el complejo camino de los resentimientos, de clase y no. Y, por tanto, también como enfrentamiento desde lo político e ideológico. Y sin ningún tipo de miramientos… con todo el encarnizamiento posible, llevado a su violencia extrema, que les viene desde el amor/odio de la infancia marcada, profundamente, por las diferencias de clase.

En la segunda novela, El orden natural de las cosas, la vida y sus enfermedades, corporales y del alma, hacen acto de presencia mediante una narrativa casi alucinante y muy angustiante en la que, como en un coro polifónico, las voces aunque se juntan, no se confunden; antes bien nos cuentan del entreveramiento de los sujetos ahí en sus dimensiones más vitales, pero más mortales también. Para mal y para bien. Dándosenos cuenta, así, de la grandeza y la pobreza, las dos cosas a la vez, en las que transcurre toda la vida humana. Como un caleidoscopio vital y mortal en el que, como sujetos, nos vemos proyectados en los momentos más grandes y más miserables de nuestras vidas. Tanto desde la perspectiva psíquica como corporal. ¡Ay, la vida humana! 

Las última entrega, La muerte de Carlos Gardel, en una especie de explosión de ese estilo de  escritura dislocante, pero bella, incluso estetizante, nos confronta ante los sujetos en vilo que viven y se desviven en esa imposibilidad de la vida humana misma, en tanto condenada a vivir y morir, siempre; sin redención y en agonía perpetua. Eterna y profanamente. En lo que es, todo el tiempo, la vida humana que, como decía Nietzsche, es demasiado humana. Así, de manera magistral, Lobo Antunes cierra su trilogía dedicada a la muerte tan inhumana, pero demasiado humana, al final de cuentas. Así nada más.

Breve aclaración. Me topé con António Lobo Antunes por pura casualidad, como lo he hecho con no pocos de los autores que más me gustan y que más han influido en mi manera de pensar y no sé si en mi forma de escribir. La primera novela que leí fue El orden natural de la cosas, y no lo hice ni al primer ni al segundo intento y  ni siquiera al tercero; con mucho trabajo a la hora de su comprensión. Inmediatamente me percaté que dicha novela era parte de una trilogía y me di a la tarea de leerla y releerla completa y ya en el orden establecido. Con todas sus dificultades de por medio. Que no son pocas, porque la narrativa de Lobo Antunes nos toca muy de cerca el alma, a cada momento y nos hace cimbrar, todo el tiempo, el cuerpo entero y toda el alma.

He releído una y otra vez estas novelas, al igual que otras del autor lusitano que me fascina; no sin inquietudes y angustias profundas, movilizadas por sus letras y estilo que, como escalpelo, no solamente nos abre el cuerpo sino que nos raja el alma, en una especie de autopsia de nuestra subjetividad, quedando ésta descarnada y exhibida, sin importar que es de los otros y no de nosotros sobre los que se escribe y se habla. Pero…

… Al fin de cuentas, también sobre nosotros se cuenta el cuento.


Foto de la trilogía tal y como fue publicada, orden que hice en mi relectura, aunque también la he releído de modos distintos.


He aquí el gran valor de la literatura más que actual de António Lobo Antunes, que es como un espejo de la vida, pero también de la muerte.

Sea dicho esto en un tiempo en que se imponen, en el mercado, las narrativas fáciles y de autoayuda, sin ninguna trascendencia más que la de la ganancia y el sosiego narcisista de las y los lectores que buscan una literatura para tranquilizar sus conciencias.

La literatura de António Lobo Antunes es otra cosa, algo radicalmente distinto.

Una experiencia a la que el lector y la lectora de nuestro tiempo tiene que enfrentarse, realmente, si su preguntar(se) tiene que ver con su (nuestra) condición humana. La única que tenemos, hasta nuevo aviso. Esto en un mundo cada vez más inhumano.           


*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        







martes, 13 de febrero de 2018

Juan Flores, el de los libros del CUCSH




J. Ignacio Mancilla*






Quiero ocuparme, esta ocasión, de alguien y algo que me atañe sobremanera: de un librero muy singular y de los libros que ha puesto en mis manos. Estoy hablando de Juan Flores, el de los libros del CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) de la Universidad de Guadalajara. Al tiempo que, también, rindo un homenaje modesto pero sincero a otro librero de ese mismo ámbito, ya fallecido; me refiero a Ángel Junco (1958-2014), que descanse en paz.

Este año Juan cumple 27 años de librero en el CUCSH, se instaló por primera vez allá por el año de 1991; en números globales, ha movilizado alrededor de 50 mil libros. Él nació en lo que hoy es la Ciudad de México, la que oficialmente antes se denominó Distrito Federal. Actualmente tiene 57 años y fue Juan Sánchez Chong, de origen chino, personaje ya fallecido, quien lo introdujo en el mundo de los libros. Recuerda haber leído a Anton Makarenko, el más que famoso Poema pedagógico y La madre, de Máximo Gorki, precisamente a instancias de tan importante sujeto en su vida.




Juan conoce su oficio y sabe de libros; ha leído lo suficiente para mantener una conversación alrededor del mundo de las letras. Leyó al brasileño Jorge Amado y al mexicanísimo José Revueltas, conocido personalmente por Juan Sánchez Chong, quien, de alguna manera, fungió como su tutor y lo recuerda, siempre, con mucho respeto y gratitud.

Lo que sabe del marxismo se lo debe también a ese singular personaje que tanto le trasmitió y que él no duda en reconocer lo que aprendió a su lado; aunque no deja de ver lo que pese a las importantes “enseñanzas” del chino, él no ha podido corregir y que considera como sus “errores”; que de vivir “el chino”, dice, lo regañaría por esas sus inconsecuencias.




En cuanto a libros, dice que los que más le compran son los profesores de Filosofía y los de Letras; y que lo mismo ocurre con los estudiantes. Que también son los de Letras y los de Filosofía los que más se acercan, ven y adquieren los libros que él día con día exhibe y pone a su disposición. Lo mismo ocurre con los de Historia. Profesores y alumnos.

Sostiene que no hay diferencias sustantivas, en cuanto a la compra de libros, entre mujeres y hombres. Que en caso de haberlas, serían prácticamente insignificantes.

¿Qué ocurre, nos preguntamos nosotros, con los demás profesores y estudiantes? ¿Acaso los de las otras especialidades no leen? ¿Leen menos? ¿No les interesan los libros? Son preguntas que no vamos a responder y que dejaremos abiertas.

Fue en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) donde vio la exhibición y venta de libros, al tiempo que acudía a las conferencias que se organizaban en el Auditorio “Che Guevara”; experiencia que, aunada al contacto y enseñanzas de Juan Sánchez Chong determinó lo que desde ya casi tres décadas hace para ganarse la vida.

Son varios los libros que Juan Flores ha puesto en mis manos y que de no ser por él, estoy seguro que no los habría leído. Recuerdo con mucho agrado, por todo lo que me aportó sobre uno de los temas más significativos del cristianismo, el de Geza Vermes, La resurrección, editado por Crítica. También viene a mi mente un libro poco común, La materia oscura. Historia cultural de la mierda, de Florian Werner, editado por Tusquets. Y, recientemente, texto que estoy disfrutando sobremanera, el de Peter Watson, La edad de la nada. El mundo después de la muerte de Dios, también publicado por Crítica y tan significativo para el tema de Dios en la Modernidad.

Por supuesto que no son los únicos, pero son los que traigo a la memoria para así darle un lugar a esa labor tan importante que Juan Flores ha desempeñado ya casi por treinta años, la de difusor de la cultura y la de facilitador de los libros, mismos que son tan indispensables en un mundo en el que la cultura será nuestra salvación o no será.

Juan Flores, con su presencia, ha hecho lo que quizás muchos de nosotros, los profesores, no hemos sabidos hacer de la mejor manera: fomentar la lectura y el amor a los libros.





P. D.


Los que puedan, no dejen de ir con Juan Flores. Seguramente encontrarán más de alguna libresca sorpresa.





*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]