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martes, 8 de mayo de 2018

¡Extra, extra! ¡Paro en la Universidad de Guadalajara!



J. Ignacio Mancilla*




Algo inusitado ha acontecido en la Universidad de Guadalajara, con motivo de las desapariciones forzadas de los tres estudiantes del CAAV, Javier Salomón Aceves, Jesús Daniel Díaz y Marco Francisco Ávalos. Las alumnas y alumnos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), además de otros, tomaron la decisión de parar las clases y, además, acompañar la marcha silenciosa que hicieron los padres de los desaparecidos de Jalisco el pasado viernes 4 de mayo. El paro inició el miércoles 2 de mayo a las 14 horas y se dio por concluido el viernes 4 de mayo a las 15 horas.


Foto: Ayotzinapa somos todxs Jalisco.


Esto al margen de las autoridades y de la tutela estudiantil de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), proclives, siempre, en ir a contracorriente de los vientos históricos del cambio; como en su tiempo lo hizo la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), organización que, en los hechos, se convirtió en el brazo armado del Estado dentro de la Universidad y que, hoy, sus líderes, son parte ya, de la "burguesía dorada" (Emilio González dijo, ja, ja, ja) y como tales miembros fácticos de la región.

Si atendemos a esta historia y al actual contexto, no cabe duda la dimensión de acontecimiento que puede llegar a tener el paro universitario; aunque esto es algo que solamente el tiempo determinará; sin embargo, al parecer algunos coordinadores de carrera se han visto obligados a renunciar, en cuanto han sido señalados como "acosadores".

En lo que respecta a nosotros, más allá de prometer una reflexión más detenida del paro y sus diversos sentidos, señalamos que este, el paro, viene de las huelgas obreras; y que, por el momento, lo único que pretendemos hacer es dar constancia del mismo, casi en el nivel estrictamente noticioso, pues seguramente muchos, a pesar de su condición de universitarios, ni siquiera se enterarán, debido ello a los férreos controles, cual dictadura de partido único, que todavía se estilan en nuestra Universidad. Esta es la significación, y no otra, que tuvo el pedir que las y los profesores firmaran su "compromiso" de no suspender clases.


Foto: Fernanda Justo.


Sí, paro viene del verbo parar, que proviene del latín paráre (preparar) y tiene muchas significaciones, entre las que destacamos: "detener e impedir el movimiento de acción de alguien" (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

Por supuesto que la acción no se reducía a parar clases, sino, sobre todo, a llamar la atención hacia la aberrante normalización de las desapariciones forzadas que está afectando centralmente a las y los jóvenes, también universitarios.

De ahí el carácter profundamente reaccionario que adquirió contraponerse al paro, so pretexto de las clases y el fin de semestre, como si esto fuera más importante que la vida misma.


Foto: Fernanda Justo.


Si los Tigres, me refiero al equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), como de hecho lo dijo su director técnico, (el famoso "Tuca" Ferreti) en conferencia de prensa, después de haber sido eliminados por el equipo Santos de Torreón, Coahuila, se han aburguesado, ¿qué decir de los profesores y profesoras de la Universidad de Guadalajara?

Ello independientemente de los salarios ridículos de las y los maestros de asignatura, que son la mayoría en la Universidad de Guadalajara; que contrastan notablemente con los grandes salarios de sus flamantes funcionarios.

¿Se ha aburguesado la Universidad de Guadalajara? ¿Ello a pesar del claro origen marxista de su lema: "Piensa y trabaja"?


Foto: Fernanda Justo.


Esta es una historia muy compleja que merece ser contada en otra ocasión; por ahora, desde este modesto espacio reivindicamos el paro como un acto digno de las y los estudiantes de la Universidad de Guadalajara en contra del terrorismo de Estado que, aunado con el crimen organizado, ha causado la muerte de más de doscientos mil mexicanos y la desaparición de más de treinta mil. Como en los momentos más trágicos de las crueles dictaduras sudamericanas y eso que aquí se presume de un régimen democrático. 

De esto no se escandalizan quienes pretenden que el paro es un atentado contra su libertad de clases.

¡Claro que no quieren la desaparición de las clases! ¡Pero de las clases sociales!

Y es que los Leones Negros también se han aburguesado, ¿verdad Emilio?

¡Lástima (Margarito) Emilio!


Foto: Fernanda Justo.


P. D. Rulfiana


¿El cacique se desmoronará cuando ya estemos todos muertos, como en Comala?, (eres tú, Raúl; tomo por esta vez, prestada la histórica frase usada tan a menudo por Juan José Doñán, a quien saludo desde este modesto blog).






*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]











martes, 27 de marzo de 2018

Tener un rector así…




J. Ignacio Mancilla*





El miércoles 21 de marzo estuvo en Guadalajara Hugo Aboites, rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), con motivo de la Cátedra Licenciado Javier Michel Vega (1918-1978), impulsada por el Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU) de la Universidad de Guadalajara, y de quien este año se cumple el primer centenario de su nacimiento.

Disertó sobre las elecciones y el malestar universitario, en ese momento nada sabíamos de la desaparición forzada de 6 estudiantes de Guadalajara (dos ya aparecieron y uno lo encontraron lamentablemente muerto; de tres no se sabe su paradero). Su exposición, al tiempo que clara y brillante, fue bastante contundente en lo que respecta al proyecto privatizador de la educación y de las universidades, que desde los años ochenta han venido apoyando, a contracorriente de los intereses nacionales, los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de Acción Nacional (PAN). Los que hoy, engañosamente, se quieren presentar como radicalmente diferentes, cuando desde las reformas salinistas al artículo 27 constitucional han operado en los acuerdos fundamentales y desnacionalizadores, incluyendo la “quema de boletas electorales” de la “elección fraudulenta” de 1988 (Diego Fernández de Ceballos). Hoy todos admiten el fraude.


Cátedra: Licenciado Javier Michel Vega.


Como rector no tiene igual, pues se ha caracterizado por asumir la crítica del modelo neoliberal en los diferentes niveles educativos y no dudó, en su charla, en llamar a replicar la experiencia de la UACM.

Al tiempo que hizo memoria del movimiento de Córdoba, Argentina, lugar donde se gestó la autonomía universitaria que hoy está siendo asediada, en México, por la oligarquía y los poderes fácticos (los del dinero).

Después de su exposición, se abrió el diálogo y quienes participaron fueron sobre todo las mujeres. Todas la preguntas fueron más que agudas y críticas (“picudas”, las llamó Hugo Aboites) y giraron en torno al momento actual que vivimos en México, en vísperas de las elecciones. Y, por tanto, a la exigencia de movilizarse en la defensa de la autonomía universitaria y contra la reforma educativa en la medida que pretende desmantelar la gratuidad de la educación en aras de su privatización.


Cátedra: Licenciado Javier Michel Vega.


Al igual que en sus artículos periodísticos, publicados por La Jornada, enjuició duramente al actual régimen en lo tocante al fracaso de la mal llamada reforma educativa y llamó “tomadura de pelo” a todo sistema evaluatorio, tanto el referido a los profesores como el de las pruebas de admisión, sin por ello dejar de señalar, también, los límites que tiene el sorteo, que es el sistema que la UACM lleva a cabo, para terminar por decantarse por la eliminación de los exámenes, para que, sostuvo, el ingreso sea abierto, sin ningún tipo de impedimento.

Sin duda que el mayor obstáculo para ello es el de los limitados recursos públicos.

Pero, preguntamos nosotros, en la medida que aquí el asunto se vuelve político, ¿de dónde salen los dineros para el incremento de los recursos a las instancias de seguridad, pese a su estrepitoso fracaso?

Y, sobre todo, ¿por qué no se confisca todo riqueza ilícita a los políticos y se usa con fines educativos y culturales?


Cátedra: Licenciado Javier Michel Vega.


Contrariamente a ello, la lógica que impera es la de la impunidad más cínica, pues aunque se demuestre con datos el saqueo permanente de los políticos al erario público, poco o nada se hace para castigar a los responsables. Es el famoso caso de Emilio Lozoya y su abierta participación en una red internacional de corrupción orquestada por la compañía brasileña Odebrecht; sin embargo, a pesar de todas las evidencia, ¿qué se ha hecho?

¿Qué ha hecho el propio candidato del PRI ante los muchos señalamientos de corrupción en diversas instancias oficiales cuando él fungió como secretario, tanto de hacienda como de desarrollo social, aparte de retóricamente afirmar que irá contra todo tipo de corrupción?

¿Por qué no lo hizo cuando fue, en varias ocasiones, uno de los más altos funcionarios de este régimen y otros?

En otros países, los políticos implicados en Odebrecht ya han caído o por lo menos han renunciado y aquí, como suele pasar, Lozoya sigue tan campante.

¿A quién beneficia toda esta red de complicidades que al parecer llega hasta el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM)?

Pero no todo queda ahí, pues algunas universidades han sido saqueadas y están a punto de colapsarse, pero poco se hace para resolver el complejo problema educativo y cultural, alegándose, todo el tiempo, la escasez de recursos monetarios; cuando vemos a los políticos y funcionarios universitarios viviendo como virreyes y, además, cuando es el caso ostentando su riqueza mal habida sin el más mínimo recato.

¿Qué hacer?, se impone esta pregunta que se hiciera Vladimir Ilich Lenin a principio del siglo XX allá en la Rusia zarista.

Al respecto, Hugo Aboites fue muy concreto y siendo congruente con su exposición, llamó a la lucha por impedir que se siga devastando el sistema educativo y propuso replicar, insisto en ello, con las diferencias específicas para cada universidad y cada lugar, el modelo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que, curiosamente, hace mucho más con mucho menos presupuesto, a diferencia de otras universidades. Y no hace distingo en el salario de los profesores.

¿Por qué será?

Dejo la pregunta abierta.



Cátedra: Licenciado Javier Michel Vega.


P. D.

Qué bien que fueron encontrados Susana Carolina Gutiérrez Flores y Pedro Ruíz Guerrero.

Y es muy lamentable no solamente que se haya encontrado muerto al estudiante de medicina, César Ulises Arellano Camacho, sino que se cuestione su vida misma.

En cuanto a los estudiantes de cine, Javier Salomón Aceves Gastélum, Daniel Díaz y Marco Ávalos, nada se sabe de ellos y esperamos que todo termine bien, pero que no se nos olvide el contexto de terrorismo de Estado que antes y después de Ayotzinapa se nos viene imponiendo como estrategia del miedo.




*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]











martes, 21 de noviembre de 2017

La unánime noche

(Apuntes sobre Ayotzinapa, tres años después)


Inés M. Michel*





“…lo que tenemos por parte del Estado y del gobierno es la injusticia, la atrocidad y el terror.
Lo que tenemos por parte de los estudiantes sobrevivientes de esa noche
y las familias de los 43 estudiantes desaparecidos es un ejemplo desgarrador de lucha y dignidad”.


John Gibler.




La noche del 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero se abrió una herida inmensa en el pueblo mexicano, una que a tres años de lo ocurrido tras la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, sigue sangrando y que, dolorosamente, no parece que vaya a sanar pronto.

Este episodio atroz continúa sin respuestas y sin solución para todos los familiares de los desaparecidos que siguen buscando justicia. Se sabe que en él participaron tanto policías municipales como federales e, incluso, el ejército[1]. Una operación conjunta que dio como resultado la pérdida del rastro de estos jóvenes que hoy podrían haber estado dando clases en un aula.

Ibero, la revista de la Universidad Iberoamericana, dedicó su número 52 (octubre-noviembre 2017) a rememorar lo ocurrido, consultando a diferentes especialistas y activistas para que dejaran constancia en sus páginas de lo poco que ha avanzado el caso, la importancia que tiene y el papel de las instancias gubernamentales que han funcionado como un obstáculo para encontrar el paradero de los muchachos. Titulado Ayotzinapa: 3 años sin verdad y sin justicia, resulta un documento que con gran responsabilidad y claridad expone los hechos en torno a la fatídica noche de septiembre, las investigaciones que han llevado por su cuenta las familias afectadas, la absurda “verdad histórica”[2] con la que se pretendió zanjar el asunto por parte de las autoridades, desmentida contundentemente por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), así como las claves que no debemos olvidar “… puesto que las y los desaparecidos son nuestros desaparecidos”[3].  

Y es que no solo se trata de 43 sino de miles de personas de las que se desconoce su paradero. Ayotzinapa se convirtió en el ejemplo de cómo la impunidad impera en el sistema de justicia mexicano y de la poca o nula capacidad que tienen las instancias correspondientes para investigar y lograr resultados en los casos de desaparición en todo el país.

Jan Jařab escribe, “Tres años después de los hechos la tragedia de los estudiantes sigue siendo también un símbolo poderoso, dentro y fuera de México, un caso emblemático… Tal y como ocurre con algunos nombres de otros pequeños lugares de nuestro planeta, sitios humildes, anteriormente desconocidos fuera de sus propios países, ‘Ayotzinapa’ e ‘Iguala’ estarán por siempre en la conciencia de la humanidad vinculados con una injusticia que trasciende lo cotidiano”[4].

Monumento a La Bandera, Iguala, Guerrero.
Tomada de: flickr.com


La tragedia sigue viva, Ayotzinapa no hizo más que evidenciar la grave crisis que vivimos en México desde hace más una década, es el símbolo de una realidad que cuenta con más de treinta mil personas desaparecidas solo en cifras oficiales, que dan cuenta en números cerrados de trece mil desaparecidos durante el sexenio de Felipe Calderón y en lo que va del correspondiente a Enrique Peña Nieto, dieciocho mil (activistas como Javier Sicilia manejan una cantidad total cercana a los doscientos mil)[5]. Los datos son estremecedores.

La unánime noche (tomando prestado el término que utiliza Borges al inicio de Las ruinas circulares) en que los estudiantes desaparecieron es todas las noches… A manera del fantasma que describe Guillermo del Toro en voz del personaje de Federico Luppi en El espinazo del diablo se trata de un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, esta y cada una de nuestras noches. Los familiares de los desaparecidos, de los 43 y de todos los otros miles, continúan sin descanso, las fosas clandestinas, que no han parado de salir a la luz en las averiguaciones que las propias familias han llevado a cabo, siguen llenas de cuerpos sin identificar, cada día amanecemos con más muertos e historias de hombres y mujeres que no se sabe dónde están.

43 jóvenes con sus rostros y apellidos pusieron nombre a ese horror y, para nuestro pesar, este no se irá ni lo hará mientras no haya justicia, por todo ello esta pequeña contribución a la memoria que debemos mantener viva frente a la muerte, la desolación y el terror de esa unánime noche que vuelve a estremecernos cada vez que viene al recuerdo y al presente.







Inés M. Michel

Ciudad de México, noviembre de 2017.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]

@inesmmichel
I: inmichel















[1] PATRÓN, Sánchez, Mario E., Ayotzinapa: desmontar el pacto de impunidad. [Ibero, núm. 52].
[2] “Esta versión señala que los jóvenes habrían sido confundidos con narcotraficantes, asesinados en un basurero, cremados a cielo abierto y sus restos tirados a un río por un cartel del narcotráfico…”, BERISTAÍN, Carlos, Martín, Nacimos de una herida. La experiencia del GIEI y sus principales conclusiones sobe el caso Ayotzinapa. [Ibero, núm. 52, P.p. 11-13]
[3] RUIZ, Reyes Jorge, Ayotzinapa y los retos para la implementación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas y Desaparición Cometida por Particulares. [Ibero, núm. 52, p.15]
[4] JAŘAB, Jan, Ayotzinapa, tres años después. [Ibero, núm 52, p.9]
[5] La cifra fue tomada de Contra la mentira y el silencio, la resistencia y el reclamo de justicia. Ágora: 17 voces sobre el caso Ayotzinapa. [Ibero, núm. 52, p.25]

viernes, 16 de junio de 2017

Cuando se es fuego (Iñaky) y otro/otros apagan tu fuente (matrix) vital


[Lo que sigue es la presentación que hice en el evento Rostros de la canallada, organizado por Villa Psicoanalítica en el Museo López Portillo, el pasado 19 de mayo. Agradezco a Víctor Villarreal la invitación al evento.]



Cuando se es fuego (Iñaky) y otro/otros apagan tu fuente (matrix) vital. Una orfandad impuesta violentamente por un Estado canalla

J. Ignacio Mancilla*





¿Y los niños? ¿Dónde están los niños?
¿Qué les duele, qué rabia incuban,
qué chingados saldrá de su resentimiento?
¿Cuánto dolor hace falta para pensar en los niños?

Javier Valdez (1967-2017).




¡Vaya sorpresa!


La verdad nunca pensé ni mucho menos me imaginé, francamente, que a los pocos días de haber comprado el libro Huérfanos del narco. Los olvidados de la guerra del narcotráfico (Editorial Aguilar, México, 2015), de Javier Valdez Cárdenas (1967-2017), este autor sería asesinado, como ya tantos periodistas en México y dejaría, así, de esta forma, a sus hijos huérfanos.




Javier Valdez

Pero como dice Adolfo Gilly, nuestro país, México, vive en plena vorágine de violencia.

Es decir, vivimos y morimos en un país que se desmorona por la violencia y con unas autoridades no solamente omisas sino incluso canallas, pues muchas veces son cómplices primero de las desapariciones y después de los asesinatos; sea por participación directa o por omisión.

Y los empresarios, como Alejandro Martí, defienden incluso las ejecuciones sumarias como la de Palmarito, diciendo que él pagará la defensa del soldado ejecutor.

¡Qué viva el Estado de excepción!   

Así están, lamentablemente, las cosas en México en lo tocante a la justicia, postergada todo el tiempo, por los siglos de los siglos…

Pienso, la verdad, que no es con ejecuciones sumarias que lograremos la tan denegada justicia, maltrecha, muchas veces, por el propio aparato estatal.

Pero…

… Esta tarde me voy a ocupar de una de las historias reproducida por Javier Valdez en su libro ya mencionado, y que de manera magistral, con una prosa clara, sencilla y muy sintética y al mismo tiempo llena de metáforas, nos sumerge en el lado oscuro de este México nuestro.

Esto como una forma de ver a otra luz esa tétrica lógica de números y estadísticas que nada nos dicen sobre las vidas concretas y sus genealogías; en pocas palabras, Valdez nos narra sus historias familiares, las de las mujeres y hombres desaparecidos y asesinados; ya por los criminales, ya por el propio Estado.

¿Acaso hay una clara línea divisoria entre unos y otros?

Lamentablemente, ni la linterna de Diógenes nos ayudaría, aquí y ahora, a disipar las tinieblas  de estos tiempos oscuros en los que políticos y criminales atraviesan, permanentemente, esa frontera gris que separa lo legal y lo ilegal.

No obstante, creo, nos toca ser flama y fuego, como Iñaky, para seguir sosteniendo la vida de todas y todos en esta hora de duelos y tristezas.

Y poder dar comienzo a la recomposición del tejido social, tan dañado, a partir de políticas otras.



Rostros de la canallada



La vida de Iñaky y su familia, reproducida por Javier Valdez


Va, pues, retomada a mi manera, esta doliente historia, que es la primera que nos cuenta Javier Valdez en Huérfanos del narco.

Iñaky le pregunta a su abuela: “¿Tú me amas, abuelita?”.

Así empieza la narración de esta terrible historia, una más de tantas desapariciones en este atribulado país en el que sus políticos destacan por dos cosas fundamentalmente: su incapacidad y su impunidad, como nos indican las noticias recientes. 

Iñaky tenía apenas dos años cuando su madre despareció en condiciones que hoy, cada día, a pesar de su carácter ordinario, se presentan como terribles: después de un “simple” accidente de tráfico.

Antes de continuar con esta tristísima historia, hablaré de la familia de Iñaky, de su des-composición estructural a partir del “accidente” de tráfico que llevó, primero a la desaparición de la mamá de Iñaky y, posteriormente, al encuentro siniestro de su cuerpo, pues había sido, como tantas y tantos otros, asesinada.

Este hecho, a todas luces escandaloso, lamentablemente cada vez es más normal en México.

Es esto lo que imposibilitaría, en alguna medida, cierta recomposición de la familia; es decir, las “huellas” de la desaparición y del crimen han marcado profundamente la vida y las subjetividades de esta singular familia, como lo es cada familia de este atribulado país.


El núcleo familiar de Iñaky


·         La madre de Iñaky, Brenda Damaris González Solís, de 25 años.
·         La abuela, Juana Solís Barrios, de 50 años.
·         El padre de Iñaky, ausente, Francisco Abraham Celestino González.
·         La tía y los tíos: Janeth, de 34 años; Juan Antonio, de 32 años y Abraham, de 25 años.
·         Aldo, el cuñado de Brenda.
·         Aldito, el primo de Iñaky, apenas cuatro meses mayor que Iñaky.
·         La abuela de Brenda Damaris, de 65 años de edad.
·         Y el padre de Brenda.


La siniestra historia, una más de este México en vilo


Todo comienza con una llamada de ayuda, al cuñado, Aldo y un llegar tarde, por parte del hermano, Abraham, al lugar de los hechos; del accidente.

A partir de ahí, toda la familia se desarticula en aras de la sustracción, forzada, de Brenda, a quien ya no volverán a ver con vida.

A Aldito, el primo de Iñaky, le aparece un “soplo” en el corazón, como consecuencia de la depresión y de la situación emocional de toda la familia; “soplo” que por fortuna se corrige.

La abuela de Brenda fallece debido a una neumonía y un paro cerebral, pero Juana, la hija (madre de Brenda), sostiene que lo que la mató fue la “desolación”, pues la abuela adoraba a Brenda.

Abraham, el hermano más cercano de Brenda, nunca volverá a ser el mismo, pues agobiado por la culpa de no haber llegado a tiempo, es tomado por la depresión y empieza a ser hostil incluso con su propia mamá.

Tanto él como su hermano, Juan Antonio, se tatuarán a la hermana en sus cuerpos; Juan Antonio en el brazo y Abraham a lo largo y ancho de su espalda, “como un corazón que lo cuida de las traiciones y el mal” escribe en su narración Javier Valdez.

Al padre de Brenda, el esposo de Juana, lo despiden de su trabajo días después de la desaparición de Brenda, pues éste no logra concentrase en las tareas del trabajo.

Nos narra Javier Valdez, hoy también asesinado:

“Iñaky llora. Cuando se encuentra por fin con su primo Aldo, inseparable y cariñoso, lo abraza y entonces es Aldo quien llora.

“Abraham ve esto y también empieza a llorar.

“Juana llora porque todos están llorando, pero cuando Iñaky ve que su abuela tiene los ojos mojados y ha formado ríos en sus mejillas y bajo las fosas nasales, pregunta qué tiene. 

Ella responde: me cayó una basurita.

“<<¿Una basurita, abuelita? Lo mismo me dice mi tío Abraham>>, responde el menor.

“Luego pregunta cuándo va a llegar su mamá.

“Pronto. Un día, un día.

“Pero Juana sabe que necesita darle otra versión, quizá enfrentar esa realidad que esquiva pero que por dentro le tiene una espada encajada en el abdomen, en todos sus centros”.

La familia nunca volverá a ser la misma, primero la incertidumbre y la luego la certeza del asesinato de Brenda, una vez encontrado el cadáver; ese “resto” de nuestro paso por la vida. Desaparición y “resto”, calaron hondo en la estructura familiar y en la subjetividad y vida de cada uno de los miembros de esta familia mexicana, maltrecha por la violencia y por el terrorismo de Estado. 

Es por eso que Iñaky, con la candidez de todo niño, pregunta:

“<<Tú me amas, abuelita>>…

“… Ella contesta que sí. Él insiste. Y es que el diálogo no puede quedar así, y menos con Iñaky ahí, cerca. <<¿Y todos aquí me aman?>>, pregunta. Y le responde con dos silabas: <<Todos>>”.

Todo empezó el 31 de julio de 2011, en la madrugada, con un simple accidente de tráfico.

Meses después, el 17 de octubre del mismo año, Brenda sería encontrada ya muerta, ¿quiénes fueron los asesinos y cuáles sus motivos?

No hay respuesta, como en miles de casos más; lo único cierto es que al país se lo engulle día con día la muerte violenta.

Y los políticos tan campantes, como si nada pasara, haciendo promesas, como si siguieran en campaña y no fueran, ya, funcionarios con responsabilidades muy concretas; una de ellas la de imponer la Ley, por el bien de todas y todos.

Y los políticos sacando raja, es decir dinero, de sus puestos, sin que le importe la sacudida moral de todo el país.

Y los políticos cubriéndose las espaldas, unos a otros, para seguir aspirando, una vez que pasen los escándalos, a seguir siendo representantes de la Ley, para burlarse de ella y de todas y todos nosotros.

Pues, ¿a quién le importa?

¿Acaso nos importa?

¿Nos importa nuestro país?



En la Casa Museo López Portillo




Guadalajara Jalisco, Museo López Portillo, 19 de mayo de 2017. 
[Fecha original].






*J. Ignacio Mancilla


[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]