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jueves, 20 de junio de 2019

La Cuarta Transformación (4 T)



¿Por qué  no se ha convertido en la narrativa que tanto necesitamos como pueblo y como país?



Quisiera empezar esta pequeña reflexión sobre la tan manida Cuarta Transformación (4 T) con dos cosas que me preocupan; el lunes 17 en la verdulería (es literal) escuché lo siguiente: ‘ya estamos como Venezuela’, dijo uno. Y otro acotó, ‘no, estamos peor, estamos como en la Unión Soviética’. ‘Ya nomás nos falta que pongan una bomba en el barrio’, dijo el primero. Conversación inquietante de por sí, más en el actual contexto (nacional y mundial).

La otra es lo que una querida amiga me dijo recientemente; que esperaba que la Cuarta Transformación (4 T) no terminara en una transformación de cuarta.

Con estas dos cuestiones como entrada, hago también una promesa. Me ocuparé lo más detenidamente, aunque de forma sintética, sobre el régimen de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) una vez que rinda su primer informe de gobierno el próximo 1 de septiembre. Eso como mi primer balance, aunque ya me he expresado al respecto, no lo he hecho en la perspectiva general de lo que ha hecho y de lo que no y todas las valoraciones, que van desde el rechazo absoluto hasta la aceptación acrítica. Los detractores y los amlovers, les he llamado.


Foto: Cuartoscuro.

Mientras tanto, a partir de la filosofía de Alain Badiou (filósofo franco-marroquí, nacido en Rabat en 1937), en particular desde su teoría del acontecimiento, intentaré responder y responderme sobre por qué la Cuarta Transformación (4 T) no se ha convertido en la narrativa que tanto necesitamos como país y como pueblo.

Lo primero que diré es que un acontecimiento no es tal por el hecho de enunciarlo; su lógica es mucho más compleja, como de manera tan clara, desde la filosofía y desde la matemática, lo ha establecido el filósofo  del que aquí despliego apenas unos esbozos de su teoría, llegando él a formular, incluso, un matema del acontecimiento.

Lo segundo es que un acontecimiento es del orden de lo incalculable, siempre de la sorpresa y que como tal está encadenado a un complejo anudamiento que implica algo de la dimensión de la verdad y, también, un soporte corporal/material denominado comúnmente sujeto; es decir, que estamos ante una lógica tríadica, misma que Badiou ha desplegado de manera por demás excelsa en sus textos.


Alan Badiou. Foto: globalcenterforadvancedstudies.org

Lo tercero es que en boca del gobierno actual y de sus defensores a ultranza la Cuarta Transformación se ha reducido, lamentablemente, a una especie de retórica fácil; como si bastara decir cuarta transformación para que, como por arte de magia, acontezca el acontecimiento; desvinculándolo, de manera absurda, de su dimensión de verdad y, sobre todo, de sus soportes materiales y corporales; es decir, de los sujetos que tendrían que asumir, en tanto sujetos fieles, precisamente, las consecuencias de la verdad como efectos del acontecimiento y soportarlas en toda su materialidad y corporalidad, punto por punto en tanto sujetos (diría Badiou).

Es necesario decir que para Alain Badiou  hay cuatro tipos de acontecimiento y, en esa medida, son cuatro formas diferentes de verdad y cuatro diversos sujetos en los que se soportaría, si éstos son fieles, el acontecimiento y su verdad correspondiente: a) acontecimiento político; b) acontecimiento científico; c) acontecimiento artístico y d) acontecimiento amoroso. Si somos consecuentes con la lógica badioudiana, muy rigurosa por demás, habría, por tanto, cuatro formas de verdad: la política, la científica, la artística y la amorosa y sus sujetos correspondientes, si hay fidelidad al acontecimiento (también hay sujetos reactivos y sujetos oscuros) y a la verdad por parte de los sujetos en cuestión.

Cierto que hay cosas que han cambiado en México, pero también lo es que hay una gran gama de resistencias, lamentablemente (y hasta guerra sucia, diría un servidor), como para poder creer, de buenas a primeras, que con la sola enunciación de la Cuarta Transformación (4 T) ya estamos colocados en algo del orden del acontecimiento.


Foto: Notimex.

Mucho habrá que hacer todavía en México, como gobierno y como sociedad, si es que queremos que la susodicha Cuarta Transformación (4 T) no se quede en una mera enunciación o, lo que es peor, que derive en una pobre transformación de cuarta. En caso de que sea así, todas y todos perderíamos y el costo sería muy oneroso, social y políticamente hablando. No se diga económicamente y hasta subjetivamente.

Y el retroceso sería calamitoso, pues. Peor que los efectos de la gran  decepción foxista, como el primer intento, reciente, de cambiar el régimen priísta.

¿Qué acontecerá, finalmente, en lo que resta del sexenio de AMLO? ¿Se llevará a la práctica la famosa Cuarta Transformación (4 T)?

Por el bien de todas y de todos y también por el bien de los pobres, más vale que así sea.

Pero no podemos reducirnos, creo, en esta delicada cuestión, a meros espectadores.

Ese es el gran reto que tenemos por delante de nosotras y nosotros todos, como país y pueblo.  

¿Somos concientes de ello?



Foto: Cuartoscuro.


Post Scriptum


Ayer se hicieron dos anuncios que pueden implicar sendos acontecimientos. FB emitirá su propia moneda, la libra; y Andrés Manuel López Obrador video conferenció con Mark Zuckerberg; transcribo (tomado de Proceso) del Twitter oficial el texto de nuestro presidente: “No hace falta viajar con frecuencia al extranjero, ahora podemos comunicarnos mediante videoconferencias. Así conversé el día de hoy con Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y accionista de WhatsApp e Instagram. El tema es cumplir el compromiso de que haya internet para todos”. Dicen las malas lenguas que el ofrecimiento se lo hizo a Carlos Slim, pero que rechazó, ¿será? Ya lo sabremos y analizaremos, por lo pronto consigno aquí, a manera de cierre, lo que se le atribuye a Galileo Galilei: Eppur si muove (o E pur si muove). Sin embargo, se mueve. Lo haya dicho o no, ahí sí nos confrontamos con algo del orden del acontecimiento científico que marcó el derrotero de toda nuestra civilización. Mucho se está moviendo en el mundo de ahora y no todo será del orden del acontecimiento, pero…



J. Ignacio Mancilla.
FB: Juan Ignacio Mancilla Torres 


[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        






    
  


      
        

martes, 4 de diciembre de 2018

ESPECIAL: Dondequiera que se encuentre...






Guadalajara, Jalisco, a 2 de diciembre de 2018.



Carta abierta a Carlota Botey y Estapé (1943-2011), dondequiera que se encuentre



“[…] llegué a la Presidencia de la República

después de muchos años de lucha personal y colectiva.

Aquí recuerdo a los que iniciaron este movimiento,

a los que sembraron lo que ahora nosotros estamos cosechando.

Dirigentes sociales, políticos, muchos que

se nos adelantaron, pero fueron los precursores

de esta lucha, de este movimiento. Nunca los vamos a olvidar”.



“Estoy preparado para no fallarle a mi pueblo.

Ahora que venía para acá, se emparejó un joven

en bicicleta y me dijo: Tú no tienes derecho a fallarnos.

Y ese es el compromiso que tengo con el pueblo:

No tengo derecho a fallar”.



AMLO, 1/12/2018.



Le escribo con sentimientos plenamente encontrados: primero con una enorme alegría, para decirle que, finalmente, llegamos al gobierno (¡uf, la tercera fue la vencida!); pero también con tristeza porque usted ya no está acá, aunque sé que sigue entre nosotros, de alguna manera; por lo menos sigue en mí, de seguro.

¿Cuánto trabajo hizo e hicimos en ese gobierno de la Ciudad de México encabezado por Andrés Manuel López Obrador? ¡Cómo no acordarse!

Pues ahí está la compensación; tarde, pero ha llegado. La tercera fue el límite y más de 30 millones de votos significaron la coronación de los fracasos, las frustraciones y trampas anteriores. Pero también de lo que se hizo de la mejor manera.

Carlota Botey y Estapé.

Y si bien usted ya no está, sigue rigiendo, por lo menos en mí (y confío que no solamente en mí), su rectitud y su gran capacidad de trabajo y de poner todas sus fuerzas, siempre, en aras del bien público. Esa fue su gran enseñanza, entre otras, por supuesto.

Es mucho lo que hay que hacer, pero… estoy cierto que no obstante que las dificultades no serán pocas ni pequeñas, la capacidad y el esfuerzo de todas y todos, harán posible tan grande empresa, impostergable ya en México: ahuyentar la guerra y construir la paz y el desarrollo para todas y todos. Edificar “la modernidad desde abajo y para todos”, dijo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en su toma de protesta, el pasado 1 de diciembre. ¡Si hubiera estado entre nosotros!

Estoy claro que de estarlo, ocuparía un lugar en este nuevo gobierno que empieza. Se lo había ganado con base en su trabajo, esfuerzo y honestidad. Y su entrega a prueba de todo.

Y también sé que lo haría de la manera más digna, como siempre fue su actuar en el cargo que ocupó en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como Directora General de Regularización Territorial (DGRT) y antes como directora de Área desde con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. ¿Cuántas escrituras entregadas, verdad? ¿Cuántas noches de arduo trabajo?, pero también cuánta satisfacción por del deber cumplido, sobre todo con las y miles de colonos a los que se les regularizó la tenencia de su propiedad, de su casa; de su patrimonio familiar.

De eso no hay ninguna duda.

Carlota Botey y Estapé.

Quisiera escribir más, pero no quiero alargar demasiado esta carta, pues por ahora me basta con decirle, nuevamente, muchas gracias por su enseñanza y entereza y la tarea que nos legó, la emprenderemos con todas nuestras fuerzas y todo nuestro coraje y corazón; incluso con más sentido ahí donde las dificultades sean mayores.

De eso tiene que estar convencida, dondequiera que se encuentre; puede estar tranquila. Usted es memoria que quema, es decir, memoria viva.

Me despido de usted, no sin reiterarle mi cariño y agradecimiento por haberme enseñado que se puede gobernar de otro modo. Y sobre todo, que se puede ser de otro modo en medio de la vorágine individualista que hoy nos ahoga.

Con todo mi cariño y recuerdo.


Atentamente,

J. Ignacio Mancilla.      

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        






    



martes, 21 de agosto de 2018

1 de diciembre de 2018: La larga espera del… nuevo presidente



J. Ignacio Mancilla*




“Nuestro orden social se irá derritiendo
lentamente, como han hecho los órdenes
anteriores, en cuanto los soles de nuevas
opiniones luzcan sobre los hombres
con renovado ardor […]”.

Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano.
Un libro para espíritus libres (parágrafo 443).




Entre el 1 de julio y el 1 de diciembre de 2018 median 154 días naturales. El mismo 1 de julio, alrededor de las 7 de la noche, ya sabíamos que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sería el próximo presidente de México.

Han pasado, desde entonces, 51 días naturales y todavía faltan 102 para que Andrés Manuel asuma el poder real y formalmente. Esto al margen de que, como presidente, primero virtual y ahora ya legalmente electo, no carezca completamente de él; baste ver todo lo que ha sucedido, ya, en México, desde la noche del 1 de julio. Fenómeno muy mexicano, inserto en la tradición de la declinación del presidente saliente y el encumbramiento del presidente entrante. 

Pero… con el ánimo de ser realistas, más allá de las tendencias que ya se han marcado, será a partir del 1 de diciembre que ya podremos empezar a sentir y sopesar las acciones de AMLO como presidente y, por tanto, sólo a partir de entonces, podremos empezar a evaluar sus hechos como actos del presidente.


Tomada de: caras.com.mx

Hasta el momento lo que nos corresponde es esperar a que se cumpla esa pausa temporal demasiado larga, tanto, que quizá convendría pensar una necesaria modificación legal para que este prolongado lapso se reduzca, en aras de evitar, en el futuro inmediato o mediato, algún brote de ingobernabilidad. Nada lejos en el horizonte.

Bien, bajo esas circunstancias, como presidente virtual y como presidente electo, AMLO ha pronunciado dos discursos que tienen una enorme relevancia. Nos falta, todavía, su peroración en la asunción del poder real y formal; mismo que será, ya, ante el H. Congreso de la Unión, con  la presencia de todos los poderes formales de México.

Mientras eso sucede, aquí haremos el análisis de las dos alocuciones hasta ahora pronunciadas: la que dio en el Zócalo de la Ciudad de México, la noche de su triunfo; y la que pronunció en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el pasado 8 de agosto, al recibir la Constancia de mayoría con la que se le declaró, legalmente, como presidente electo.

Vamos, pues, a nuestro objetivo. Analicemos primero la arenga del Zócalo. Para luego hacer lo mismo con su disertación ante el mencionado Tribunal Electoral.

En primer lugar destacaré lo que, desde mi perspectiva, es lo más importante de la emotiva prédica de AMLO en el Zócalo de la Ciudad de México, la noche misma de las elecciones: “[…] confieso [dijo] que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México”.


Ante tantas expectativas, esta confesión, sincera y abierta, puede sonar a muy poco. Pero ante lo que las mexicanas y mexicanos hemos padecido, últimamente, en primer lugar de los presidentes (no pocos, lamentablemente), puede significar incluso mucho. Ya resignificaremos, o no, a partir de los actos presidenciales, después del 1 de diciembre del 2018, esta legítima aspiración y la confrontaremos con sus hechos.

Por supuesto que esto no fue lo único que dijo AMLO, pero sí fue, para nosotros, lo más sustantivo. Entre otras cosas sostuvo que se aspira a una “auténtica democracia” y que los cambios “serán profundos” y con “apego al orden legal establecido”. También afirmó que se respetará “la autonomía del Banco de México”; además de agradecer que las y los votantes hayan optado por él.

Bien, paso ahora a la alocución ante el Tribunal Electoral, del que destacaré, por el momento, lo siguiente: 

“Considero que la gente votó por un gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad”.

VER video aquí

En lo personal destaco: “un gobierno honrado y justo”. ¿Acaso es poco?

Puede que sí, pero también puede que no.

Y al igual que con el primer pronunciamiento, después del 1 de diciembre resignificaremos, o no, estas palabras. La preponderancia la ocuparán cada vez más los actos y no las palabras. Estaremos atentos. 

Pero lo que no cabe poner en cuestión es que la honestidad y la justicia han sido dos valores maltratados, pisoteados y hasta “torturados”, fundamentalmente por los últimos presidentes. Y de que el pueblo, con su opción por él, apostó por el cambio pacífico, pues no se quiere la violencia. Y esperamos que no se presente en el futuro inmediato y mediato del país.

De modo que, llegar a tener en México un “buen presidente”, “honesto” y que obre con el sentido de la “justicia”, puede sonar a muy poco, pero, dada la historia reciente (de Vicente Fox a Enrique Peña, pasando por Felipe Calderón) y no tan reciente (de Gustavo Díaz Ordaz a Ernesto Zedillo, pasando por Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari), el que lleguemos realmente a tenerlo, y espero que así sea, será algo del orden del acontecimiento (en el sentido incluso de Alain Badiou). Y es que, no debemos olvidar que hasta agentes de la CIA llegaron a ser algunos de nuestros presidentes, cosa sobre la que se ha dicho poco. Y sobre Fox pesa, además, su traición a la democracia y a las expectativas de cambio que lo llevaron a la silla presidencial. Lamentablemente.

En cuanto a AMLO, ya mediremos sus palabras con sus actos; serán estos últimos los que tendrán su verdadero sentido e, insistimos en este punto, serán ellos los que darán valor de verdad o no a sus palabras y resignificarán las pronunciadas en los dos discursos que aquí analizamos. 
Algo sobre lo que también nos expondremos, en su momento.

Por lo pronto enhorabuena por todas y todos nosotros, los mexicanos, ya nos merecemos un buen presidente.
Digo.   

Una cosa más, AMLO, en su alocución en el Congreso extraordinario de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) reiteró que los cambios que vienen serán profundos; ahí fue un poco más extenso, pero no se apartó de lo ya establecido en las dos intervenciones que aquí hemos tomado en cuenta, de modo que lo que nos resta es esperar a que el 1 de diciembre nos alcance, para, a partir de ahí dar comienzo a la valoración del presidente número 58 de México.

Cierto, hay que decirlo, la cuarta transformación de México y todas las cosas que AMLO ha prometido son, apenas, del orden de la posibilidad; están en el nivel del quizá, pero, que me perdonen Nietzsche y Derrida, ¿por qué no abrirse a esa lógica subversiva del quizá que desquiciaría no solamente el tiempo sino también la política misma?

Ya veremos… dijo el… 





*J. Ignacio Mancilla.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        


martes, 17 de julio de 2018

Tiempo de esperanza



Inés M. Michel*





En la calle de Chihuahua de la colonia Roma se encuentra la que fuera la casa de campaña del ahora virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, que con el triunfo de AMLO fue renombrada como casa de transición. El domicilio se encuentra a pocas cuadras de donde estoy viviendo ahora por lo que seguido transito por ahí y me he percatado de la presencia continua de personas que llegan con la intención de felicitar a Andrés Manuel o llevarle alguna petición. Algunas de estas personas vienen de otros estados y todos comparten una característica, la esperanza de que López Obrador sí va a interceder por ellos, dando solución a problemas que en algunos casos se remontan a bastante tiempo atrás.

Muchas personas, acostumbradas a que sus quejas nunca eran resueltas, ven con gran entusiasmo la llegada de un presidente que durante todos estos años que precedieron a su triunfo, se ha mantenido cercano a la gente, escuchándola y brindándole la certeza de que va a resolver sus reclamos.



Casa de transición de López Obrador. Tomada de: noticieros.televisa.com


Es pertinente señalar que la victoria de Andrés Manuel se trata de un triunfo histórico, ya que llegará al cargo como el presidente más votado de la historia, con más de treinta millones de votos. Esto le otorga una legitimidad que sus antecedentes, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa, no tuvieron. Por supuesto, esta legitimidad es solo el comienzo para un gobierno que promete cambiar las cosas de raíz, parte de las propuestas para lograrlo ya ha salido a la luz en días pasados mientras Obrador se prepara para tomar posesión el primero de diciembre.

Me parece claro que estamos ante un parteaguas, en muchos sentidos, y los efectos podremos ponderarlos una vez que acabe el próximo sexenio. Una de las tareas más importantes y que comprende un gran reto tiene que ver con la recuperación de la confianza de la ciudadanía en las instancias gubernamentales; la figura de López Obrador no será suficiente para garantizar un cambio profundo, es necesario que la legitimidad de la que ahora goza AMLO sea trasladada a todos los niveles de gobierno, cámaras de diputados y senadores, gobernantes, instancias jurídicas y policiacas. Todo ello para que la ciudadanía pueda acercarse a la instancia correspondiente con la certeza de que recibirá un trato digno y eficiente.

Es tarea de todos como ciudadanos, informarnos sobre lo que podemos exigir a las autoridades y dónde corresponde hacerlo, no todo lo va a resolver el presidente, tenemos que acudir al lugar que compete según el asunto que buscamos arreglar. Tenemos que cambiar todos aquellos vicios que venimos arrastrando y, sobre todo, dejar de lado la indiferencia, conocer a nuestros diputados locales y federales para exigirles que hagan el trabajo que les atañe, saber quiénes son los servdores públicos locales y dónde podemos encontrarlos; es crucial retomar nuestro compromiso ciudadano, siendo personas críticas y observadoras. También será de suma importancia la organización de la sociedad civil, para proponer y orquestar soluciones de forma paralela a los gobiernos, generando así alternativas que no dependan solamente de las instancias gubernamentales.

Como ya había compartido en la primera entrada de este mes, estoy viviendo esta etapa esperanzada, creyendo que México se acerca a una importantísima transformación. Las calles de la colonia Roma son testigo de esa esperanza, también el resto del país.




[Sugiero leer la columna de opinión de Rodrigo Peña González, titulada Visita al presidente legítimo, que se publicará el próximo jueves 19 de julio en El Semanario].




Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, julio de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]








miércoles, 4 de julio de 2018

Despertamos...


Inés M. Michel*




Abrimos las publicaciones del mes de julio tras conocerse los resultados de las recientes elecciones llevadas a cabo en México el domingo 1 de julio; una elección ya considerada histórica. Escribo esto esperanzada, contenta de haber podido ser partícipe de un cambio como el que representa el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y de su proyecto de nación, el cual abre un parteaguas en la historia mexicana en un sexenio lleno de sangre.

Quisiera dedicar este espacio a recordar brevemente algunos sucesos que antecedieron a este triunfo y que dan cuenta de las décadas de lucha que hoy llevaron a una victoria aplastante de la izquierda (aunque la naturaleza de esta izquierda ha sido cuestionada por considerarse que no cumple con todos los ideales de los movimientos izquierdistas), por primera vez en la historia de nuestro país.


Recordemos aquel 6 de julio del año de 1988, ese día hubo una jornada electoral donde se cometió una gran cantidad de delitos y se presentaron múltiples irregularidades; conforme iban llegando los datos de las casillas al sistema de resultados electorales preliminares, que, por cierto, se implementó por primera vez en ese año, se supo que el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (Frente Democrático Nacional) iba adelantado en el conteo de la Comisión Federal Electoral. La ventaja de Cárdenas fue creciendo hasta que, según informó el representante del Partido Acción Nacional, Diego Fernández de Cevallos, el sistema se cayó. Una vez que este “se recuperó” y se volvió a hacer público el avance en el conteo de votos, Carlos Salinas de Gortari iba ganando la elección. Salinas fue declarado presidente electo con un porcentaje del 50.36% de la votación. El fraude fue orquestado por dirigentes del PAN y PRI en complicidad con la Comisión y de distintos funcionarios públicos, entre ellos Manuel Bartlett, en ese entonces Secretario de Gobernación, quien el año pasado, intentando hacer una declaración sobre un posible fraude en 2018, habló del fraude del 88, un lapsus que no pasó desapercibido.




A pesar de las manifestaciones y de la petición de anular las elecciones por parte del FDN, la elección fue defendida como legítima y Salinas inició su mandato.

Décadas adelante, durante las elecciones de 2006, otra vez plagadas de irregularidades (muchas de ellas documentadas y expuestas a la luz pública), ocurrió un fenómeno similar. Los candidatos Felipe Calderón Hinojosa (PAN) y Andrés Manuel López Obrador (PRD - PT - Convergencia), se mantuvieron en una contienda cerrada durante toda la campaña, aunque algunas encuestadoras se empeñaron en hacer ver una ventaja considerable por parte de Calderón, con números amañados y tergiversados. Finalmente, el día de la elección, los resultados preliminares mostraron una tendencia a favor de López Obrador, que conforme fue avanzando la noche se fue revirtiendo, dando como ganador a Calderón por apenas un margen del 0.56% de los votos.

Nuevamente, hubo movilizaciones ciudadanas que manifestaron su rechazo a los resultados de la contienda, pidiendo que se abrieran los paquetes electorales para contar sufragio por sufragio, a lo que el Tribunal Electoral se negó, aceptando solamente hacer un recuento parcial.

En cuanto al comportamiento de la gráfica durante el conteo oficial, se detectaron anomalías, por lo que se pudo inferir que esta vez hubo un fraude electrónico. El departamento de Física de la UNAM documentó estas anomalías y las expuso en un documento que se puede consultar aquí.

A pesar de las exigencias ciudadanas y de un periodo muy largo de manifestaciones, se impuso a Calderón como presidente, quien, a su vez, en un ejercicio de fuerza, sacó al ejército a las calles, iniciando la llamada Guerra contra el narcotráfico, que devino en cifras alarmantes de violencia, asesinatos y desaparecidos.

Al término del sexenio calderonista, hubo un segundo intento por parte de AMLO de llegar a la presidencia, liderando a los partidos PRD, MC y PT, esta vez contra Enrique Peña Nieto (PRI), quien mostró durante toda la campaña su poca cultura y su incapacidad de dialogar.

La visita de EPN a la Universidad Iberoamericana supuso un duro golpe para su imagen al ser encarado por un grupo de estudiantes sobre las atrocidades cometidas por las fuerzas del orden en San Salvador Atenco en 2006, cuando él era gobernante del Estado de México. Tras intentar ignorar los gritos y las consignas sobre lo ocurrido, Peña Nieto decidió dar un mensaje autoritario y poco reflexivo, argumentando que la respuesta de las autoridades estuvo bajo el marco de la ley (recordemos que hubo detenciones con lujo de violencia, violaciones y abusos a mujeres detenidas, así como un gran número de heridos y dos jóvenes muertos), además de que asumió la responsabilidad por los hechos, tras lo cual terminó su participación, preparándose para salir de la universidad. Fue entonces que los estudiantes se organizaron para esperarlo afuera del auditorio donde se encontraba, con pancartas y consignas mostraron su repudio a lo declarado por Peña, mientras coreaban “asesino”.

Lo que sucedió después es uno de los capítulos más memorables de la última década pues, en un intento por huir de los estudiantes, Peña Nieto se escondió en un baño, corrió por los pasillos de la Ibero y, finalmente, terminó abandonando el campus rodeado de manifestantes y con el rostro completamente demudado. En un intento por deslegitimar la protesta, su equipo de campaña tachó de infiltrados a los estudiantes, acusándoles de actuar bajo órdenes de detractores políticos del PRI, fue así como, en una ágil respuesta, 131 universitarios que habían participado en la protesta grabaron un video mostrando sus credenciales y deslindándose de cualquier partido político. Así nació #YoSoy132, posicionándose como un movimiento apartidista que escaló a todas las ciudades del territorio nacional y a algunas más del extranjero, el cual fue uno de los principales críticos de la candidatura de Peña, y después de las elecciones, cuestionó la legitimidad del ejercicio electoral.


Marcha del 4 de julio (2012), Guadalajara, Jalisco, México.


Con todo esto, la maquinaria del poder y sus artimañas, lograron nuevamente en una elección irregular, como ya era costumbre llena de anomalías, imponer a Peña. El INE dio como ganador a EPN con un porcentaje del 38.2% contra el 31.57% obtenido por AMLO. Se denunciaron un sinnúmero de delitos electorales relacionados con la compra de votos, hubo manifestaciones a lo largo y ancho del país, derivando muchas de ellas en enfrentamientos con la policía y detenciones con violencia.

Otro capítulo más iniciaba, dejando la esperanza de una verdadera democracia por los suelos. Sin embargo, no dejamos de soñar.

Llegamos a 2018, nos encontramos con un país sumido en la violencia y la desesperación, con miles de muertos y desaparecidos, familias rotas y una economía en declive. Con este año llegó la tercera contienda para López Obrador, un político que aún antes de ganar las elecciones, tenía ya un lugar asegurado en la historia de México. Terco y aferrado a sus ideales, se las arregló para seguir sorteando los ataques en su contra, esta vez con mucha más calma de lo que lo había hecho en ocasiones anteriores. Muchos nos preguntábamos si la tercera sería la vencida, si por fin había llegado el momento en que el pueblo respondiera masivamente a la clase política dominante de los últimos sexenios.

Creíamos que el triunfo de Obrador solo sería posible si se lograba una votación masiva a su favor por parte de los ciudadanos. Fueron revelándose los resultados de las casas encuestadoras y, con sorpresa, vimos que iba muy arriba en las intenciones de voto, aún en aquellas que habían pronosticado su derrota por un gran margen durante la campaña pasada. Los meses corrieron y AMLO subía en las encuestas, alejándose más y más de Ricardo Anaya, el segundo en las preferencias electorales. Ni qué decir de José Antonio Meade quien siempre se mantuvo al fondo.

Como en periodos preelectorales del pasado, las campañas de los otros candidatos se centraron en atacar a Andrés Manuel, haciendo uso de la guerra sucia. Sin embargo, esta vez contábamos con un arma muy poderosa, información que podía ser comprobada en tiempo real gracias a las redes sociales y a páginas como Verificado2018, una plataforma que, durante todos los meses de campaña, se dedicó a confirmar o desmentir datos proporcionados tanto por candidatos como por sitios de noticias e información. Fue así como la ciudadanía empezó a cuestionar muchas de las estrategias de los partidos y de sus representantes, además de que el hartazgo generalizado por el fracaso de las reformas estructurales y, en general, de la política económica implementada por Peña era patente y compartido en muchos rincones.

1 de julio 2018: el día de las votaciones llegó. Se pudo sentir en las calles la participación ciudadana, que abarrotó las casillas desde temprana hora. Había un aire de esperanza. En mi caso, debido a que mi credencial sigue siendo de Jalisco, tuve que acudir a una casilla especial de la delegación Cuauhtémoc para poder emitir mi voto. Eran las 7.30 horas cuando estábamos afuera del Hospital General de México, ubicado en la colonia Doctores, la fila ya le daba la vuelta a la cuadra, nos formamos y aunque aún no estaba abierta la casilla, la gente empezó a organizarse, a sabiendas de que solo había 750 boletas. Nos fuimos numerando y yo obtuve el 509. Supimos que sería una larga espera, lo fue. Después de siete horas haciendo fila, gran parte de ellas bajo un sol inclemente, y tras algunos sobresaltos pues llegaban continuamente rumores de que ya se habían agotado las boletas, pudimos votar. Me sentí emocionada al hacerlo, pensé que, si se lograba la victoria esta vez, habría valido la pena todo.

Pasé la tarde inquieta, esperando que se dieran las ocho de la noche, momento en el que se empezarían a dar los resultados preliminares. Revisando las redes sociales, a pocos minutos de las ocho en punto, apareció un mensaje en vivo de Meade, en él comentó que los resultados que se conocían hasta ese momento no le eran favorables y que Obrador se perfilaba como ganador. Mi sorpresa, de por sí grande, fue mucho mayor cuando en un lapso cortísimo, otro video transmitido en vivo mostraba a Anaya haciendo declaraciones similares y felicitando a López Obrador por el triunfo.

Lo imposible había sucedido, treinta años de lucha, de pérdidas, de sueños truncados, de pronto se convirtieron en alegría, en una cálida esperanza que retomaba sus bríos, un poco incrédula al principio, más firme conforme iban pasando las horas. Decidí acudir al llamado de AMLO para festejar en el Zócalo, lugar en el que encontré una gran fiesta a la que llegaban personas de todas las edades y distintas clases sociales. La gente en el metro y en la calle iba contenta, charlando en voz alta sobre lo acontecido, cargando banderas de México y sonriendo.

Con el cierre del Programa de Resultados Preliminares el día lunes, se conocieron los porcentajes que obtuvo cada candidato, Andrés Manuel ganó la elección con el 52.96% de las votaciones, convirtiéndolo en el presidente más votado en la Historia de México, con 30.3 millones 33 mil 119 votos.

Mucho habrá que hacer mañana, el próximo año y durante todo el sexenio que viene. Nuestro compromiso cívico no ha terminado, apenas comienza. Es nuestro deber ser críticos con el nuevo mandatario, y también responsabilizarnos en colectivo con el rumbo que México va a tomar. Es tiempo de celebrar sí, por esta victoria que nos tomó treinta años, es tiempo de recordar a aquellos a los que no les alcanzó la vida para ver lo que estamos viviendo, pero que lucharon hasta el final por conseguirlo, el triunfo también les pertenece.

Fuimos realistas y pedimos lo imposible… ayer, cuando despertamos, el dinosaurio ya no estaba ahí.



Tomada de: bitacora.com.uy



Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, julio de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]