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martes, 8 de mayo de 2018

¡Extra, extra! ¡Paro en la Universidad de Guadalajara!



J. Ignacio Mancilla*




Algo inusitado ha acontecido en la Universidad de Guadalajara, con motivo de las desapariciones forzadas de los tres estudiantes del CAAV, Javier Salomón Aceves, Jesús Daniel Díaz y Marco Francisco Ávalos. Las alumnas y alumnos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), además de otros, tomaron la decisión de parar las clases y, además, acompañar la marcha silenciosa que hicieron los padres de los desaparecidos de Jalisco el pasado viernes 4 de mayo. El paro inició el miércoles 2 de mayo a las 14 horas y se dio por concluido el viernes 4 de mayo a las 15 horas.


Foto: Ayotzinapa somos todxs Jalisco.


Esto al margen de las autoridades y de la tutela estudiantil de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), proclives, siempre, en ir a contracorriente de los vientos históricos del cambio; como en su tiempo lo hizo la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), organización que, en los hechos, se convirtió en el brazo armado del Estado dentro de la Universidad y que, hoy, sus líderes, son parte ya, de la "burguesía dorada" (Emilio González dijo, ja, ja, ja) y como tales miembros fácticos de la región.

Si atendemos a esta historia y al actual contexto, no cabe duda la dimensión de acontecimiento que puede llegar a tener el paro universitario; aunque esto es algo que solamente el tiempo determinará; sin embargo, al parecer algunos coordinadores de carrera se han visto obligados a renunciar, en cuanto han sido señalados como "acosadores".

En lo que respecta a nosotros, más allá de prometer una reflexión más detenida del paro y sus diversos sentidos, señalamos que este, el paro, viene de las huelgas obreras; y que, por el momento, lo único que pretendemos hacer es dar constancia del mismo, casi en el nivel estrictamente noticioso, pues seguramente muchos, a pesar de su condición de universitarios, ni siquiera se enterarán, debido ello a los férreos controles, cual dictadura de partido único, que todavía se estilan en nuestra Universidad. Esta es la significación, y no otra, que tuvo el pedir que las y los profesores firmaran su "compromiso" de no suspender clases.


Foto: Fernanda Justo.


Sí, paro viene del verbo parar, que proviene del latín paráre (preparar) y tiene muchas significaciones, entre las que destacamos: "detener e impedir el movimiento de acción de alguien" (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

Por supuesto que la acción no se reducía a parar clases, sino, sobre todo, a llamar la atención hacia la aberrante normalización de las desapariciones forzadas que está afectando centralmente a las y los jóvenes, también universitarios.

De ahí el carácter profundamente reaccionario que adquirió contraponerse al paro, so pretexto de las clases y el fin de semestre, como si esto fuera más importante que la vida misma.


Foto: Fernanda Justo.


Si los Tigres, me refiero al equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), como de hecho lo dijo su director técnico, (el famoso "Tuca" Ferreti) en conferencia de prensa, después de haber sido eliminados por el equipo Santos de Torreón, Coahuila, se han aburguesado, ¿qué decir de los profesores y profesoras de la Universidad de Guadalajara?

Ello independientemente de los salarios ridículos de las y los maestros de asignatura, que son la mayoría en la Universidad de Guadalajara; que contrastan notablemente con los grandes salarios de sus flamantes funcionarios.

¿Se ha aburguesado la Universidad de Guadalajara? ¿Ello a pesar del claro origen marxista de su lema: "Piensa y trabaja"?


Foto: Fernanda Justo.


Esta es una historia muy compleja que merece ser contada en otra ocasión; por ahora, desde este modesto espacio reivindicamos el paro como un acto digno de las y los estudiantes de la Universidad de Guadalajara en contra del terrorismo de Estado que, aunado con el crimen organizado, ha causado la muerte de más de doscientos mil mexicanos y la desaparición de más de treinta mil. Como en los momentos más trágicos de las crueles dictaduras sudamericanas y eso que aquí se presume de un régimen democrático. 

De esto no se escandalizan quienes pretenden que el paro es un atentado contra su libertad de clases.

¡Claro que no quieren la desaparición de las clases! ¡Pero de las clases sociales!

Y es que los Leones Negros también se han aburguesado, ¿verdad Emilio?

¡Lástima (Margarito) Emilio!


Foto: Fernanda Justo.


P. D. Rulfiana


¿El cacique se desmoronará cuando ya estemos todos muertos, como en Comala?, (eres tú, Raúl; tomo por esta vez, prestada la histórica frase usada tan a menudo por Juan José Doñán, a quien saludo desde este modesto blog).






*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]











martes, 13 de febrero de 2018

Juan Flores, el de los libros del CUCSH




J. Ignacio Mancilla*






Quiero ocuparme, esta ocasión, de alguien y algo que me atañe sobremanera: de un librero muy singular y de los libros que ha puesto en mis manos. Estoy hablando de Juan Flores, el de los libros del CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) de la Universidad de Guadalajara. Al tiempo que, también, rindo un homenaje modesto pero sincero a otro librero de ese mismo ámbito, ya fallecido; me refiero a Ángel Junco (1958-2014), que descanse en paz.

Este año Juan cumple 27 años de librero en el CUCSH, se instaló por primera vez allá por el año de 1991; en números globales, ha movilizado alrededor de 50 mil libros. Él nació en lo que hoy es la Ciudad de México, la que oficialmente antes se denominó Distrito Federal. Actualmente tiene 57 años y fue Juan Sánchez Chong, de origen chino, personaje ya fallecido, quien lo introdujo en el mundo de los libros. Recuerda haber leído a Anton Makarenko, el más que famoso Poema pedagógico y La madre, de Máximo Gorki, precisamente a instancias de tan importante sujeto en su vida.




Juan conoce su oficio y sabe de libros; ha leído lo suficiente para mantener una conversación alrededor del mundo de las letras. Leyó al brasileño Jorge Amado y al mexicanísimo José Revueltas, conocido personalmente por Juan Sánchez Chong, quien, de alguna manera, fungió como su tutor y lo recuerda, siempre, con mucho respeto y gratitud.

Lo que sabe del marxismo se lo debe también a ese singular personaje que tanto le trasmitió y que él no duda en reconocer lo que aprendió a su lado; aunque no deja de ver lo que pese a las importantes “enseñanzas” del chino, él no ha podido corregir y que considera como sus “errores”; que de vivir “el chino”, dice, lo regañaría por esas sus inconsecuencias.




En cuanto a libros, dice que los que más le compran son los profesores de Filosofía y los de Letras; y que lo mismo ocurre con los estudiantes. Que también son los de Letras y los de Filosofía los que más se acercan, ven y adquieren los libros que él día con día exhibe y pone a su disposición. Lo mismo ocurre con los de Historia. Profesores y alumnos.

Sostiene que no hay diferencias sustantivas, en cuanto a la compra de libros, entre mujeres y hombres. Que en caso de haberlas, serían prácticamente insignificantes.

¿Qué ocurre, nos preguntamos nosotros, con los demás profesores y estudiantes? ¿Acaso los de las otras especialidades no leen? ¿Leen menos? ¿No les interesan los libros? Son preguntas que no vamos a responder y que dejaremos abiertas.

Fue en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) donde vio la exhibición y venta de libros, al tiempo que acudía a las conferencias que se organizaban en el Auditorio “Che Guevara”; experiencia que, aunada al contacto y enseñanzas de Juan Sánchez Chong determinó lo que desde ya casi tres décadas hace para ganarse la vida.

Son varios los libros que Juan Flores ha puesto en mis manos y que de no ser por él, estoy seguro que no los habría leído. Recuerdo con mucho agrado, por todo lo que me aportó sobre uno de los temas más significativos del cristianismo, el de Geza Vermes, La resurrección, editado por Crítica. También viene a mi mente un libro poco común, La materia oscura. Historia cultural de la mierda, de Florian Werner, editado por Tusquets. Y, recientemente, texto que estoy disfrutando sobremanera, el de Peter Watson, La edad de la nada. El mundo después de la muerte de Dios, también publicado por Crítica y tan significativo para el tema de Dios en la Modernidad.

Por supuesto que no son los únicos, pero son los que traigo a la memoria para así darle un lugar a esa labor tan importante que Juan Flores ha desempeñado ya casi por treinta años, la de difusor de la cultura y la de facilitador de los libros, mismos que son tan indispensables en un mundo en el que la cultura será nuestra salvación o no será.

Juan Flores, con su presencia, ha hecho lo que quizás muchos de nosotros, los profesores, no hemos sabidos hacer de la mejor manera: fomentar la lectura y el amor a los libros.





P. D.


Los que puedan, no dejen de ir con Juan Flores. Seguramente encontrarán más de alguna libresca sorpresa.





*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]











viernes, 1 de mayo de 2015

El por-venir de la Universidad de Guadalajara, ¿una ilusión?

J. Ignacio Mancilla*



[ACLARACIÓN:
No sé si por esta única vez el presente texto tiene que ver, directamente, con el que abrió este blog; no importa que su origen haya sido anterior, una especie de respuesta anticipada. Así lo quise, esta ocasión, porque mucho de lo que se dice de la Universidad en el primero se visualiza, aquí, desde otra perspectiva, también crítica. Está modificado y sintetizado, por exigencias de espacio, pero se conservó la fecha de su emisión. Que el lector o lectora juzgue.] 





“El amo que produce esta operación de desplazamiento,
de transferencia bancaria, del saber del esclavo, ¿tiene
acaso ganas de saber? ¿Tiene el deseo de saber? Un verdadero
amo, esto es algo que por lo general hemos visto hasta épocas
recientes, y cada vez se ve menos, no desea saber nada en
absoluto, lo que desea un verdadero amo es que la cosa marche”.

Jacques Lacan, El Reverso del psicoanálisis.


Para cualquier persona inserta en lo que comúnmente se denomina la cultura “psi” es más que obvio que el título del presente texto tiene que ver con el famoso ensayo sobre la religión de Sigmund Freud llamado El porvenir de una ilusión.

Sí, voy a hablar de los retos de la Universidad de Guadalajara ante el siglo XXI.

Por supuesto que los retos son muchos, por lo que yo tomaré solamente tres; y para hacer una reflexión de tipo filosófico-política, seguiré algunas de las más que sugerentes ideas desarrolladas por el filósofo de la deconstrucción Jacques Derrida (1930-2004) en su conferencia presentada ante la Universidad de Stanford (1998) y la Facultad de Filosofía de Murcia (2001), posteriormente publicada, en español, por la Editorial Trotta, con el título de Universidad sin condición.

Esto en el contexto de mi candidatura independiente, candidatura simbólica pero no por ello menos real que las candidaturas oficiales, candidatura de resistencia que pretendió, entre otras cosas, despertar las conciencias de los universitarios (trabajadores administrativos, estudiantes, profesores e investigadores) de la Universidad de Guadalajara ante lo que podemos establecer como la lamentable postración y burocratización de la Universidad.

Para adentrarme en el asunto, quisiera empezar con lo que llamaré:

a)    El reto epistemológico de una libertad incondicional para un pensamiento de la verdad.

Para todo mundo es sabido el compromiso histórico del discurso filosófico con la verdad como cuestión.

De platón a Derrida y más acá, pero también más allá, para jugar con otro texto de Freud, el de Más allá del principio de placer.

¿Somos un Estado de tipo democrático?

¿Existe en la Universidad de Guadalajara un pensamiento de la verdad?

Y, sobre todo, ¿se dice, públicamente, en la Universidad y fuera de ella, lo que “exige una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad”?

Las interrogantes podría multiplicarlas casi hasta el infinito, al fin de cuentas soy un filósofo, pero no lo haré

Con esto paso a lo que yo llamo:

b)    El reto de la profesionalización de la enseñanza, un reto laboral por antonomasia.

La revolución digital, de enormes consecuencias en todos los ámbitos de la vida humana, ha repercutido en el mundo del trabajo; para bien y para mal.

Ya Jeremy Rifkin se ha detenido en dichas consecuencias en su más que famoso libro El Fin del trabajo. El declive de la fuerza de trabajo global y el nacimiento de la era postmercado (1995) en el que plantea, fundamentalmente, la recomposición tecnológico-capitalista desde la perspectiva del capital.

En la conferencia aludida, Derrida aborda críticamente a Rifkin, sobre todo en lo que respecta a los límites del planteamiento rifkiniano en lo tocante al trabajo dentro del ámbito universitario.

En la Universidad de Guadalajara el 56% de las y los maestros, hay quienes sostienen que son más, somos maestros por asignatura con sueldos ridículos, lo que establece, en los hechos, profesores de segunda y profesores de primera.

Ello al margen de que sea sobre los profesores de segunda, que recae casi el total de la enseñanza y la transmisión universitaria.

Lo que nos habla de una sobreexplotación laboral que atenta contra todo tipo de derechos, el laboral y el de los derechos humanos, sobre todo. Y es la Universidad la que está implicada. Cosa inaudita.

Pero no puedo desarrollar con el debido detenimiento este asunto porque no quiero que se alargue demasiado este texto.

De este modo, paso al último punto de la misma, al punto que yo llamo:
 
c)    El reto topológico, es decir el reto de la deslocalización del saber extramuros de la universidad.
Hoy, por paradójico que parezca, el saber no necesariamente se encuentra en la universidad; baste pensar en Internet y en la pronta accesibilidad, haciendo click, a una información prácticamente infinita sobre cualquier tema, ya sea sencillo o complejo.

De modo que la sabiduría no necesariamente es universitaria y no pocas veces es la ignorancia la que se viste de universitaria, lamentablemente.

¿Se acuerdan de Enrique Peña Nieto y su incapacidad de nombrar tres libros que hubieran marcado su vida?

Algo que aconteció en una Feria Internacional del Libro, aquí en Guadalajara. Y lo acompañaba alguien que había sido Rector de nuestra Universidad.

Se trata, pues, de un universitario. O de universitarios, mejor dicho.

Y no es que un universitario tenga que saber de todo, por supuesto que no, pero no puede tener una menor competencia que la del saber medio accesible digitalmente por medio de la red, por lo menos en lo que respecta a su especialidad.

Desde esta perspectiva urge una deconstrucción de la universidad cuando de lo que se trata, en la actualidad, es de producir conocimientos.

Ruy Pérez Tamayo lo dice más que claramente, hablando también del apoderamiento gangsteril de la educación de México, aludiendo a la más que famosa profesora Elba Esther Gordillo (en la cárcel desde hace algún tiempo).

Pero, ¿han cambiado por ello las cosas? Lamentablemente no.

¿Acaso son diferentes las cosas en la Universidad de Guadalajara?

¿Han vislumbrado algo de esta universidad “para ser pensada” los candidatos oficiales? Hoy uno de ellos es el Rector, Tonatiuh Bravo Padilla.

Me temo que no, el simulacro del debate y la simulación de las elecciones nos indican que la única universidad que ellos pueden visualizar es la universidad realmente existente, la universidad de los poderes metainstitucionales concentrados en unas cuentas personas, una la más visible, de nombre Raúl Padilla López.

La única universidad que ven es la universidad como poder fáctico engullidora de los dineros públicos, pero que ni siquiera es capaz de rendir cuentas de manera transparente y que dilapida muchos recursos en tareas que nos son las tareas sustantivas de la universidad. Por ejemplo sostener un equipo de fútbol.

Esto es algo más que sabido y algo en lo que el Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU) ha venido insistiendo públicamente, por lo menos desde el Foro denominado Qué Universidad tenemos, qué Universidad queremos.

No es esa universidad la que el Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU) quiere; para nosotros no es esa la Universidad de Guadalajara del por-venir.
Nosotros queremos una Universidad de Guadalajara del siglo XXI; ese es nuestro sueño, que no es lo mismo que una ilusión.

Y esta es la lógica de nuestra plataforma, condensada en 31 puntos programáticos y estructurados en tres ejes interrelacionados (el académico, el institucional y de gobierno y el económico y financiero).     

La posición política del CRU en lo que respecta a la Universidad de Guadalajara quedó suficientemente explicitada en el Foro que realizamos hace poco más de un año y se resume en la plataforma que presentamos públicamente el pasado 24 de enero (2012) en las escalinatas de la Universidad de Guadalajara.

Mi posición como candidato independiente a la Rectoría General de la Universidad de Guadalajara las expuse claramente en las distintas entrevistas tanto de prensa como radiales, y que algunos medios recogieron oportunamente.

Es una posición que no nace con mi candidatura, sino que viene de muy atrás, de una vieja militancia por la transformación de la Universidad de Guadalajara y también por la transformación del país.

En este sentido, la candidatura ha sido un paso más en una vida dedicada a la enseñanza, pero también dedicada a la militancia política, cuya expresión máxima fue haber sido asesor de una mujer extraordinaria en la LVI Legislatura Federal y, posteriormente, con ella misma, haber sido funcionario público en el Gobierno del Distrito Federal.

Digo esto en su memoria y como homenaje a ella, su nombre era Carlota Botey y Estapé (1940-2011).

Por su parte, habría que hacer, aquí, una larga memoria histórica del devenir actual de la Universidad de Guadalajara; estamos donde estamos no por efecto de la casualidad.

Pero sólo traeré, como ejercicio memorístico, lo que escribí allá por el año de 1989 respecto a la Universidad de Guadalajara, justo en el tiempo del rectorado de Raúl Padilla López.

El 23 de agosto de 1989 escribí en El Nacional:

“¿Qué está pasando actualmente en esa Universidad? En primer lugar no olvidemos el contexto político nacional, con sus efectos en la política local y la política universitaria como parte de ella. Ese contexto podemos ubicarlo, en la historia reciente, después del 6 de julio de 1988. El cambio de rector, en el pasado mes de abril en la Universidad de Guadalajara, su proyecto modernizador (desde arriba) y su apuesta por la reforma académica están situados en ese contexto”.
Y terminaba mi reflexión, en ese entonces, de la siguiente manera:

“Quizá esas primeras decisiones del Rector afectaron viejos intereses que hacen hoy que sus antiguos aliados (parte del grupo de los “jóvenes”) se pongan en su contra. ¿Cuál es el fondo de las diferencias? ¿Meros cotos de poder o concepciones encontradas sobre la universidad? ¿O, en última instancia, está en escena esa vieja historia de la que poco se habla y por la cual muchos actúan? Ojalá que al final de todo esto pueda ganar la Universidad, preservando sus esenciales fines de investigación y academia”.
 
A dicha reflexión la intitulé La U de G, esa antigua historia, y estuvo precedida, como epígrafe, de una línea perteneciente a un poema de León Felipe que dice: “Y sé todos los cuentos”.

Obviamente el contexto político nacional, local y universitario de hoy es otro.

Sin embargo, ¿podemos olvidar esa antigua historia llamada Universidad de Guadalajara?

¿De verdad marchan las cosas en la Universidad de Guadalajara?

Memoria e historia es lo que estará en juego, nuevamente, como en antaño.

Estamos ante la historia de la Universidad de Guadalajara.

Y nuestra perspectiva es la de la crítica, no podría ser de otra manera, por mi historia, por nuestra historia.

Muchas gracias.


                                          Guadalajara, Jalisco, a 30 de enero de 2013. [Fecha original]


                                                                                          *J. Ignacio Mancilla [1]

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]


FB: Juan Ignacio Mancilla Torres















[1] Profesor de asignatura de los Departamentos de Filosofía e Historia del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), de la Universidad de Guadalajara y candidato independiente a Rector General por el Colectivo de Reflexión Universitaria en el 2012 (CRU).