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jueves, 10 de octubre de 2019

Incluida tú



Es la fecha de caducidad -no siempre impresa- la que olvidamos con frecuencia.

Hacemos lo nuestro, pasando penas, saltando vallas, 
vamos hacia allá: el horizonte deseado.

Venimos, nos venimos, reímos, ¡qué gozo!

Saberse bella, saberse única, viva.

Volvemos del atardecer, sueños en la nevera.

Estamos vivas. Juntas, solas.

La leche de coco caducó ayer, sabe un poco agria.

El chorizo de soya huele mal, como aquel día en la cocina ajena. ¿Lo tiramos?

¡Qué pesar!, estaba casi nuevo. Lo olvidamos en la puerta del refrigerador.

Las peras se ven un poco oxidadas. Aún saben bien. 
Es hora de comerlas, mañana quizá sea tarde.


Psico/Embutidos: carnicería escénica (2014).
Foto: Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana.

Vamos por la cena, al regreso coloco la crema antiarrugas, reviso la fecha de caducidad. Sí, un mes más. 

Ya casi se acaba el tarrito azul. Tomo con la yema apenas una perla, la distribuyo en cada párpado.

Las bolsitas aún no hacen su aparición, me cuestiono el porqué si soy, sobre todo, preocupaciones. 

Quisiera saber qué he hecho bien. ¿Casi todo? Me pregunto.

Soñar y reír, amarlo a él y a mí. Hacer el amor como recetó el doctor. Tener -no siempre- ganas de vivir. Casi todo. 

En la oscuridad soltar el llanto, desear estar con mis muertos, recordarles, añorarles. 

Ellos, a veces todos, otras de uno en uno, me van diciendo secretos: estamos aquí, nunca nos vamos a ir.
[El ladrido de Vod - Los ojos del abuelo - El agüita con canela - El pelaje blanco que se adhirió a los libros y abrigos - La cocina de Fresales - Los retratos de los antepasados - Zapata gritando Tierra y Libertad - Las letras de Sor Juana] 
Ahí están. Esperan, viven, me avivan, 
reaniman mi alma que el hastío inunda. 

Cuando he pensado que no hay más qué dar, 
ha llegado una calma inusitada.

Amanece, es tan lindo como en Dawn of the Dead...


Foto: Elena m. d./Flickr.

Estamos vivas.

La fecha de caducidad (¿estará impresa?) no ha vencido.

Todo tiene fecha de caducidad 
-me obligo a recordar algunas tardes-. 

Las hojas, el papel, la despensa que hacemos el viernes. 
Solo los tarros de miel no.

Todo tiene fecha de caducidad. Los gozos, la caída, el enojo. 
El barniz se va cayendo de mis uñas, el atardecer llega lentamente. 
Los muertos, la mañana, el cacao, sentir, pensar.

El compás del reloj se comunica con el tictac del pecho: 
tic tac, tic tac...

Todo tiene fecha de caducidad.

Incluida tú.



Inés M. Michel.

Ciudad de México, octubre, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]










viernes, 20 de septiembre de 2019

Certezas en tiempos de incertidumbre


Parte I


Para mi abuela Josefina,
ejemplo de vida y resistencia



Cada vez estoy menos segura de aquellas certezas que creí sólidas. Eso sí, me aferro con las uñas a ciertos ideales políticos personales, propios…

Cada sueño se ha ido cumpliendo, y por eso agradezco, sin rezos. Estoy orgullosa de mis esfuerzos, de mis lágrimas, mis muertxs, mi sed por las mañanas, mi ansiedad por las noches (¿amanecerá otra vez o la larga noche por fin se asentará en nosotras cubriéndonos con su cálido manto?), mi rabia, mis amados seres, esas almas que me habitan, me acompañan, me pueblan, me inyectan aliento y ganas, incluso allí donde el silencio se posa; el desasosiego que nunca se aleja disminuye con estas presencias luminosas y tremendas.

Cada paso resuena, son ellas, presencias de carne, sal y humo, su eco se escucha lejano cuando me abrumo, cercano cuando respiro.

Cada palabra, cada una de sus palabras sin decir y también las dichas, me acompaña, me recompone; otras palabras que suenan a cristal afuera en la jungla me resquebrajan, por momentos me voy con esa idea a casa, de que soy la más frágil y vulnerable, incapaz de lidiar con las batallas cotidianas, con la gente que pulula y me mira. 

[Pausa para respirar]



Vivo. Mis nombres me acompañan, sus nombres, como el de mi abuela que siempre se presentó como Josefina Díaz viuda de Michel, a sus órdenes.

Entonces… Inés M. Michel, respondo y firmo, porque llevar el apellido materno -paterno para mi madre-, es también una decisión política.


P. D. La segunda parte llega el próximo 26 de septiembre, en una secuencia atípica para Cuerdas (normalmente intercalamos autoría papá y yo) pues mi texto lo exige así esta vez.




Inés M. Michel.

Ciudad de México, septiembre, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]










jueves, 29 de agosto de 2019

La vida como danza




Pequeña entrada intempestiva

Este pequeño texto que quiere honrar la memoria de Friedrich Nietzsche fue propuesto para su publicación en La Gaceta Universitaria de la Universidad de Guadalajara, se  me comunicó que había sido aceptado, pero no se me dijo cuándo se publicaría; de modo que va en este espacio tan especial para mí y no quiero hacerlo sin agradecer las atenciones de José Luis Ulloa y Antonio Ceja, esperando su aparición en La Gaceta de mi Alma Mater.

De manera simultánea el texto que sigue aparece en PlasmArte Ideas, dentro de la sección Al Filo del Café, por ser la filosofía uno de los ejes que se abordan en ella.



La vida como danza en la filosofía de Friedrich Nietzsche.

A manera de homenaje luctuoso, en el 119 aniversario de la muerte del filósofo más inquietante: ¡todavía hoy!


J. Ignacio Mancilla [1]



“La praxis, la vida humana, no es un proceso
(una actio), sino más bien un mysterion en
el sentido teatral del término,
hecho de gestos y palabras”.

Giorgio Agamben. Karman.


El domingo 25 de agosto del presente año se cumplieron 119 años de la muerte de uno de los filósofos más inquietantes, acaso el más perturbador para las buenas conciencias morales que todavía pululan en pleno siglo XXI; esto en el caótico mundo moderno y su ¿inminente catástrofe?


Va, pues, este pequeño texto, para honrar la memoria de un pensador que apostó, radical y trágicamente, por la vida y todas sus consecuencias; y lo haré retomando sus aparentemente simples reflexiones sobre el baile y la danza en el apartado Canción de baile de la segunda parte de Así habló Zaratustra, para mostrar cómo la “voluntad de poder” nietzscheana no significa otra cosa que “voluntad de vivir”, con todas sus contradicciones. ¿Podía ser de otro modo?


F. Nietzsche en 1882,
el tiempo de Así habló Zaratustra.


Primero acudiré a una o dos de sus expresiones referentes al baile y la danza, en Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie (la edición que manejo es la de Rafael Hernández Arias, Valdemar, Madrid, 2005), a las que añadiré mis propias cavilaciones y, después, a manera de un apoyo filosófico pertinente para nuestro tiempo, me valdré de algunas ideas de un pequeño libro de Giorgio Agamben, Karman. Breve tratado sobre la acción, la culpa y el gesto (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2018), uno de los más importantes biopolíticos vivos, para aunar y anudar su propuesta a mi lectura del maestro de los aforismos y radicalizar, de ese modo, la concepción trágica nietzscheana sobre la vida misma y sus bellas metáforas sobre el  baile y la danza.


El apartado que estoy considerando viene precedido de La canción de la noche y le sigue La canción de los sepulcros, en los que la música aparece más que connotada y ocupa un lugar central en la reflexión nietzscheana (¡claro, Nietzsche era músico!, me acota la R).

El fragmento en cuestión inicia con la llegada de Zaratustra a un bosque en el que bailan varias muchachas, que al ver a Zaratustra dejan de hacerlo; por lo que el profeta nietzscheano (el primer inmoralista, antípoda del personaje histórico), las conmina a que no dejen de danzar y se los dice de la siguiente manera:

“<<¡No dejéis de bailar, encantadoras jóvenes! Ningún aguafiestas se ha acercado a vosotras con mirada de reproche, ningún enemigo de jovencitas.

Soy abogado de Dios ante el diablo: pero éste es el espíritu de la pesadez. ¿Cómo podría ser yo, ágiles criaturas, enemigo de bailes divinos? ¿O de pies femeninos de hermosos tobillos? […]>>” (p. 181).

Enseguida Zaratustra se equipara al bosque y a la oscuridad, para posteriormente ironizar sobre un pequeño Dios (¿Eros?) y solicitar a las jóvenes que bailen, no sin decirles que él mismo, Zaratustra, cantará “una canción de baile y de burla contra el espíritu de la pesadez”; que dicen es “El señor de este mundo”.

Cabe aclarar que el mismo Cupido fue el que bailó con las muchachas.

No puedo ahondar, por los límites de espacio, en todo lo que Nietzsche juega en esa Canción de baile, por lo que solamente rescataré las dos ideas centrales que tienen que ver con la concepción trágica de la vida que sostuvo el creador de Zaratustra, el ateo.

Y para hacerlo lo citaré de nuevo.

“Hace poco he mirado, ¡oh vida!, en tus ojos, y me pareció hundirme en lo insondable”.

Después de hacer una compleja relación entre vida, sabiduría y verdad (además de él mismo), Zaratustra, en su canto, afirma con relación a las tres que:

Así están las cosas entre nosotros tres. A fondo, sólo amo la vida - ¡y, en verdad, sobre todo cuando la odio!” (p. 182).


F. Nietzsche en 1861.


De esta forma, el canto de Zaratustra, como la vida misma y como el propio texto de Así habló Zaratustra, es insondable; no obstante ello, habrá que entresacar algunas ideas directrices para intentar comprender las enseñanzas del filósofo de la angustia y leerlas desde la singularidad del mundo de ahora (para lo que nos valdremos, como ya lo dije, de algunas de las ideas de Agamben en el texto ya mencionado).

El apartado se cierra con la tristeza de Zaratustra ante la ida de las muchachas bailarinas y, todo en un tono de tristeza y melancolía del personaje (¿y de Nietzsche también?), se remata con las siguientes preguntas que involucran, precisamente, el sentido o sin sentido de la vida.

Es por ello que cito, completo, el final de este bello apartado de Así habló Zaratustra; para después enlazarlo con las reflexiones de Agamben sobre el sentido de la acción, la culpa y el gesto, como su propuesta para superar la dicotomía entre teoría y práctica y demás cuestiones relativas al pensamiento occidental.

Va, pues, el magnífico cierre de Canción de baile:

“Así cantó Zaratustra. Más cuando el baile terminó y las muchachas se habían ido, se puso triste.

“<<Ya hace tiempo que el sol se ha ocultado, dijo finalmente; la pradera está húmeda, de los bosques llega el frío.

“Algo desconocido está a  mi alrededor y mira pensativo.

¡Cómo! ¿Aún vives Zaratustra?

“¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué? ¿Hacia dónde? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿No es una necedad seguir viviendo?-

“¡Ay, amigos  míos!, el atardecer es quien así me interroga. ¡Perdonadme mi tristeza!

Ha atardecido: ¡perdonadme que haya atardecido!>>

“Así habló Zaratustra” (p. 183).


Nietzsche con Lou-Andreas Salomé y Paul Rée
(una foto irónica y paradójica,
por razones que habría que detallar en otro texto).


La vida, pues, no es de color de rosa y, en ocasiones, su negrura perturba hasta el desquiciamiento; pero, no obstante ello, Nietzsche siempre fue una gran partidario y defensor de la vida toda.

Al grado que podemos decir que su filosofía es y sigue siendo una filosofía de la vida; una filosofía para la vida.

Ello independientemente de que su propuesta, que quiere ser una respuesta a los callejones sin salida de la modernidad y su acendrado nihilismo, no esté exenta de contradicciones, como de hecho no lo está ninguna.

Y sí, como muy bien lo ve Agamben, mucho del pensamiento occidental, desde Platón hasta nuestros días, se manifiesta ambiguo con respecto a la dicotomía entre pensamiento y acción y, sobre todo, con relación a la cuestión de la voluntad y de la imputabilidad de la responsabilidad del sujeto a la hora de actuar. Estamos hablando del asunto de la soberanía del sujeto y la cuestión de la libertad; además de otras cuestiones candentes para la filosofía.

Cosas todas que Nitezsche supo entrever en su pensamiento y si no pudo resolver sus implicaciones es porque el pensar occidental se ha debatido, precisamente, en la dicotomía que establecieron Platón y Aristóteles entre teoría y práctica (salvo raras excepciones).

Todo esto es lo que analiza Agamben en el pequeño texto aquí convocado y en el que, en eso consiste su propuesta, plantea que para ir más allá de esas escisiones, es necesario poner en el centro lo siguiente: “(…) el gesto expone y contempla la sensación en la sensación, el pensamiento en el pensamiento, el arte en el arte, la palabra en  la palabra, la acción en la acción” (p. 160).

Sé que habría que hacer más mediaciones entre Nietzsche y Agamben, particularmente entre Así habló Zaratustra y Karman, pero en la medida en que este texto es un sincero al maestro de los aforismos en su 119 aniversario luctuoso, termino, provisionalmente,  con una pregunta:

¿Nietzsche era, de alguna manera consciente de todo esto, al darle a la danza y a la risa papeles tan protagónicos en su mayor obra filosófico-literaria?

Cierro aquí, dejando la pregunta abierta.


Pequeña bibliografía:

Nietzsche, Friedrich, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, Valdemar, Madrid, 2005.
Agamben, Giorgio, Karman. Breve tratado sobre la acción, la culpa y el gesto, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2018.       




J. Ignacio Mancilla.
FB: Juan Ignacio Mancilla Torres 

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]
        






    
      
      



[1] Profesor de asignatura del Departamento de Filosofía del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara en las materias del Seminario de Nietzsche y Filosofía de la Psicología.

Las negritas en el texto fueron colocadas en la edición de Cuerdas Ígneas para destacar puntos de lectura.

jueves, 22 de agosto de 2019

Luces y fuego: Hacer para vivir


¿Quién se atreve a afirmar que lo que nos gusta no nos consume, no nos da muerte placenteramente? Huyendo del trabajo no deseado, de esa oficina donde creíamos morir a cuentagotas, mientras el mundo y la vida sucedían allá afuera, planeamos renunciar y escapamos a esa otra realidad; ahora somos libres [¿existe la libertad?], pero, ¡oh, sorpresa!, hay que enfrentar también que las pasiones son llama que quema, ¿quién quisiera que las pasiones duraran eternamente?, si es esa pequeña muerte la que hace chispas, crepitando en la hoguera que somos, a veces más mansa, a veces más furiosa, otras tantas como un velo sutil que se apaga, se autocontiene, hasta que un viento, un crepitar ardiente revuelve el rescoldo y reanima aquello que casi se convertía en materia inerte, volvemos, aquí a la tierra, tierra que somos, que es nuestra, propia, finita, los fogones se apagarán algún día, mas no ahora, no en este momento, el fuego ahora es alto y alimenta nuestro sueño, nuestro llanto, el alma que no puede quemarse porque no es materia, resiste y sale avante, su esencia es ajena a esta corporalidad que nos contiene. 

No solo es hacer para no morir (en ese hacer coloco aquello que más nos gusta, que mueve las montañas de nuestra fe y nuestra existencia), sino hacer para morir bien, para que los tres minutos que dura la vida den cuenta de lo que fuimos, lo que creímos, lo que escribimos y nos escribe.


Foto: Víctor D. Magallón.

En ese tipo de escritura me encuentro y por ello el texto que hablará sobre la violencia y las mujeres, un texto que además ha sido pedido por algunas lectoras nuestras, deberá esperar un poco más para ser publicado. Porque tema tan transcendental debe ser tratado con cuidado. Puedo asegurarles que saldaré la deuda de esa escritura pendiente y que el texto que he titulado Apuntes sobre la violencia saldrá a la luz muy pronto, en este espacio ígneo que arde, consumiéndonos, que arde, con luz que alimenta nuestras vidas, y que al día de hoy no ha dejado que nos apaguemos.

Agradezco infinitamente su paciencia y sí puedo adelantarles que en mí también hay mucha rabia, y que algo habremos de hacer (y se está haciendo) para resistir en este país de muerte.



Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: @inmichel

Ciudad de México, agosto, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]











jueves, 16 de mayo de 2019

Apuntes sobre la ausencia



Para Vod [2010 - 2018], una serie de ocho notas, 
una por cada año de compañía (5/8)





Un segundo de tu vida, querida niña, pequeña maltés, es ahora una eternidad fugaz que a veces siento apagarse, así que busco velas para encenderla, recuerdos: el sonido de tu voz perruna, las mañanas cuando rascabas para entrar, el platito que aún te espera, el suéter rosa que había guardado junto a mis abrigos de invierno, las veces que bajaste corriendo las escaleras de la Escandón, el cojín rizado que de reojo una vez confundí con tu pelo chino…


Aceptar que no estás ya. Lunes fatal. Aceptar que desde ese lunes no estás. Aceptar que no estás definitivamente, certeramente, irremediablemente. Aceptar que no estás y ya. Aceptar que nadie estará en un tiempo más.

¿La vida es eso? ¿Aceptar una sucesión de pérdidas irremediables? Esa idea vuelve y vuelve. Tu pérdida es un manto gris que lo cubre todo, me he entregado a esa vista nublada en este recipiente que me contiene. Siguió la oficina igual con sus ruiditos de teclados, las voces de la ciudad continuaron y de pronto me vi sumergida en una pecera, empecé a sentirla alrededor de mí, frente a mí, encima de mí, busqué consuelo en las palabras escritas y por escribir, siquiera una sola letra que reconfortara o me otorgara un momento de tregua. Dejé el periódico en su rutina aletargada, queriendo volver a mi tarea de escribir para encontrarte y encontrarme. A decir verdad sigo un tanto perdida entre la muerte, con la muerte, tu muerte, frente a mí, sostengo la mirada ante el vacío, ante la ausencia, tu ausencia, ante la pérdida, la vida es eso, intentar sobrevivir a quienes se van, quizá intentar convertir su ausencia en fortaleza del alma, escribir, eso intento, consciente de que alguien más continuará estas letras, que el tiempo se agota para mí y para todos, que algo hay qué hacer con lo poco que tenemos, con las muchas ausencias, con las faltas que nos sumergen, con el aire que se acaba, con la imposibilidad de aceptar que las pérdidas vienen un lunes cualquiera y se estampan en los planes, calando hondo, permaneciendo siempre.

El viaje de la vida, Anvica (Flickr).


Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: @inmichel

Ciudad de México, mayo, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]








martes, 6 de noviembre de 2018

Apuntes sobre un tiempo sin tiempo


Para Vod [2010 - 2018], una serie de ocho notas, 
una por cada año de compañía (4/8)


En el sueño del sueño te encontré, matrioshka de sueños, laberinto de anhelos. Ahí, en el fondo de una capa que exploro intermitentemente, estás viva. Estás conmigo mañana tras mañana en un tiempo sin tiempo. Eres etérea, apenas alcanzo a rozarte tras muchos intentos. Lo bueno es que tus ladridos inconfundibles me confirman que eres tú y no otra. Estando dormida o despierta te reconozco al primer sonido. En el sueño del sueño me alerto, ¿qué importa cómo hemos llegado ahí? Si estamos juntas, ¿qué importa dónde? Nos miramos mucho rato a los ojos, estamos solas, están tus ojos en mis ojos-mis ojos en tus ojos, mis-sueños-en-tu-sueño... en el sueño del sueño...

¿Fue un error el Metronidazol? La muerte me interrogaba donde antes estuvieron tus ojos. Vacío, solo frío, asombro, tristeza. Me congelé en ese milisegundo donde distinguí las pupilas que alguna vez guardaron tu presencia. ¿Qué es la vida? ¿Apenas una chispa flotando entre dos nadas? ¿Apenas una décima entre un infinito que se sostiene y se sostiene y se sostiene y me sostiene y te sostuvo? Y… te sostuve abrazada, inerte…, ¿en dónde más cuerdas para sostenernos juntas?

*

No hubo redención el 16 de octubre, desperté aún culpable. Por nosotras escribo, por la memoria, por las otras pérdidas, por el significado de cada latido, por las veces que me equivoqué, ¿tú sabes cuántas fueron? Hago esfuerzos para recordar, recordarme, recordarnos. ¿Fuiste feliz en Toluca, tu primer salida? ¿Fuiste feliz en Querétaro, tu última? 11.39 hrs., no hay redención ni sosiego. La oficina sigue siendo lo que es; en la CR- V sigue el último reducto nuestro, mi refugio, la última vez que te vi atenta en la parte de atrás. Todo sigue ahí, a todo le presto atención, cada detalle tuyo y nuestro, pero la redención no aparece. Renuncio a buscarla, resisto un día más, un día más sin ti. ¿Cuántos van ya? Resisto… persisto en recordar, insisto en encontrarte, quizá en un sueño, quizá en un viaje, una vez ahí preguntarte por nosotras, una vez ahí mirarte, hablarte, reírme, volver a nuestro lenguaje, y tal vez con apenas un hilo de voz rogar por tu perdón, el cual yo sé que ya me has otorgado, tú no sabrías cómo no hacerlo…

**

En una subida del silencio volvió un poco la claridad, no sé si porque la llamé, apenas un poco para pensar en ti sin inundarme, y agradecerte. Otra poca para pensar en irme de aquí a una nueva búsqueda, igual de incierta que otras, necesaria, si de reencontrarme se trata, ahora que ya no estás, que no habrá otro hotel boutique para hospedarnos, que el pet friendly en los letreros duele. Te prometí un departamento para estar juntas, guardé tu platito y tu suéter rosa, te siguen esperando esos objetos. Si ver a otros perros me alegraba, punto de reflexión para imaginarme los paseos que daríamos, y para preguntarme cuáles parques y árboles te gustarían más, cuántos lugares por explorar, ahora solo (les) pregunto, ignorando si lo saben, si creen que fuiste feliz. La interrogante regresa de pronto, acostada sin poder dormir. Víctor cree que sí, que eras amada y consentida. Me faltó tiempo para preguntarte más cosas y compartir más viajes en la camioneta que ya sé que no te gustaba tanto, aún así subías olfateando y en pocos minutos te acomodabas entre los asientos. Me pregunto si podré venderla algún día, ahí siguen tu almohada y rastros de tus pelitos. Tu correa está en la cajita azul de la cajuela, es la otra, la que casi no usabas y cargaba de emergencia, ¿la recuerdas? Entre todo ello, tu presencia suspendida, flotando en la tapicería negra que pensaba mandar lavar y que ahora observo manejando, cuando el rabillo del ojo me engaña y cree verte acomodada justo ahí, en ese rincón tuyo, mirando expectante, lista para bajar al llegar. Nunca te gustó mucho viajar en autos, te acostumbraste de mala gana, me dije constantemente que era asunto de práctica, faltaban muchos trayectos que haríamos a pueblos y ciudades, tu recompensa al afrontar los traslados sería conocer otras calles para olisquear y muchos caminos para correr. Habría parques, fuentes, camas mullidas de hotel para destender y cientos de personas a las que ladrar…



Imagen tomada de: enalquiler.com
***

Decidí que voy a encontrarte en uno y muchos bucles, pero no en cualquiera, tienen que ser refugios donde siempre sea enero y sea siempre Querétaro, también donde seamos siempre tú y yo, debe haber sol, uno como el de las mañanas en las que gustabas de tomarlo pancita arriba…

****

También en la pequeña hormiga que vi caminando ayer sobre mi mano te encontré, sentí el impulso de soplar, me contuve; pensé que en ella también estás tú, y en cada partícula en expansión… polvo de estrellas, energía de eones transfigurada en otros cuerpos y otras vidas. Sentí cosquillas, estiré el brazo hacia donde antes estuviste sentada mientras esperaba que la hormiguita encontrara su camino. La observé unos segundos en el pañuelo que eligió para continuar su exploración. Me consoló saber que estás en cada molécula de cada objeto y ser vivo, fundida con el universo. Contemplo taciturna a este, mi momento en el tiempo, ensimismada te encuentro, brillas en los reflejos que me rodean. Cierro los ojos y me empapo de eso, ya sin dolor, cantos de pájaros, rayos se filtran a través del cristal, es tiempo de volver a la vida, ahí estarás también, aún si hoy te dejo ir para hacer una pausa en estos apuntes, para enjugarme, jugar otra vez, aunque ya no juegues conmigo, jugar a vivir, a soñar. Espérame con tu paciencia canina mientras voy (o regreso) a donde estás.




Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, noviembre, 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]