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jueves, 10 de octubre de 2019

Incluida tú



Es la fecha de caducidad -no siempre impresa- la que olvidamos con frecuencia.

Hacemos lo nuestro, pasando penas, saltando vallas, 
vamos hacia allá: el horizonte deseado.

Venimos, nos venimos, reímos, ¡qué gozo!

Saberse bella, saberse única, viva.

Volvemos del atardecer, sueños en la nevera.

Estamos vivas. Juntas, solas.

La leche de coco caducó ayer, sabe un poco agria.

El chorizo de soya huele mal, como aquel día en la cocina ajena. ¿Lo tiramos?

¡Qué pesar!, estaba casi nuevo. Lo olvidamos en la puerta del refrigerador.

Las peras se ven un poco oxidadas. Aún saben bien. 
Es hora de comerlas, mañana quizá sea tarde.


Psico/Embutidos: carnicería escénica (2014).
Foto: Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana.

Vamos por la cena, al regreso coloco la crema antiarrugas, reviso la fecha de caducidad. Sí, un mes más. 

Ya casi se acaba el tarrito azul. Tomo con la yema apenas una perla, la distribuyo en cada párpado.

Las bolsitas aún no hacen su aparición, me cuestiono el porqué si soy, sobre todo, preocupaciones. 

Quisiera saber qué he hecho bien. ¿Casi todo? Me pregunto.

Soñar y reír, amarlo a él y a mí. Hacer el amor como recetó el doctor. Tener -no siempre- ganas de vivir. Casi todo. 

En la oscuridad soltar el llanto, desear estar con mis muertos, recordarles, añorarles. 

Ellos, a veces todos, otras de uno en uno, me van diciendo secretos: estamos aquí, nunca nos vamos a ir.
[El ladrido de Vod - Los ojos del abuelo - El agüita con canela - El pelaje blanco que se adhirió a los libros y abrigos - La cocina de Fresales - Los retratos de los antepasados - Zapata gritando Tierra y Libertad - Las letras de Sor Juana] 
Ahí están. Esperan, viven, me avivan, 
reaniman mi alma que el hastío inunda. 

Cuando he pensado que no hay más qué dar, 
ha llegado una calma inusitada.

Amanece, es tan lindo como en Dawn of the Dead...


Foto: Elena m. d./Flickr.

Estamos vivas.

La fecha de caducidad (¿estará impresa?) no ha vencido.

Todo tiene fecha de caducidad 
-me obligo a recordar algunas tardes-. 

Las hojas, el papel, la despensa que hacemos el viernes. 
Solo los tarros de miel no.

Todo tiene fecha de caducidad. Los gozos, la caída, el enojo. 
El barniz se va cayendo de mis uñas, el atardecer llega lentamente. 
Los muertos, la mañana, el cacao, sentir, pensar.

El compás del reloj se comunica con el tictac del pecho: 
tic tac, tic tac...

Todo tiene fecha de caducidad.

Incluida tú.



Inés M. Michel.

Ciudad de México, octubre, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]










viernes, 20 de septiembre de 2019

Certezas en tiempos de incertidumbre


Parte I


Para mi abuela Josefina,
ejemplo de vida y resistencia



Cada vez estoy menos segura de aquellas certezas que creí sólidas. Eso sí, me aferro con las uñas a ciertos ideales políticos personales, propios…

Cada sueño se ha ido cumpliendo, y por eso agradezco, sin rezos. Estoy orgullosa de mis esfuerzos, de mis lágrimas, mis muertxs, mi sed por las mañanas, mi ansiedad por las noches (¿amanecerá otra vez o la larga noche por fin se asentará en nosotras cubriéndonos con su cálido manto?), mi rabia, mis amados seres, esas almas que me habitan, me acompañan, me pueblan, me inyectan aliento y ganas, incluso allí donde el silencio se posa; el desasosiego que nunca se aleja disminuye con estas presencias luminosas y tremendas.

Cada paso resuena, son ellas, presencias de carne, sal y humo, su eco se escucha lejano cuando me abrumo, cercano cuando respiro.

Cada palabra, cada una de sus palabras sin decir y también las dichas, me acompaña, me recompone; otras palabras que suenan a cristal afuera en la jungla me resquebrajan, por momentos me voy con esa idea a casa, de que soy la más frágil y vulnerable, incapaz de lidiar con las batallas cotidianas, con la gente que pulula y me mira. 

[Pausa para respirar]



Vivo. Mis nombres me acompañan, sus nombres, como el de mi abuela que siempre se presentó como Josefina Díaz viuda de Michel, a sus órdenes.

Entonces… Inés M. Michel, respondo y firmo, porque llevar el apellido materno -paterno para mi madre-, es también una decisión política.


P. D. La segunda parte llega el próximo 26 de septiembre, en una secuencia atípica para Cuerdas (normalmente intercalamos autoría papá y yo) pues mi texto lo exige así esta vez.




Inés M. Michel.

Ciudad de México, septiembre, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]










jueves, 22 de agosto de 2019

Luces y fuego: Hacer para vivir


¿Quién se atreve a afirmar que lo que nos gusta no nos consume, no nos da muerte placenteramente? Huyendo del trabajo no deseado, de esa oficina donde creíamos morir a cuentagotas, mientras el mundo y la vida sucedían allá afuera, planeamos renunciar y escapamos a esa otra realidad; ahora somos libres [¿existe la libertad?], pero, ¡oh, sorpresa!, hay que enfrentar también que las pasiones son llama que quema, ¿quién quisiera que las pasiones duraran eternamente?, si es esa pequeña muerte la que hace chispas, crepitando en la hoguera que somos, a veces más mansa, a veces más furiosa, otras tantas como un velo sutil que se apaga, se autocontiene, hasta que un viento, un crepitar ardiente revuelve el rescoldo y reanima aquello que casi se convertía en materia inerte, volvemos, aquí a la tierra, tierra que somos, que es nuestra, propia, finita, los fogones se apagarán algún día, mas no ahora, no en este momento, el fuego ahora es alto y alimenta nuestro sueño, nuestro llanto, el alma que no puede quemarse porque no es materia, resiste y sale avante, su esencia es ajena a esta corporalidad que nos contiene. 

No solo es hacer para no morir (en ese hacer coloco aquello que más nos gusta, que mueve las montañas de nuestra fe y nuestra existencia), sino hacer para morir bien, para que los tres minutos que dura la vida den cuenta de lo que fuimos, lo que creímos, lo que escribimos y nos escribe.


Foto: Víctor D. Magallón.

En ese tipo de escritura me encuentro y por ello el texto que hablará sobre la violencia y las mujeres, un texto que además ha sido pedido por algunas lectoras nuestras, deberá esperar un poco más para ser publicado. Porque tema tan transcendental debe ser tratado con cuidado. Puedo asegurarles que saldaré la deuda de esa escritura pendiente y que el texto que he titulado Apuntes sobre la violencia saldrá a la luz muy pronto, en este espacio ígneo que arde, consumiéndonos, que arde, con luz que alimenta nuestras vidas, y que al día de hoy no ha dejado que nos apaguemos.

Agradezco infinitamente su paciencia y sí puedo adelantarles que en mí también hay mucha rabia, y que algo habremos de hacer (y se está haciendo) para resistir en este país de muerte.



Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: @inmichel

Ciudad de México, agosto, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]











jueves, 8 de agosto de 2019

Acerca del 'tempo'



En la música como en la vida mucho es acerca del tempo, condenado tempo, que tantas veces nos aleja/nos acerca de personas, lugares, situaciones.

But every beat is a violent noise…

[Sugerencia musical para continuar la lectura]



Cada cual a su tempo, podrá sentir que se atrasa o se adelanta respecto a la pareja, las amistades, la familia, el mundo. Esta comparación solo es posible hacerla cuando se tiene un punto de referencia, ahí la clave: ¿respecto a qué, respecto a quién creemos que no vamos a tiempo?

Were you rushing or were you dragging?




La mejor respuesta para la vida cotidiana y para aliviar la crisis existencial que (nos) me llega es que NO vamos a destiempo, vamos cada quien a su tempo, a su propio tiempo, con sus propios compases, en su particular ritmo.

Partiendo de ahí se aligeran algunos pesos, ¿los suficientes? Esperemos que sí.

[¿Por qué no he comprado mi propio departamento, ¿por qué tarda tanto esta mudanza -continua- Guadalajara-México, una progresión donde cada tanto regreso a mi tierra a cargar y llevar pedacitos de hogar, de alma, de un lado para otro?, ¿por qué no he logrado alistar las últimas correcciones de mi libro?]


Fotograma de Whiplash (d./g. Damien Chazelle, EU, 2014).

Es justo decir que en esa multiplicidad de tiempos humanos podemos perdernos; también existe la posibilidad de salir avante, un camino es asumir que yo voy a mi tiempo -y tú-, que las prisas pueden resultar en detrimento de nuestro ritmo, que solo tenemos prisa cuando vamos caminando respecto a alguien más, o algo más, sobre todo en este sistema que ha hecho de la precariedad la regla: corriendo para alcanzar el camión, corriendo para evitar el embotellamiento de las 8 a. m., corriendo para no desperdiciar la hora de la comida en la oficina, esa hora que nos permite por sesenta minutos salir de la rutina; entonces no hay tiempo de comer, de disfrutar, solo hay espacio para engullir y masticar; corriendo para volver a casa y acostar a los niños y niñas, besar al marido, a la compañera, a la pareja (a veces ni el beso ocurre, ya no digamos el amor), porque hay que dormir para que al día siguiente corramos de nuevo.

El sistema, el mundo, la economía, están sumergidos en un problema estructural donde todo lo que sustenta nuestra vida apunta a esa inmediatez y a esa carencia, auxiliada por los acontecimientos -trágicos- que se suscitan sin parar alrededor del globo. Siempre hay algo pendiente, algo que resolver, algo que explotó (nos explota la cabeza con las noticias, los tiroteos, las huelgas, los huracanes), siempre un hecho al minuto siguiente, al instante siguiente, que acapara titulares y atención de la opinión pública y es tendencia en Twitter, un hecho detrás de otro en un remolino sin final de tragedias, opiniones, insultos, todo sin aparente fin ni solución (¿y lo bello?, ¿y la calma?, ¿y la tempestad que amaina?). Instagram, Snapchat, WhatsApp, Facebook, Tinder, una red de instantes por millares, otro, otro, otro, otra imagen, otro tuit, otro carácter formado dando paso al siguiente y al siguiente…


Fotograma de Whiplash (d./g.  Damien Chazelle, EU, 2014).

Intercaladamente la comida, la preparación de la ropa limpia para salir al trabajo se suceden en mañanas que engullen al hoy y dejan un sabor a perpetuidad de que mañana (otro mañana) será mejor, aunque quién sabe, ese mañana prometido no llega, pues hay que hacer lo que no alcanzamos a hacer hoy: lavar, ir al mercado, arreglar el carro, levantarse e ir al gym (mañana quizá pueda pensar en el sinsentido de todo esto que se sucede sin control), [stop!] ¿es posible parar y apartarse a un lado a observar?, bajar el beat,
[but every beat is a violent noise] cualquier día: te detienes, te bajas del coche, caminas tu ciudad, respiras (aire que ya casi en ningún lugar citadino es fresco) y piensas: ¿dónde estuve ayer y antier? (todos esos ayeres y antieres), ¿comí o engullí? ¿amé, perdí?, ¿dónde puse los sueños en pausa que esperaban todavía ayer en la congeladora cuando les prometí que volvería pronto de mi viaje en metro, ese que me lleva a ganarme la vida? Todo sigue ahí, está vigente, ese tiempo primigenio, esa manera de pensar no está del todo perdida -la mía, la tuya, la personal-, podría ser cercana a la de la infancia -ese modo de ser sin apresurarse, de disfrutar sin autocensurarnos, de tomar-se EL tiempo-. 

La vida se va, se está yendo en presente continuo, no es que se vaya a cuentagotas sino a raudales, aquí estamos en ese torrente de vida -de muerte-, ¿vale la pena? ¡Vale la pena! Vale detener el tiempo y asumir nuestro propio tempo.

'Cause morning rolls around
And it's another day of sun...


[Sugerencia musical para finalizar la lectura e irnos a disfrutar otro día de sol]





Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: @inmichel

Ciudad de México, agosto, 2019.

 [Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]









martes, 6 de noviembre de 2018

Apuntes sobre un tiempo sin tiempo


Para Vod [2010 - 2018], una serie de ocho notas, 
una por cada año de compañía (4/8)


En el sueño del sueño te encontré, matrioshka de sueños, laberinto de anhelos. Ahí, en el fondo de una capa que exploro intermitentemente, estás viva. Estás conmigo mañana tras mañana en un tiempo sin tiempo. Eres etérea, apenas alcanzo a rozarte tras muchos intentos. Lo bueno es que tus ladridos inconfundibles me confirman que eres tú y no otra. Estando dormida o despierta te reconozco al primer sonido. En el sueño del sueño me alerto, ¿qué importa cómo hemos llegado ahí? Si estamos juntas, ¿qué importa dónde? Nos miramos mucho rato a los ojos, estamos solas, están tus ojos en mis ojos-mis ojos en tus ojos, mis-sueños-en-tu-sueño... en el sueño del sueño...

¿Fue un error el Metronidazol? La muerte me interrogaba donde antes estuvieron tus ojos. Vacío, solo frío, asombro, tristeza. Me congelé en ese milisegundo donde distinguí las pupilas que alguna vez guardaron tu presencia. ¿Qué es la vida? ¿Apenas una chispa flotando entre dos nadas? ¿Apenas una décima entre un infinito que se sostiene y se sostiene y se sostiene y me sostiene y te sostuvo? Y… te sostuve abrazada, inerte…, ¿en dónde más cuerdas para sostenernos juntas?

*

No hubo redención el 16 de octubre, desperté aún culpable. Por nosotras escribo, por la memoria, por las otras pérdidas, por el significado de cada latido, por las veces que me equivoqué, ¿tú sabes cuántas fueron? Hago esfuerzos para recordar, recordarme, recordarnos. ¿Fuiste feliz en Toluca, tu primer salida? ¿Fuiste feliz en Querétaro, tu última? 11.39 hrs., no hay redención ni sosiego. La oficina sigue siendo lo que es; en la CR- V sigue el último reducto nuestro, mi refugio, la última vez que te vi atenta en la parte de atrás. Todo sigue ahí, a todo le presto atención, cada detalle tuyo y nuestro, pero la redención no aparece. Renuncio a buscarla, resisto un día más, un día más sin ti. ¿Cuántos van ya? Resisto… persisto en recordar, insisto en encontrarte, quizá en un sueño, quizá en un viaje, una vez ahí preguntarte por nosotras, una vez ahí mirarte, hablarte, reírme, volver a nuestro lenguaje, y tal vez con apenas un hilo de voz rogar por tu perdón, el cual yo sé que ya me has otorgado, tú no sabrías cómo no hacerlo…

**

En una subida del silencio volvió un poco la claridad, no sé si porque la llamé, apenas un poco para pensar en ti sin inundarme, y agradecerte. Otra poca para pensar en irme de aquí a una nueva búsqueda, igual de incierta que otras, necesaria, si de reencontrarme se trata, ahora que ya no estás, que no habrá otro hotel boutique para hospedarnos, que el pet friendly en los letreros duele. Te prometí un departamento para estar juntas, guardé tu platito y tu suéter rosa, te siguen esperando esos objetos. Si ver a otros perros me alegraba, punto de reflexión para imaginarme los paseos que daríamos, y para preguntarme cuáles parques y árboles te gustarían más, cuántos lugares por explorar, ahora solo (les) pregunto, ignorando si lo saben, si creen que fuiste feliz. La interrogante regresa de pronto, acostada sin poder dormir. Víctor cree que sí, que eras amada y consentida. Me faltó tiempo para preguntarte más cosas y compartir más viajes en la camioneta que ya sé que no te gustaba tanto, aún así subías olfateando y en pocos minutos te acomodabas entre los asientos. Me pregunto si podré venderla algún día, ahí siguen tu almohada y rastros de tus pelitos. Tu correa está en la cajita azul de la cajuela, es la otra, la que casi no usabas y cargaba de emergencia, ¿la recuerdas? Entre todo ello, tu presencia suspendida, flotando en la tapicería negra que pensaba mandar lavar y que ahora observo manejando, cuando el rabillo del ojo me engaña y cree verte acomodada justo ahí, en ese rincón tuyo, mirando expectante, lista para bajar al llegar. Nunca te gustó mucho viajar en autos, te acostumbraste de mala gana, me dije constantemente que era asunto de práctica, faltaban muchos trayectos que haríamos a pueblos y ciudades, tu recompensa al afrontar los traslados sería conocer otras calles para olisquear y muchos caminos para correr. Habría parques, fuentes, camas mullidas de hotel para destender y cientos de personas a las que ladrar…



Imagen tomada de: enalquiler.com
***

Decidí que voy a encontrarte en uno y muchos bucles, pero no en cualquiera, tienen que ser refugios donde siempre sea enero y sea siempre Querétaro, también donde seamos siempre tú y yo, debe haber sol, uno como el de las mañanas en las que gustabas de tomarlo pancita arriba…

****

También en la pequeña hormiga que vi caminando ayer sobre mi mano te encontré, sentí el impulso de soplar, me contuve; pensé que en ella también estás tú, y en cada partícula en expansión… polvo de estrellas, energía de eones transfigurada en otros cuerpos y otras vidas. Sentí cosquillas, estiré el brazo hacia donde antes estuviste sentada mientras esperaba que la hormiguita encontrara su camino. La observé unos segundos en el pañuelo que eligió para continuar su exploración. Me consoló saber que estás en cada molécula de cada objeto y ser vivo, fundida con el universo. Contemplo taciturna a este, mi momento en el tiempo, ensimismada te encuentro, brillas en los reflejos que me rodean. Cierro los ojos y me empapo de eso, ya sin dolor, cantos de pájaros, rayos se filtran a través del cristal, es tiempo de volver a la vida, ahí estarás también, aún si hoy te dejo ir para hacer una pausa en estos apuntes, para enjugarme, jugar otra vez, aunque ya no juegues conmigo, jugar a vivir, a soñar. Espérame con tu paciencia canina mientras voy (o regreso) a donde estás.




Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, noviembre, 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]







martes, 25 de septiembre de 2018

En lo fugaz, lo eterno



Vod: 

Gracias por ocho años, insuficientes, 
como es siempre el tiempo que se comparte con quienes amamos. 

Tus ojos se apagaron antes, mucho antes de lo que hubiera imaginado, los meses que nos separaban temporalmente hoy se convierten en una barrera infranqueable, por momentos insoportable, con la promesa de nuestro reencuentro atorada en el infinito que nos separó definitivamente ayer cuando a quinientos kilómetros de distancia supe de tu partida. 

Te escribo en la ciudad que ambas nacimos y crecimos, a donde volé apenas saber que te habías ido porque necesitaba verte y tocar tu pelo, necesitaba preparar tu entierro, tu ofrenda, tus flores, tu despedida. Ahora, bajo la luz blanca e inclemente del Aeropuerto Miguel Hidalgo, me preparo para volver a donde creí que regresarías conmigo, así los sucesos que llegan a cambiarlo todo, a descolocarnos. A unos minutos de abordar el vuelo, dejo aquí constancia de tu paso por la vida, en este espacio que es tan mío.

Gracias por ocho años, indelebles, 
que permanecerán con nosotras hasta el último aliento...


Vodka (2010 - 2018).



Inés.

Guadalajara, 25 de septiembre de 2018.


martes, 28 de agosto de 2018

Miedos de una niña que es (ya) adulta



Queridxs lectores: Este último martes de agosto abrimos las puertas de nuestro espacio a una publicación muy especial. Se trata de un texto de mi hermana, Isabel, quien ha decidido enfrentrarse a las letras y plasmar una reflexión que no nos será ajena a quienes somos adultos jóvenes en una época precaria y llena de incertidumbre. Cada quien recorre su propio camino y va adquiriendo sus propias certezas a su manera, vamos creciendo y afrontando lo mejor que podemos los retos que la vida nos impone. Con todo, creo que vale la pena explorar ese recorrido, uno que sea nuestro y en el que sintamos la confianza de poder equivocarnos, reconfigurarnos y avanzar. Como siempre, deseo que las letras nos acompañen e iluminen nuestro andar.

Inés M. Michel.

I. M. Lara


Ser adulto… un lujo obligado que me da temor afrontar.

Soy una chica de 21 años que, emocionalmente, se siente como de 11; estoy aquí, sentada en mi sala a las 10:30 de la noche, en penumbras, porque no hay luz desde ayer, jueves, 23 de agosto.

Y aquí, sentada, la cabeza me da mil vueltas, porque tengo muchos sobresaltos que no tocaron la puerta  y solo entraron a mi vida. Pavores de adulta, terrores de niña.

Asombros de niña como el hecho de que, a mis 21 años, me sigue dando pánico la oscuridad.

Cobardías de adulta que me atormentan… ¿cómo voy a hacerle para mantenerme en un mundo dónde la vida misma es un lujo? ¿Para comprar una casa? ¿Para terminar mis estudios?

Sentada aquí, pensando en mi pasado y en mi futuro; arrellanada aquí, en una penumbra irónica porque cortaron la luz de mi casa por no liquidarla, por no poder pagarla.


Foto: I. M. Lara.

Mi madre gana $4, 100.00 pesos al mes, tiene ya más de 60 años y se quiere jubilar, pero no puede. No puede porque hay muchas cosas que pagar (como la luz) y su salario no alcanza. Porque tiene una adulta niña a la cual cuidar.

Y yo aquí, a mis 21 años, con un recién encontrado trabajo que es muy bueno teniendo en cuenta el salario mínimo de México, pero muy malo si mis preocupaciones son no poder mantenerme yo sola; pagar comida, pasajes, otras necesidades básicas y, además, pagar la luz.

En un mundo donde más que vivir sobrevivimos, con lo que tenemos y podemos y nuestro único consuelo es decir: “pues ni modo, es lo que nos tocó”; y no porque no aspiremos a más, sino porque, simplemente, a veces la oportunidad no se presenta o las que hay (nos) son arrebatadas.

Así, llena de miedos, estoy sentada en la penumbra, donde la oscuridad (la vida misma) me obliga, por supuesto, a enfrentarlos. 



I. M. Lara.


martes, 29 de mayo de 2018

Vivir resistiendo



Inés M. Michel*






“Dolores: What is real?


Bernard: That which is irreplaceable.”



— Dolores Abernathy y Bernard Lowe, 
Westworld (Segunda temporada).




¿Qué nos hace amar la vida? 

Caminando por el sendero de nuestro vivir nos encontramos con alegrías y penas. Algunos creen que son mucho más las penas que las alegrías, más abundantes los tragos amargos que los momentos de dicha. Es posible que así sea. Esta vez mi reflexión va en torno a aquellos detalles, significativos e irreemplazables, que nos hacen amar y valorar nuestro paso por esta realidad. 

Lo que nos mantiene aquí, aún con la vorágine de sinsabores e infortunios, lo que nos hace detenernos y respirar, no siempre lo tenemos tan claro. Coincidiremos en nombrar personas que nos resultan indispensables, quizá tardaremos un poco más en evocar aquellas sensaciones y momentos que nos traen de lleno a la vida; puede ser un aroma en particular que nos emociona o nos conmueve, una comida que nos inunda de recuerdos y nos lleva a viajar al pasado o, un simple instante de tranquilidad tras una ventana que nos lleva a admirar una puesta de sol. La belleza en el mundo está a la vuelta de la esquina, a pesar de la tragedia. 

En estos días negros que vivimos, pienso en las jornadas violentas acontecidas en Guadalajara el día hoy así como en días pasados, tendré que insistir en algo que ya había hecho público vía redes sociales hace unos años cuando se vivieron narcobloqueos en mi ciudad natal, según recuerdo por primera ocasión en la historia de la localidad (2014); no creo que debamos renunciar a nuestros espacios públicos, nuestras calles, nuestras vidas... Vivir, en estos tiempos que corren, es hacer frente a cada acto de muerte del que somos testigos, es también vivir con cada desaparecidx y asesinadx a nuestro lado, recordándonos que a ellos no se les permitió seguir aquí, y que el mundo es tremendamente injusto con esas vidas que fueron arrancadas sin razón válida. Aún con todo eso, ¿vale la pena seguir? Hoy me atrevo a afirmar que sí, sobre todo por aquellos que no pueden ya decirlo, quiero pensar que vivir en un mundo como este, y disfrutar de la vida, es ya en sí mismo un acto de resistencia (también de valentía). 

Negarnos a dejar nuestras vidas de lado con todo y el horror que se nos viene encima cada día, y además reafirmarnos en nuestras pasiones y gusto por vivir, sintiendo una brisa fresca en un atardecer cualquiera, cerrando los ojos para que nos llene el olor de la persona amada, deteniéndonos un momento en nuestro andar para ver la belleza que el mundo pone frente a nuestros ojos y que está ahí, resistiendo aún en la oscuridad más densa, es una estrategia que puede permitirnos continuar. Será en ese continuar que nuestra vida misma se convertirá en un homenaje para todos aquellos que se han ido y que deberían estar aquí. 



Fotograma de A Ghost Story (D. Lowery, EU, 2017).


No podemos cambiar todo aquello que es injusto en el mundo, pero sí hacernos de un hueco en él, donde vivamos intensamente, amando la vida y luchando por ella. La batalla no está perdida si podemos encontrar en cada uno de nosotros, y los que nos rodean, aquello irremplazable, aquello que no puede ser intercambiado por dinero (ese bien que han erigido como máximo), todo lo que es único y que vale la pena defender a toda costa de la lógica que impera en nuestros días, donde la vida, quieren hacernos creer, es lo menos importante.






Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, mayo de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]











martes, 1 de mayo de 2018

Escribir en llamas



Inés M. Michel*




Quizá coincidirán conmigo en que escribir es una vía para transitar ese "arder en preguntas" que resulta ser la vida. Se escribe porque se está en llamas y porque en ese consumirnos crepitamos junto a las letras que somos, que pretendemos ser.

Hace una semana, en la publicación por nuestro tercer aniversario, apareció un comentario que apeló a la capacidad de la escritura, y concretamente aquella que ha ido formándose en este proyecto ígneo, de encender ideas, mentes, recuerdos y posibilidades. Judith Valadez, una lectora recurrente de nuestro blog, nos dejó una felicitación por el año tres de publicaciones, a la par que reflexionó con ella misma y con nosotros sobre algunos de los tópicos expuestos y cómo la movieron y la confrontaron.

Resulta que aunque pudiera parecer en ocasiones que el ejercicio de escritura es una labor aislada y desconectada de los demás, es todo lo contrario, escribir es construir y reconstruirnos junto a quienes nos leen, es encontrar palabras de consuelo, es tender puentes, cuerdas... ígneas, que nos abrasan y nos abrazan también.

Recorriendo el camino que Judith rememoró al hacer un repaso por los textos que tenía en mente, el cual abarcó una temporalidad muy amplia, pues citó entradas desde 2015,  encontré mis intereses y palabras extendidas en un ancho panorama, reafirmándome que lo que fui pensando no solo es mío, ahora es parte de un encuentro entre nosotros y los lectores, lectoras, que acudieron a los textos, llevándose un poco de ellos, completándolos, haciendo cada quien algo diferente con lo que ahí se expuso.

Me alegra y me reconforta encontrarme cara a cara (letra a letra) con quienes me leyeron, me leen. Por ello, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer ampliamente a Judith, quien se ha acercado a mí en diferentes ocasiones, ya sea por medio de mis redes personales o en este mismo espacio, para comentarme lo que pensó después de leerme y seguir mis textos, testimonios que han sido plasmados aquí no sin dificultad, no sin consumirme de a poco. Asimismo en ese consumirse revivir.

Quedan las preguntas entre nosotrxs, la intención nunca fue contestarlas todas ni responder tajantemente las interrogantes que van surgiendo, a lo que apelo es al diálogo, interno primero, que me permite esbozar lo que pienso, lo que soy, para después convertirse en un diálogo conjunto con cada una de las personas que intervienen en Cuerdas Ígneas, mi papá, así como cada lector y lectora.

Las llamas que me envuelven son parte medular de esta escritura, me consumen, me dan vida, son lo que posibilita salir avante cada que el mundo se oscurece (y esto sucede muy seguido últimamente con todo lo que está aconteciendo en México), están ahí para ser motor a la par que testigos de lo que las entrañas gritan y la mano se encarga de poner en papel.

Las letras se forman en la magma que nos habita, así que gracias nuevamente a Judith. El agradecimiento es extensivo a todxs los lectores, por los comentarios vertidos y por cada idea surgida a partir de ellos.








Inés M. Michel.
@inesmmichel
I: inmichel

Ciudad de México, mayo de 2018.

 *[Atea, vegana, feminista,
lectora irredenta,
a la espera del apocalipsis zombi
que dará sentido a mi existencia.]